sábado, 29 de agosto de 2015



TERCERA SALIDA:

ÚLTIMO DESEO TIERRA DEL FUEGO PUNTA DE ARENAS

 

Caminando, caminando recorrí todo Colombia con esa camiseta. Hubo una cosa que pasó ahí, claro que yo no es que me aferre a pensar en eso, que el movimiento cívico, yo no se si sería sólo que oí esa noticias o que, que hubo una vez un presidente que ganó,  y subieron otros, que había ganado un presidente del movimiento cívico, cuando existió que el movimiento cívico aquí en Colombia, ¿no lo oyó? En ese tiempo hice yo eso con esa camiseta, y también me fui para el Ecuador, empecé a caminar por el Ecuador, me fui para Suramérica y dije, voy a pedir el último deseo en esta camiseta, tenía la misma camiseta, entonces le puse: "ultimo deseo Tierra del Fuego Punta de Arenas". Entonces empecé a caminar.

 

Bueno, yo cogí la camiseta y me fui yendo con la camiseta “Camacho presidente”. A la salida de Cali había un reten, y llegaba ahí a buscar para irme, para buscar carro que me llevara, y me fui yendo, lo que yo siempre cargaba, yo no cargaba documentos, porque en primer lugar no tenía cedula y en segundo lugar yo no sabía bien las cosas de documentación, y yo lo que cargaba era la Biblia y un almanaque mundial, era lo que yo cargaba, entonces yo cogí el maletincito y llegué al retén y estuve bastante tiempo, pero yo desde que salí de la casa yo quería, es que yo quería llegar a tierra del fuego y no había podido llegar, entonces yo quería llegar a tierra del fuego, yo quería llegar allá, a punta de arenas, o quisiera saber qué es eso, si es por ejemplo ese, como una islita eso ahí, no se como será eso, y aprender un poquito de esa vaina que yo no se donde queda eso de las Bermudas, si es por ahí o qué, yo siempre pensaba será por eso o qué, bueno, yo quería llegar allá, a tierra del fuego. Entonces me puse la camiseta y me fui.

 

Llegué a Pasto, eh, yo no me acuerdo bien como cruce esa frontera de Tulcán, no me puedo acordar, es que esa frontera es duro cruzarla, pero yo no me recuerdo bien como la crucé. Bueno, estuve en Quito, de Quito pase a Guayaquil (3), de Guayaquil pasé a Machala.  En Machala hay una ciudad que se llama Puerto Bolívar, y estuve embarcando banano en dos buques y dormía en la casa de un fuerte de la policía, él me había dado arriendo ahí, le pagaba arriendo, y pescaba con una lanchita, yo me iba a pescar con otro muchacho. Primero a mí me detuvieron allá en Simón Bolívar y me soltaron, estuve como un día detenido, luego me soltaron y ahí conseguí arriendo con ese señor, ahí vivía con él y trabaja en los buques, y andaba por ahí… no me volvieron a pedir papeles para nada, yo me encontraba con la policía y nada. (1)

 

Como le cuento, ahí me detuvieron, me detuvo la policía del Ecuador, me metieron a la cárcel, con un poco de gente ahí, me acuerdo que a la parte de acá había una celda que estaba vacía y eso parecía que como que allá llegaban esos soldados y se metían allá con mujeres y toda esa cosa ahí, al otra día  fue que me pusieron como a limpiar esa celda, o yo no sé, en todo caso yo pasé a esa celda y ahí tenían un cartoncito —se sonríe—, claro yo no se…, bueno, ahí me detuvieron de uno a dos días, y ahí un soldado me dijo que me fuera con un señor que era como uno de los que mandaba allá, un sargento o no sé qué, que él alquilaba piezas allá, entonces en este camino fue que yo pedí  el último deseo, entonces sí ahí me alquilaron una pieza, yo tenía una lanchita y le puse el nombre de Mayoma, que es un disco que sacó Fruco, yo salía en esa canoita a pescar con un muchacho pa el mar adentro, yo la conseguí pescando con un señor, bueno, ahí me estuve tiempito, como unos ocho días.

 

De ahí ya cogí yo camino otra vez para adelante, cuando a mi me entraron adelante, bueno, había un cuartel del ejercito, me detuvieron ahí en ese cuartel del ejercito, me metieron para allá, esos soldados se veían de mal genio, pero ellos siempre lo devuelven a uno, y me preguntaba que para que me iba, que por qué me iba, que yo no tenía por qué irme y que no se qué y no cuantas, entonces, salieron y se fueron y me dejaron ahí, yo no me acuerdo, bueno ahí en la puerta me dejó el tipo y yo salí y cogí camino hacia Guaquillas, adelante había un retén, en  ese retén me requisaron y toda esa vaina, pero ahí en ese retén no me pidieron papeles ni nada de esas cosas, ya estaba de noche, me dejaron ir, ya llegué a guaquillas y allí dormí en una casa, entonces al otro día yo iba a pasar por la frontera, acá queda la frontera del ecuador que es guaquillas y al otro lado queda la frontera del Perú que es Aguas Verdes.

 

Yo no me quitaba esa camiseta, seguí, llegué a Waquillas, y en Waquillas no me dejaron pasar la frontera para el Perú, de ahí pasaba a Aguas Verdes, y no me dejaron pasar, sino que me devolvieron, pero no me detuvieron, a pesar de que ya estaba en la frontera del lado de allá, es la frontera del Ecuador pero del lado de allá, la frontera de acá es Tulcán, entonces me devolví, me tiré por el desierto y pase por el desierto. Yo iba a pasar por ahí cuando me salió un muchacho, que no se vaya por ahí, que vámonos por el desierto, que por ahí lo detienen y lo devuelven que no se qué, y claro yo vi que la cosa estaba mejor, tirarse uno por acá que irse a enfrentar con esa gente allá. Ese muchacho era de esa gente que se mantiene en la frontera, que viven comerciando con sucres y soles, compran soles y los cambias por sucres, comprar sucres y los cambian por soles, ellos viven de eso ahí, el que necesita sucres le venden sucres, el que necesita soles le venden soles, ese comercio existe en casi todas las fronteras. Bueno, entonces, pero.. haber, yo creo que cuando yo salí de ese cuartel, que me dio por ponerle… “último deseo tierra del fuego punta de arenas”, ya de ahí esa letrica… la puse a un lado del otro letrero, yo busque como ponerle algo más emotivo, bueno, ya crucé y adelante eso me pareció muy raro, y al suceder del camino yo creo que fue algo que me dijo ese señor que así fue. Me encontré un señor en el camino, ya el otro tipo me había dejado, y ese señor o un muchacho casi, y ese señor me dijo “usted ha quedado en libertad en el Perú, usted puede cruzar la frontera”, y a mí en el Perú no me molestó nadie, yo estuve hasta manejando carro en el Perú. En el camino me paró un camión que venía cargado de Medellín con juguetes de Búfalo, iba para Lima y adelante en Trujillo la libertad me acuerdo que encontramos, yo hasta pensé que nos iban a requisar ahí, porque eso era un comando del ejercito, pues, una cantidad de carros y tanques y cosas, bueno, todos esos armamentos que tiene el ejercito, cañones, pues, todas esas cosas, el ejercito peruano, eso ahí es un puente, todo eso estaba lleno de militares, pero nosotros pasamos y no nos dijeron nada, absolutamente nada, entonces seguimos hacia Lima.

Ya llegué a Lima yo me estuve por ahí andando, a la salida de Lima, poniéndole la mano a un carro, a otro carro, a otro carro, hasta que adelante me paró ese señor que le digo, el del Fíat, para dónde va?, yo voy para Chile, pero me hace el favor y me lleva para más adelante, súbase, y en ese camión nos fuimos hasta Arequipa, y en estos días que estuve transportando a unos peruanos, en el taxi, y hablamos de eso, aquí en Medellín, los recogí en la minorista, que coño, que no se qué, y entonces yo pensé que eran costeños, cuando me van diciendo que vos no  conocés el Perú, y yo les dije cómo no voy a conocer el Perú, y ahí fue donde entonces me puse a hablar con ellos acerca de Arequipa, yo no me acordaba del nombre de ese volcán, el Mixtin, ellos fueron los que me dijeron el nombre de ese volcán, yo si lo sabía, pero ya se me había olvidao, bueno, ellos hasta dijeron que la ciudad que la ciudad…, porque yo les dije, yo estoy acá en una loma y allá al frente Miraflores, creo que fue que me dijeron ellos, se llamaba la ciudad esa, allá quedaba el Mixtin, y de allá se ve un señor acostao, un indio, es como el cráter de ese volcán es como ver una persona acostada, un gigante acostao, así es, entonces dicen que un indio que murió allá y se quedó ahí, pero uno para subir ese volcán es una arena que lo devuelve a uno, lo devuelve a uno, la primera vez pasé por ahí y fue la otra vez por acá por Oruro para seguir a Puno, y esta vez ya se tira uno por acá para seguir pa Taena, eso días había ido el presidente por allá a Arequipa, Morales, Morales Bermúdez, allá a arequipa.

 

En Arequipa me puse a andar esa noche que llegué por ahí hasta que, en Arequipa hay un volcán que tiene un indio por encima, es como (fin casete I).

 

Entonces esa noche que llegué yo allá en el camión encontré un muchacho que tenía una chaqueta, andaba con la novia, como eso es tan frío, él dizque estaba en universidad haciendo su carrera y la hermanita estaba haciendo carrera también se quería meter de monja y en la chaqueta se había dibujao una lengua, en la chaqueta acá, una lengua así, entonces el cantaba mucho esa canción, yo siempre que escucho esa canción me recuerdo de ese muchacho, porque el cantaba mucho esa canción que dice “quién es, qué hace aquí, tan extraña nunca vi, pero quién es, que hace aquí, más bonita nunca vi” y así, “tan negra como un carbón” —se ríe—, el cantaba mucho, mucho esa canción, le gustaba mucho, yo no sé… y, entonces, yo, la muchacha era muy bonita, era una monita ella con unos ojitos lo más de lindos (4), y yo no sé, yo dormía aquí y ella dormía acá al otro lado, ahí junticos, a mi me parecía muy raro, muy extraño eso, que yo digo pues, como es que una persona que no conoce y le dan de dormir…, tal vez que me hubieran acostao con el muchacho, no cierto, sería más pasante, pero con la muchacha, siempre le daba a uno, cierto, siempre le daba qué pensar, bueno, y yo por las noches, y ella me decía…, yo hice un viaje con el señor en el Fíat, el gmc, el gmc era un carrito mas viejito, y el otro era el Fíat yo me iba con él a Lima , y en todo el camino que hicimos a Lima nadie me detuvo, nadie, a nosotros nos paraba  el transito, y conversaban con él, y seguía sin problemas, yo no llevaba papeles, bueno entonces ya un día dije, en ese entonces estaba Isabel Martínez, y ya estaba Isabel Martínez de Perón en la Argentina, ya era la que gobernaba era ella, bueno, entonces yo ya dije, no, me voy, y  ya que el presidente Morales Bermúdez había pasao pa Tanda, entonces yo por eso me retracé unos días para no ir, porque yo decía, si está el presidente allá, eso se va a volver un enredo, entonces yo me retracé un poquito, bueno, cogí y salí, precisamente lo que la muchacha me contaba era que ella estaba estudiando, que se iba a ir a Italia a estudiar allá, hasta me dijo que dizque nos casáramos (5), pero yo que me iba a poner en esas cosas por allá, y ella quería ser monja, pero si se casaba conmigo le decía al papá que me dejara el gmc a mí, el gmc, y el papá nos daba donde vivir, eso era lo que ella me decía. Entonces ella no seguía la carrera de monja, bueno, pero yo iba en otra cosa, el camino mío era otra cosa, y no, pues no eso, eso de pronto me acarraría problemas más adelante, o no, yo no sé,  bueno, en todo caso, eso fue así, ni poniéndole más, no porque siempre es bueno dar la historia como buena, y poniéndole menos, yo creo más bien que se le pone menos porque uno no puede contarlo todo.

* Yo tuve un amigo en Arequipa y ahí esa familia , yo no se, el señor dice que el fue de la política, el tenia un camión, y tenia Fíat y tenia gmc, y entonces el me dijo, vea, el tenia una muchacha muy bonita, muy linda esa muchacha, unos ojitos así como todos verdecitos y el pelito todo mono, era muy linda y el hermano que fue el que me llevo allá, que yo andaba como despistao, y entonces llego el hermano y me dijo venga que allí en la casa le damos posada (6), la primer noche me hicieron amanecer allá afuera de la casa, pero en un lugar como una piecita ahí, cuando al otro día la señora ya no quiso que yo amaneciera allá, la mamá de ellos, sino que me hizo entrar pa dentro y dio la casualidad que me acostaron al lado de la muchacha esa, entonces, ella dormía en esta cama y yo en la otra, y ahí amanecí yo dormido, entonces yo por la noche ellos tenían un sembrío de manzana, entonces yo me iba y me sentaba con ella allá y me contaba que le gustaba mucho ser monja, que si quería  que yo me casaba con ella, que el papá me daba para que manejara el Fíat, gente sin conocerlo a uno y haciendo esas cosas, dígame usted pues, y yo le decía las miras mías es andar, contar, y formar una historia para más tarde encontrar  una persona que me ayude a sacar un libro, puede ser usted, eso es lo que yo quiero, yo siempre andaba con ese pensamiento del libro, el libro, el libro, en la cabeza, entonces, bueno ya se vio que no había nada, yo le ayude a traer un viaje en el gmc de Lima, y la cosa mas impresionante, a nosotros nos pararon varias veces los tráficos, pues, que se mantienen en la carretera, yo no se cómo los llamarán allá, entonces conversábamos y nunca nos dijeron nada, si uno encuentras gente que le ayuda, como encuentra gente que le tiene a uno miedo pavoroso como si uno fuera un asesino, un delincuente, un ladrón, uno encuentra gente así con muchas cosas (7).

*

Bueno, ya seguí yo y llegué hasta un restaurante al borde del camino, al borde de la carretera hasta donde me llevó un camión, yo me quedé ahí, me dieron posada, y en ese restaurante estuve trabajando ahí, meseriando y ayudando a lavar platos, y de ahí pasé a Tabna, donde fui llegando entre oscuro y claro de mañana, cuando yo me fui así a la parte de acá, yo no entré al pueblito, yo me fui buscándola salidita, entonces ya me fui a una bomba que había ahí y le dije a un señor, yo le dije a varios, pero le dije a un señor que me hiciera el favor pa cruzar la frontera a Chile, y entonces él me dijo que si tenía pasaporte, todos me preguntaban por el pasaporte  para poder cruzar, que si tenía pasaporte, que si tenía papeles, pero yo no tenía nada de eso. Entonces este señor me dijo, vea, ese señor que está allá, había un señor que estaba allá parao, yo ya lo había visto, ese señor que está allá, no se qué verdad sería, si sería mentira o si sería de verdad un detective o policía, mejor que ni siquiera lo averigüe, ese señor que está allá es un detective, y ese señor le está poniendo cuidado a usted, me dijo él, entonces yo lo llevo, pero si cualquier cosa usted se hace cargo de todo. Listo, entonces me subí adelante en la cabina del carro, dele, atrás en un carro siguiéndonos, siguiéndonos, siguiéndonos, que no se despegaba de nosotros, entonces adelante, allí se perdió ese carro, y ya llegamos a un retén, yo me acuerdo que en ese retén le dijo el guarda al del camión, ¡fulano¡ quiere tinto, y entonces le pasó un pocillito con tinto a él y seguimos, a mí no me dijo nada, ni tampoco le preguntó a él quién era yo, ni nada de esas cosas, y él ni siquiera se bajó. Seguimos. Ya adelante me dijo el señor, vea allá está la frontera del Perú y la otra es la frontera de Chile, usted verá, si sigue por aquí tenga seguro que si no lo detiene el Perú lo detiene Chile, o si atraviesa por aquí por el desierto, pero en estos momentos Chile está en guerra con el Perú y está en guerra con Bolivia, ya usted verá. Yo le dije, entonces déjeme aquí.

 

Adelante, había una bajadita así, que era monticos de tierra, era como haga de cuenta que una volqueta descarga aquí, luego descarga aquí, aquí, descarga aquí, descarga aquí, así monticos, pero no eran pequeñitos, sino monticos que tapan a una persona, yo me imagino que eso lo hacía, que eso era como una estrategia militar que tenía ahí, era como una estrategia, yo caminé por en medio de esas cosas, y ahí adelante había un aviso, un poste que decía  frontera del Perú, seguí caminando y por ahí, hagamos de cuenta como cruzar la oriental, más o menos, como cruzar la oriental más o menos, otro aviso que decía peligro, no cruce, frontera de Chile, entonces yo ya me puse a pensar ahí si seguía, no seguía, si seguía o no seguía, pensar ahí, en ese momento yo sentí como un trueno que sucede por encima así a lo largo, pero no fue sino uno nada más, no sentí más, me pareció raro por eso, bueno, un trueno como cuando suena traaaarrrrrrrraaaaaa, así, pero yo en medio del trueno oía una voz que decía, DIOS HAY, yo iba cruzando, DIOS HAY —dice en un susurro—, por eso yo utilizo mucho esa palabrita por ahí, que Dios hay, porque yo oía mucho eso en el camino, más que todo cuando entraba al peligro más grande, y, por ejemplo yo escuchaba, Dios hay, por lo menos otra vez cuando yo escuché —le tiembla la voz— DIOS HAY —lo dice como un lamento, a punto de llorar—, no sucedió trueno, sino que cayó como una brisita así, una brisita, fue acá en la frontera de Chile, yo iba a pasar de Bolivia a Chile, entonces yo vía allá una nubecita como haga de cuenta un hall mentolitus, yo escuchaba…, y en la selva escuchaba mucho que DIOS HAY,  MENTE, pero esa voz no era como la que escuchaba acá, como el murmullo que escuchaba en la presidencia, era una cosa que parecía venir de allá del cielo, yo no sé si esas cosas serán de creer, o será que uno se las imagina, pero yo escuchaba eso, yo escuchaba eso, la una venía del cielo y la otra de la tierra como cuando uno habla entre dientes. Cuando yo estuve en el Brasil, yo fui a la embajada del Brasil, y la embajadora del Brasil me dijo que la telepatía existía, pero yo no creo que esa sea la telepatía, yo creo que hay un ser que me hablaba a mí, no cierto, muy poderoso que me hablaba a mí en medio de los rayos. Yo a la embajada solamente fui a pedir ayuda, y como no me ayudaron esa…, habían dos embajadoras ahí, una que estaba de blanco y otra que estaba de rojo, entonces la que estaba de blanco me mandó para donde la que estaba de rojo, y la que estaba de rojo fue la que me dijo, la telepatía existe, eso, porque estábamos hablando ahí, entonces yo no sé de adonde se le ocurrió decirme eso, entonces yo todas esas cosas las pensaba escuchando esos gritos, pero lo que sucedía de entre medio de los rayos no era como un grito, sino que era como una cosa que se iba abriendo de entre medio de los rayos, si me entiende, y siempre escuchaba en medio de esa voz, siempre escuchaba, una voz que retumbaba NO MORIRÁS, pero por qué?, yo soy un ser humano, ¿no cierto? Lo mismo cuando yo estaba en la selva, cuando yo estaba en la selva escuchaba eso, NO MORIRÁS, y yo digo que matarme a mí es la cosa más fácil, no tengo quien me cuide, tengo quien me mire ni nada, puede haber un ser todo poderoso, es que por eso yo digo, puede haber un ser todo poderoso que me esté… bueno, entonces yo ya seguí el camino, ya con miedo y toda esa vaina, porque yo ya había visto el campo minao y lo que me había pasao allá, y primero se veía el cerro de cobre se veía acá, era el cerro de cobre que estaban peliando ellos, era el cerro del cobre que tiene una riqueza inmensa, no hay capacidad que pueda dar la riqueza que tiene el cerro del cobre , eso era lo que ellos estaban peliando, yo no sé si hay dos cerros de cobre porque a mi me parece que Chile le quitó un cerro del cobre al Perú y otro a Bolivia, y la entrada al mar a Bolivia, y por ahí por ese pedazo me parece, no estoy seguro, que por ahí era la salida al mar de Bolivia, entonces eso estaba en pura candela.

 

Bueno, cuando yo más adelante, había caminao, caminao, caminao, cuando yo sentí como, no sé, haga de cuenta como una explosión, pero muy abajo, yo me imagino que era como un tanque que venía, un tanque que venía, me imagino yo, bueno, cuando yo sentí que pasó una avioneta, pero yo quería salir a la vía férrea, a la vía férrea para coger el tren, entonces yo iba caminando, caminando, yo cuando vi que pasó la avioneta me asusté mucho y allá adelante había una hilera de eucaliptus, una hilera de eucaliptus así, cuando yo vi  que la avioneta se tiró como hacia el cerro y fue allá dando la vuelta, fue allá dando la vuelta, y cuando yo vi fue que se voltio allá y ya se vino hacia mí, entonces ya me asusté demasiado, entonces arranqué a correr y a correr y a correr, y ya el bultico que se veía allá pequeño, ya se veía como más grande, aunque no se alcanzaba a distinguir si era un tanque, pero ya se veía más grande, mas sin embargo, yo trataba de analizar si era algo militar lo que venía allá, era como un carro del ejercito o algo así, y yo arranqué a correr desesperado, y entonces  a buscar la carrilera, y cuando yo fui a salir a la carrilera pasó el tren y eso venía cargao de carabineros, eso venía cargao de carabineros por toda la orilla, entonces yo ya me vi que ya no tenía nada más que hacer y yo pensé en regresarme, pensé muchas cosas, cuando ya venía la avioneta ya cerquita de mí, yo dije no aquí no tengo más que hacer que correr a los eucaliptos para poderme esconder, entonces ya corrí desesperadamente, desesperadamente a los eucaliptos, y hágale y hágale, correr y correr, y como la arena casi no lo deja correr a uno, entonces ya corriendo y corriendo desesperado por llegar a los eucaliptos, ya cuando llegué ya sentí como si esa avioneta ya venía muy bajita, y yo sentí mucho miedo, y ahí había una zanja así gigante, haga de cuenta como una calle, más o menos, como esta calle de aquí, ancha, pero así a lo largo, aquí están los eucaliptos y allí una zanja, y el tren pasaba haciendo un puente por encima, entonces yo ya no sabía si salir a la carrilera  cuando yo asomé y vi esa zanja yo no me tiré porque yo me asomé y abajo había un letrero que decía PELIGRO, CAMPO MINAO, entonces yo ya no sabía que hacer, yo desesperao, desesperao,  no sabía que hacer ahí, cuando yo viendo que ya la avioneta venía tan cerquita de mí yo pensé que me iban a disparar, ellos no dispararon, pero yo pensé que me iban a disparar, y ya veía que también el carro venía encima de mí, y como es una zona tan peligrosa, entones yo dije a la mano de Dios y me tiré allá, yo cerré los ojos y esperaba que estallara alguna cosa, que estallara algo que se acabara el mundo ahí, pasé al otro lado  y nada, y subí otra vez la montaña esa que hasta me estaba quedando difícil porque eso era pura arena, y yo arañaba y subía y subía, ya cuando subí allá era como si hubiera estado en el infierno y del infierno hubiera pasao al cielo.

 

Allí adelante lo que encontré fue como si hubieran dejao un poco de balas, balas, pero era un montón así, así, de puras balas, ya oxidadas, eso hacía mucho tiempo que estaba ahí, eso no tenía poquito tiempo de estar, puras balas ahí, unas grandes otras pequeñas, ya están oxidadas, llenas de moho, adelante ya queda la entrada para el aeropuerto, yo seguí caminando, ahí empecé allá a ver, eso es como ver un edificio blanco, cristalino, muy bonito, eso bancos de hielos, esos bancos que andan por encima del agua de puro hielo, ahí en Arica eso se ve ahí, ese Arica es bonito, hágase de cuenta ver dos edificios Coltejer pegaos, grandes, inmensamente grandes, son grandes ahí en Arica pero abajo en la Patagonia son todavía más grandes, pero es que la diferencia en la Patagonia es que son como mas retirados en cambio en Arica son como más cerca, se ven más cerca.

Yo ya dije que pasé por el aeropuerto,  ahí había una carreterita, de ahí seguí adelante, y adelante ya me encontré fue, se me apareció un muchacho, llevaba un paquete con pan, entonces yo le dije que si me regalaba un pedacito de ese pan, entonces ya se puso a conversarme ahí, que era Chile, que eso era Arica, y llevaba en la bolsa unos panes ahí, unos panes cuadraitos, y me regaló unos panes, y una cosa que llevaba ahí, que yo no sé, ellos le llaman que patete, que pan con patete, yo no sé si le dicen eso allá o qué, y entonces me dio dos pancitos de esos. Eso por allá es puro desierto, y más adelante se veía el mar, con montañas de hielo que se movían. Seguí adelante, y me entretuve andando por ahí por Arica (8), aunque la anduve muy poquito, me pareció una ciudad como normal, lo que pasa es que a toda hora las calles se ven con arena, ventea arena, una ciudad pequeña, con pocos edificios y creo que viven del cobre y de la pesca, porque para abajo en la Patagonia pescan mucha ballena.

 

Seguí, adelante, en la salida había unas casitas como de madera, casas viejas, casas de gente pobre, bueno, y ya me cogió la noche y hice un cambuchecito en la arena con unos cartoncitos y me cubrí y amanecí. Yo en cualquier parte dormía, en el monte, por ejemplo en el Amazonas me tocaba dormir ahí en la tierra, y pues digamos, una culebra, hay mucha culebra, hay una pequeñita así y la llaman la veinticuatro, y esa culebra téngalo por seguro que los indios, el indio puede ser el más bravo que sea y le tiene mucho miedo a esa culebrita, es demasiadamente peligrosa, y bueno, yo le doy gracias a mi Dios que nunca fui picado por un animal de esos, me tocó que matarla sí, pero yo nunca fui picado por una culebra. Si me ha tocao ver gente picao por culebra, eso es espantoso, varias veces  me ha tocao por allá en el monte ver gente picada de culebra, uno picao por un orito, y un indio que lo picó no se qué culebra, pero en todo caso ese indio le salía sangre por los poros, por aquí, y le chorriaba la sangre así, y lo picó por aquí como por un dedo más o menos, y el dedo se le puso un hueso así, y todo esto se le hinchó y le salía sangre por la nariz, por la boca, chorreaba agua sangre, es espantoso, una picadura de culebra, la gente realmente tiene una mala muerte, y yo me bañaba en el río, en el amazonas y me decían que existía la piraña, pero a mi no me llegó a pasar nada, gracias a mi Dios, yo le agradezco todo eso a mi Dios, porque pues un viaje que yo me improvisé así y arranqué y me fui, y seguramente mi Dios estaba en el camino, conduciéndome, y protegiéndome de tanto peligro, claro que el peligro más peligro que existe en toda parte, sí, es un peligro infalible, es un peligro que no tiene remedio, es un peligro que es mortal, es un peligro mortal, es el hombre, el ser humano, el ser humano desconfía, el ser humano odia, el ser humano persigue, el ser humano…, bueno, todas las características que usted puede encontrarle de maldad al ser humano, las encuentra. Es racista, bueno, lo que usted quiera encontrarle, es malo, solamente por el solo hecho de ser malo, el ser humano es el más peligroso en toda parte, creo que hasta aquí en este punto donde estamos, que vea todo lo que está pasando, el ser humano es el hombre más horrible que pueda existir sobre la tierra. Y en toda parte es así. Y seguramente Dios siempre estaba defendiéndome hasta de ese ser.

 

Bueno, ya seguí yo…, yo andaba mucho en carro, me salía a la vía y hacía autostop, a veces me encontraba con otros caminantes, y andábamos mucho tiempo, ellos cogían su camino, a mí me gustaba mucho era andar solo, por ejemplo ahí en el río la Miel, ahí en la Dorada, allí iba mucho caminante, ahí, a mi me gustaba mucho ir ahí, fui varias veces, al río la Miel, precisamente me tocó salvar a un señor que se estaba ahogando, estaba el río estaba crecido y se tiró y se estaba enredando entre unas ramas, ahí se estaba ahogando, a mi me dijeron que ese señor era hijo de una persona muy rica, pero yo no quiero ni nombrarla en este momento, pues me parece como algo como absurdo yo haber salvado una persona de esas de esa categoría tan alta, pero bueno, son las cosas de la vida. Creo que, de pronto, ese señor ni me recordará ya, en el río la Miel, allá iba gente, muchachos hijos de gente adinerada, a comer hongos, a drogarse ahí (9).

 

Bueno, entonces ya seguí el camino por la mañana, ya adelante, ya iba caminando cuando unos camiones del ejercito, yo iba por la orilla de la carretera, yo me asusté mucho y me tiré hacia más afuera y me escondí en unos tumultos de arena porque allá la arena es como en tumulticos así, o sea que eso lo forma, no como los tumultos de atrás que eran grandes, como volquetadas que descargan, sino tumultos que se hacen con el viento que los forma, el desierto no es plano, usted va caminando y encuentra el morrito o un morro altísimo. Bueno, seguí, y me tocó tirarme allá para poder esconderme del ejercito, yo no sé si me verían o no me verían, en todo caso ahí había una piedra y yo para poder pasar tenía que pasar por toda la vista de ellos, entonces yo me tiré y me fui agachándome, arrastrándome y fui cruzando por la piedra y, no sé, yo les entendía porque ellos cogieron para un morro arriba, que era como la entrada para una mina, entonces desde allá, el mismo eco traía la voz de ellos, yo oía que ellos hablaban que había que sacar cobre, o sea que yo me imagino que ese era el cerro de  cobre, entonces ellos se subieron por esa mina pa arriba, y allá hablaban y se oía acá, yo escuchaba que yo no sé qué, pero yo no le ponía atención a eso, sino que yo estaba bregándome a escurrir, escurrirme e irme.

 

Bueno, yo los dejé a ellos ahí y ya me fui, y cuando subí arriba a la montaña el…, la neblina cubría la montaña, pero hacía un frío espantoso, era como haga de cuenta cuando usted pasa por Ventanas, que es blanco, blanco y que uno no alcanza a ver, pero uno por Ventanas puede caminar, no cierto, pero yo ya me estaba como engarrotando, yo ya no alcanzaba casi a dar los pasos, yo me sentía ya como pesado, como que ya no podía, cuando escuché el ruido de un motor y le puse la mano y ahí mismo me paró, era un bus. Yo me subí al bus, y yo antes de subirme al bus le dije al chofer que era colombiano y que quería ira a Santiago de Chile, que si hacía el favor y me colaboraba y me llevaba hasta más adelante, ¿si?, bueno, adelante paramos en un retén, en este retén según cuentas, revisaban la manzana, porque la manzana allá según ellos, es como comentaban ahí, la manzana tiene una enfermedad muy peligrosa, la manzana tiene un mosco que le llaman el mosco azul, y ese mosco como que deja unos gusanitos que son peligrosísimos, como que da una infección bastante peligrosa en el estómago, entonces ellos revisan minuciosamente las manzanas, y en ese retén como que siempre aplicaban eso, revisar las manzanas. Bueno, a mí me dio mucho miedo, ese retén lo pasamos y a mi no me dijeron nada, luego  pasamos más adelante a otro retén, entonces en ese retén me iban a mí a revisar los papeles, algo así, los hicieron parar contra el carro, entonces el guarda como que tuvo un descuido ahí y yo me abrí por un laito, me fui, me fui y me tiré como una bala por ahí pa abajo y salí y me fui.

 

Adelante subí de nuevo a la carretera y salí a un restaurante, y bueno ahí me invitaron a una comida, yo arrimé y pedí, ni me acuerdo que comí ahí, y seguí pa adelante, me fui caminando, caminando, caminé bastante, bastante, bastante tiempo, cuando adelante me recogió una volqueta que iba con unos soldados de la fuerza aérea ahí en esa camioneta, iban bebiendo vino, nos pusimos a tomar vino y ahí íbamos en esa camioneta, no una camioneta, sino una volqueta grande, de esas grandes de volco, entonces había que cruzar un retén, yo creo que ese retén no…, las cosas como que se iban dando en el camino, ese retén yo creo que no me hubiera pasao, ese retén es como haga de cuenta cruzar una frontera, según ellos, hasta ellos me decían que era un retén muy peligroso, antes de llegar a Iquitos, a Iquique, Iquitos queda en las Amazonas, Iquique acá, según me decían ellos, porque yo no entré, Iquique es zona franca, zona franca es donde dejan a la gente extranjera que ande todo eso, yo me quedé antes de llegar a Iquique para seguir la carretera, entonces ahí en ese retén pararon la volqueta esa  y ellos me hicieron acostar, en el volco, entonces se saludaron ahí, y seguimos, ya adelante, a la entrada a Iquique, ellos me dijeron, vea acá queda la entrada a Iquique y usted verá si baja a Iquique que allá no le dicen nada porque eso es zona franca, o va a seguir? Yo les dije, no, déjenme aquí más bien.

 

Bueno, seguí adelante el camino. Caminé mucho, mucho rato, pues... en primer lugar a mí me gustaba caminar por ese desierto, muy bonito el desierto, ya el mar no lo vi sino en Arica, de ahí para allá, después de que pasé el cerro ya no volví a ver el mar. Seguí adelante donde me recogió un señor en un carro muy bonito, yo no puedo decir que si o que no, pero según cuentas el tipo como que era el que mandaba por ahí por esa zona, pues, era lo que él me contaba, que las ordenes de él por ahí eran cumplidas, que no sé qué, bueno, me decía un poco de cosas ahí, hablando y hablando ahí, y me preguntaba también muchas cosas y todo eso. Bueno, me llevó bastante trecho hasta adelante, y entonces me dijo, no, ya por aquí yo me meto porque voy para la casa, así que usted verá si se sigue, y yo le dije no déjeme en la vía que yo sigo para adelante.

 

Ya seguí para adelante, por allá, cansado ya tarde en la noche, de tanto caminar, arme un cambuchecito para dormir. Bueno, al otro día otra vez, caminar caminar y caminé bastante rato, cuando adelante me recogió otro bus, ya era tarde, ya iba cayendo la tarde, anduve bastante en ese bus, cuando, yo no sé, porque me dio por empezar a preguntarle a esa gente, por la curiosidad seguro, empezar a preguntarle a esa gente por Salvador Allende, entonces a esa gente que iba en el bus no les gustó, y ya empezaron a decirme que  de Salvador Allende no se podía hablar en Chile porque Salvador Allende  era una persona muy importante, y según cuentas lo tomaban por un Dios. Como que yo no sé, pero según decían ellos el pueblo como que quería mucho  a ese señor. Entonces, más adelante, esta misma gente me entregaron a un retén militar. Que vea que éste está hablando de Salvador allende, y que no sé que y ahí mismo me cogieron  y me preguntaron por papeles y como yo no cargaba eso entonces me metieron por allá a una casa de un piso de tablas. Al otro día me despertó una banda de muchachos como que estudiantes o algo así, bueno, y allí me transportaron, me llevaron a Santiago de Chile y en Santiago de Chile me entraron a una parte que la llama, era una cárcel, pero cárcel de gente especial porque pues ahí me tuvieron en una celdita así pequeña y traían la comida y a mi me preguntaba qué iba comer, qué me gustaba, qué me provocaba, y al lado de enseguida, según decían ellos, yo los escuchaba, a ese tipo le preguntaban mucha cosa, había un tipo que se llamaba Edmundo, y a ese tipo le preguntaban mucha cosa, y sobre todo lo que le preguntaban era acera de Salvador allende. Entonces, yo tuve una medio conversacioncita por encima con ese señor, porque esa gente es como muy seria, como muy callada, todo eso,  pero uno la curiosidad como que lo mete a preguntarle a alguien algo, y según cuentas él me dijo, el era guardaespaldas de Salvador Allende. Y le preguntaban mucha cosa sobre salvador allende, y él les contestaba. En esa celdita a mí me dieron como cuatro o cinco cobijas, bueno, yo no me sentí como mal ahí, no cierto, pues, como a comparación de esa vez en Puno, que me metieron en un pulguero, en un pulguero, y en un polvero ahí; la cosa muy diferente, ¿cierto?, eso era la INTERPOL, y allí me tuvieron un día o dos, de allí me pasaron a los cuarteles de la INTERPOL que quedan al frente del general Maquena, que es la cárcel, según ellos, porque yo no la conocí, la cárcel más importante que tienen ellos allá, hágase de cuenta acá como la modelo, será? Pero yo no estaba allá sino en los cuarteles de la INTERPOL, yo estaba al frente. En la parte donde yo estaba no se veía, pero como ellos me sacaban a caminar ahí por esos corredores, ellos me mostraban y me decían eso que esta allá es general Maquena, la cárcel más peligrosa de Santiago de Chile, yo no la conocí, como le digo. Bueno, ahí estuve yo bastante tiempo en esos cuarteles de la INTERPOL, calculándole por ahí, calculándole, porque no soy yo capaz de decir tanto tiempo, más o menos un mes. Pero qué pasaba, yo esa gente, en el estudio que yo le veía a esa gente, como que no querían que yo me viniera, no sé, uno no sabe, porque la cárcel aunque sea de oro no deja de ser prisión, no cierto, y así lo traten bien a uno está preso, de todas maneras un se siente mal, pero esa gente a mi no trataba de hacer la vida como mal, que yo, como en las otras partes donde había estado que le hacen a una la vida como mas difícil, allí no, ni comparación como cuando estuve en Calama, en Calama si era muy fregao, todo el tiempo preguntando, investigando y toda esa cosa, allá no.

 

Bueno, allí iba mucho un mayor, un mayor de las fuerzas militares, era de apellido Camacho; ellos decían que era de apellido Camacho porque yo no puedo llegar a decir vea él era de apellido Camacho porque yo no le vi ni la cedula ni nada, pero era un mayor militar, él llevaba su uniforme puesto, su gorra, era un mayor militar, y todos lo trataban como un mayor, mi mayor, y todas esas cosas. Bueno, él iba mucho y le gustaba mucho conversar conmigo, él me decía, caammaaaaachoo —Benjamín habla con voz cavernosa—, él hablaba así, una voz como gruesa, como ronca, y en las conversaciones que tuve con él, nunca él se refirió como a investigarme, sino que era más bien como conversar, dialogar, porque uno los diálogos siempre los distingue, una persona  que trata de hablarle de una manera soez a uno, uno la distingue, ¿cierto?, o una persona que trata de hablarle como más amigable, y el siempre era como amigable, al frente había un restaurante, a mí me llevaban a comer a ese restaurante, me acuerdo que había una matica, ellos comen mucho eso, les gusta chuparse eso, y ellos me daban a chupar una  como una bellotica, ellos le quitan la cosita esa y se la chupan, ellos cocinan eso y se lo chupan, también les gusta mucho, le arrancan las hojitas y se la chupan, la única parte donde yo he chupado de eso es allá,  porque yo por aquí no la he conocido. Bueno, y así, así me mantenía yo allí.

 

Había un preso que lo tenían en la celda de arriba, y ese preso, mejor dicho, él no podía ver un guardia de esos, los insultaba, les tiraba, mejor dicho, parecía como un perro bravo, y yo me le acercaba allá  a la verja de ese preso, a ellos no les gustaba que yo me le acercara, pero yo pues, para sentarme allá tenia que dar una vuelta, subir unas escalas, una vuelta y venir hasta por acá atrás, y yo siempre trataba de llevarle como un pancito, como alguna cosa para que el comiera, y siempre que me veían que yo iba allá, me regañaban, se ponían todos furiosos, qué tenia que hacer yo allá, que no sé qué, ahí si los veía mal. Ese señor estaba preso por un delito que nunca supe cuál era, y llevaba muchos años de estar ahí en ese mismo calabozo, todo barbao se mantenía él. 

 

Bueno, había un soldado que era muy rápido con el revólver, para desenfundar el revólver, el tipo llegaba uno y le decía cuente hasta tres y llegaba uno y decía uno, dos... y ya había disparao, uno llega uno dos —lo dice como una bala de rápido—, y ya había disparao, desenfundando de acá, con el suiche puesto, con el seguro, yo no sé  como hacia, pero de una disparaba (10).

 

También estuvieron instruyéndome para boxeo, querían que yo fuera un boxeador, algo así, como que yo no sé si era yo el que no me prestaba, pero ahí en el sótano me llevaban un tipo que era entrenador de boxeo, y me entrenaba ahí, abajo había un sótano y era como un calabozo grande (11).

 

 Me enseñaban acerca de los caminaos, que había gente que caminaba de una manera que de otra, y así, que pa pasar que por un teatro, yo no entiendo de eso, que toda la gente, según ellos, lo que yo les entendía era que toda la gente no camina igual en la ciudad, toda persona tiene una manera de caminar, entonces ellos ehhhhh, toman a una persona y por la misma forma de caminar, pueden coger a una persona, o sea pueden seguir  una persona o pueden cogerla por su forma de caminar, y así la persona quiera eludir la forma..., o sea que la forma de caminar viene siendo casi igual a las huellas digitales, y ellos me daban a entender esas cosas, por eso le digo que yo no sé, estar uno preso y al mismo tiempo estar cuidado, y la misma gente en dialogo con uno, pues yo no me sentía, pues, así como... (12)

 

Es más, por la noche, el único que estaba ahí en ese calabozo era yo, ahí como que según cuentas llevaban a la gente a, ahí por ejemplo llevaron unos gitanos (13), gente de emigración, que la cogían con los papeles vencidos o así, entonces los llevaban ahí, yo hasta me metí a los calabozos con ellos y salía, yo tenia mi calabozo, pero eso se mantenía abierto, ese calabozo no lo cerraban para nada.

 

Bueno, así fue pasando el tiempo, cuando lo que yo le he querido contar es esto: y yo no sé ellos porque hicieron eso, si lo hicieron por burla, pero no creo, porque un arma de esas..., como se van a poner a burlarse de una persona así, o si lo hicieron por charlar..., tampoco creo eso, yo creo más bien que eso ellos lo hicieron de una manera seria, lo que le voy a contar, es algo que si yo tuviera la forma, yo estudiaría eso, el porqué de eso, si eso no es cierto..., a mi me dieron un papel donde decía que yo era dueño de una casa y que era dueño de un chevette, un carro chevette, yo ni leí bien eso y yo boté ese papel, yo debía haber guardado ese papel, debía haberlo guardao, pero no sé, lo boté. Bueno, una noche de tantas esas, lo que sí es que allá me tenían aburrido con la comida, que la comida me daban mucha lenteja, lenteja, lenteja, lenteja, lenteja, lenteja, todo hay que decirlo como es, bueno, una noche estaba oscureciendo la noche, allá había uno que era muy serio, muy serio e infundía mucho respeto, precisamente a mi daba como cierto recelo de verlo, estaba yo en el calabozo, ahí, esa noche me le echaron candao en el calabozo, yo estaba en el calabozo, ah, antes de llegar allá, ellos  cantaban unas canciones que me parecen a mi, cantaban que “vino griego”, gustaba también que yo les cantara, ellos tenían también su piecita ahí, era como un calabocito, no era pues puerta de calabozo sino una puerta de madera, y tenían una hornita ahí, su mesita, escritorio, y ellos cantaban un disco que dice... —benjamín empieza a cantar con su voz aguda y templado, muy agradable— “cuando no haya rosas  ni sol en tu jardín, y en tus campos no crezca la hierbaaa..”, ese disco, también ese que llama que “vino griego”, que es muy bonito, cantaban otro “el negro José”, “perdóname si te digo negro José...”, hacían unos amuletos negros, uno muñequitos, y entonces ellos me los mostraban pero no dejaban que yo los cogiera, decían “vea, este el negro José, vea, el negro José, vea, pa cargarlo”, y hacían esos amuleticos y se los ponían como collar, aquí, y eso era una felicidad para ellos cargar esos muñequitos, y al otro día se preguntaban el uno al otro qué hiciste el negro José, que no se cuenta, eso era un revuelto, y cantaban mucho también era este..., “y una nube de tu memoria me borre a mí“, ese lo cantaban mucho, lo ha oído?, y yo les cantaba, “decirte quiero, decir amor no significa nada, las palabras sinceras las que tienen valor son las que salen del alma, y en mi alma nacen solo palabras blancas, preguntas sin respuesta, llenas de esperanza, un amor como el mío no se puede acabar ni estando lejos de olvido, un amor como el mío no se puede ahogar..”, ese, ese, usted lo ha oído?, a tu recuerdo, de los Ángeles negros, un minuto de tu amor, también se los deje grabado allá, “un minuto de tu amor, un siglo de dolor”, ese es de los Ángeles Negros o de los Galos (14) o algo así, “échame a mí la culpa de lo que pase, cúbrete tú la espalda con mi dolor, y allá en el otro mundo en vez de infierno encuentres en vez de gloria, y una nube de tu memoria me borre a mi”, ese era el disco que ellos cantaban mucho.

 

Bueno, esa noche, como le digo, le echaron candao a la puerta...  Bueno, esa noche, vuelvo y lo repito, esto yo lo juro y lo digo ante la Biblia, porque esto fue verdad, si ellos quieren que la gente les diga la verdad, ellos también pueden decirla, entonces esa noche me le echaron candao a la reja, ni tampoco pues me llamaron como acostumbraban, que me llamaban y me daban tintico y se ponían a charlar, ellos tenían una guitarrita ahí, a tocar  y charlar, bueno, esa noche llego el tipo ese que le digo que era el malaclasudo, ese tipo que siempre daba respeto, llegó y me dijo, estaba borracho, llego y me dijo, y tenia una pistola, y sacó esa pistola así, y se quedaba pensativo ahí en la reja, y llegó y me dijo, mañana usted tendrá los deseos más grandes del mundo, entonces, yo ni le hice caso, porque que deseos más grandes va a tener uno, uno sin plata ni nada, como se dice, nadie le para bolas, entonces, seguro, ya me van a mandar otra vez para Colombia.

 

Bueno, al otro día, yo le puse mucho cuidao que iba a hacer al otro día, al otro día tenían un charco de sangre ahí..., yo no sabia qué había pasao, y es que  acá quedaban los calabozos y entonces aquí quedaba una reja grande que encerraba todos los calabozos, cada calabozo pues tenia su rejita y ahí salía un patio grande, y de ahí de ese patio, acá al frente quedaba una piecita que era pa ellos, y acá en este lado, que era donde ellos se mantenía, tenían como un calentadorcito, bueno, entonces me pusieron a limpiar esa sangre, yo hasta no quise, porque yo, yo soy muy alérgico a la sangre, a mi me da mucho miedo la sangre, entonces ellos casi ni me obligaron a eso (15), bueno, como le digo aquí quedan los calabozos, aquí quedan las rejas, y aquí hay una o dos escalitas que baja uno, aquí entra las escalas  que suben pa arriba pá los pisos, acá viene un corredor que va para allá, muy grande eso es grandísimo, y aquí queda la entrada que da al parqueadero que es un callejón así ahí sale uno, y por acá queda la puerta principal que es por donde ellos entran y se aborda la calle, y al frente de esa queda el restaurante que es donde a veces ellos me llevaban a comer. Ellos acostumbraban a ir a el Peldeuec, que es una parte donde ellos van a ensayar tiro, ellos lo llaman el Peldeuec, y ellos hacían una sopa de vino y me traían a mí, pero muy buena les quedaba, la hacían con puro vino, muy sabrosa les quedaba..., es que el vino allá, haga de cuenta como la arepa aquí, eso allá se lo toman con todo, el vino allá es haga de cuenta como en el Brasil la fariña que sacan de la yuca, claro que también tienen una fariña mas fina que sacan del maíz, bueno, el vino lo utilizan en todo, se van a comer una cosa, con vino, el vino que más les gusta es el Concha de Toro, y unas totumas que hacen así de chicha, también les gusta mucho; en vez de tomarse una gaseosa, vino,  o la chicha esa,

 

Bueno, ya pasó eso, yo era por ahí, como, siempre le entra a uno como una especie de psicosis, no?, como en expectativa, antes, anteriormente, en los otros días, también habían ido unos veinte o treinta, de esa gente que esta estudiando para altos mandos, vestidos como oficiales del ejercito, eran vestidos con unos sacos rojos, y todo eso,  no sé si habían ido a ver los calabozos o a verme a mi, pero en todo caso por ahí andaban y también me preguntaban cosas (16), y yo no sé a que fueron., pero era un poco, días antes, bueno, al ratico, entró otra vez como a la hora más o menos, entró otra vez el malaclasudo ese, le trajeron una bandeja, se puso a comer, se comió como dos o tres cositas y de ahí salió y me dijo, esto es uno de los deseos suyos: coma en bandeja de plata, era el que siempre me salía con eso, y será que este man está loco o qué, ese es uno de los deseos suyos, coma en bandeja de plata, va usted a comer en bandeja de plata, la bandeja de plata si, buena comida, bueno, el se comió como dos o tres cositas ahí, y yo taque taque, me la comí también.

 

Bueno, ahí fue pasando, cuando después le dio como, digo yo como la loquera, entonces me llevaron a la puerta donde le digo, a la puerta principal y me pusieron un revolver al cinto, con balas y todo, y empezaron a caminar conmigo por todas partes, por los calabozos, y llevaron un poco de muchachas, señoritas que están escribiendo en máquina, pues, que vean que el negro José, que yo no sé que (17), ahí fue donde me llevaron  allá a la parte de adelante, ahí fue cuando me mostraron la cárcel del general Maquena, y me llevaron por allá a unas partes que se dice que es donde torturaban la gente, unas cosas así como unos grifos, que le ponían a la gente, y el man me explicaba que vea aquí se pone la gente, se le pone corriente y se les hace confesar la gente y  bueno, un poco de cosas ahí, y me iban contando (18), bueno, estábamos en esa cosa, cuando en esas sonó la alarma y ahí me dejaron solo, yo todo achapao ahí, y me dejaron solo  corrían para un lado y corrían para el otro, y eso se volvió un enredo ahí, y yo supe por donde era el camino pa los calabozos y yo me fui viniendo achantao,  porque ahora verá que me confunden con algún otro malo que ande por aquí, esta gente no me conoce a mi, y después de todo yo soy negro y   de pronto vienen y me confunden y dicen que yo soy un guerrillero o una persona mala y me matan de una, y no, yo llegue al calabozo y me metí, y al ratico ya pasó otra vez eso (19). 

 

Bueno, mas adelantico, ya no fue otra vez el maloso ese que me dijo, sino que llegó otro soldado, y me dijo vea: este es uno de los deseos que usted va a recibir, esta cajita es una bomba atómica, vamos a subirla, usted va a tocar una bomba atómica, no sé porque ellos harían eso, eso es lo que yo no me explico, bueno, vamos y cogimos y yo les ayudaba y cogimos para arriba, porque las escalas eran pa arriba, había hasta un señor que le gustaba mucho conversar conmigo, que él había estado aquí en Colombia, y  que le gustaba mucho tocar la guitarra, que era muy aficionado a tocar la guitarra y todo eso, bueno, ahí subimos con esa cosa pa arriba, alla arriba llegamos como a  unos computadores, a unas cosas así con unos cables, a unas máquinas y ahí tan, acomodamos eso y otra vez para el calabozo (20).

 

Bueno, a mí ya me habían dado el papelito ese que le digo, bueno, ya bajamos otra vez ahí, y ya pues bajaba yo ahí normalmente, a sentarme a pensar cuando volvieron y me llamaron, me dijeron, ahí si me dijeron, vea, ahí esta mi mayor Camacho, es mayor del ejercito chileno, usted esta recibiendo  los deseos más grandes, sepa, mira bien lo que usted está recibiendo, entonces me sentaron ahí en el escritorio que estaba aquí, y ahí fue donde me dieron a leer, según ellos, es un libro que nadie puede leer, el libro sagrado de ellos, ahí fue donde yo leí como fue la guerra del Perú, que era lo que hacían y todas esas cosas, y como atacaron, pues, el pedacito que yo alcance a leer, era un libro grande, el libro rojo de Chile, bueno, entonces yo quisiera como que este libro saliera... yo leí entonces eso un ratico, estaba yo entretenido... yo lo hojee, y me entretuve más en la guerra del Perú de Velasco Alvarado y ahí decía como fue que atacaron a Lima, y decía que la guerra contra el Perú más que todo había sido porque ellos querían acabar con la raza negra, y entonces que ellos ya viendo eso, entraron a salvar eso, entonces ya le metieron tanques  y toda esa cosa, y bueno, se tomaron al Perú (21).

 

Eso fue una guerra bastante tremenda, yo la viví, imagine que al principio no había ni toque de queda, nada, eso era bala corrida  por todas partes, usted por ejemplo aquí, no oía sino que tatata ta t tata ta ta tatatatata pum pum pum tatatata, por todas partes, no es como por ejemplo aquí que usted oye que plum plum plum tatata, una balacera por ahí que mataron dos o tres, no eso no, eso era corrido todo el día y toda la noche eso no paraba eso era corrido corrido corrido, ya cuando entraron  según ellos entraron allá los chilenos, fue cuando empezó a cesar un poquito eso  y entró el toque de queda, el toque de queda no era sino una hora, no tenia sino una hora, a las once de la mañana, salía a las once de la mañana, compraba lo que fuera y pum para la casa otra vez. Todo el día encerrados, salió a las once y listo y otra vez a encerrarse. Como lo estoy leyendo en el libro me estoy recordando de lo que paso atrás cuando andaba por el Perú, pero yo estoy en Chile, ¿ya me entendió?

 

Ya llegó uno y me dijo, vea, mi mayor Camacho quiere que usted ante esas niñas que están ahí, había como, pongámosle para no exagerar, por ahí unas cien muchachas, más o menos,  entonces a mí me dijeron, mi mayor Camacho quiera que usted elija una de ellas y ella será su esposa. Ahí fue donde yo me llené de terror de miedo, yo no sé que me pasó, me corrió como un escalofrió porque yo pensé que me iban a dar el ultimo deseo, que me iban a dar una mujer..., no sé a mi me corrió ese escalofrió y se me entraron pensamientos que a mi me iban a dar una mujer, que yo estuviera con una mujer y al hueco... (22) —hace un gesto como quien dice estoy muerto— entonces como usted sabe aquí estaba la puerta, eso era una reja grande, aquí queda la puerta, aquí queda una escala y allí otra escalita y las mujeres estaba todas allá abajo, Yo no quise aceptar la cosa como muy seria y seguí ahí con mi risita toda..., pero por dentro yo estaba con el pensamiento en función, ya tenia todo pues, a pensar, uno piensa muchas cosas, y todavía mi mayor ahí sentado en una banca, todo ese poco de muchachas y esta gente diciéndome que eligiera  una de esas muchachas y que sería mi esposa (23). Yo, realmente yo sudaba, yo digo que, esto es como si lo cogieran a uno, como cuando en el Brasil me apuntaron a mi con los fusiles y me fusilaron, no, yo fue una concentración, yo me concentré y lo que decía era señor de los milagros, señor de los milagros, yo no decía siquiera señor de los milagros sálvame, sino que yo decía era señor de los milagros, señor de los milagros, señor de los milagros, así.  Pero aquí ya me entró fue, algo así, como hagamos de cuenta como cuando uno se gana la lotería, una cosa rara, bueno, en ese momento, en ese mismo momento me recuerdo yo bien que ese mismo soldado me dijo, sonaba como un helicóptero encima, yo  no sé hasta dónde sería la verdad, pero según ellos era uno de los deseos que a mi me estaban dando, entonces me dijo, vea el que esta volando aquí encima de usted es el presidente Pinochet y en este momento ha dictado algo muy grande en el mundo, y es la de salvar a mas de cien mil  allendistas y entre ellos esta usted, hoy dicto el presidente Pinochet el día del perdón..., no sé hasta donde llegaría la verdad, ¿no cierto?, bueno, entonces ya vi que la cosa era como, el tipo me acosaba para que me parara ahí delante de las muchachas, no sé, entonces ya me paré, hasta me acuerdo que yo me cogí así de las rejas, yo sudaba, entonces, no sé, si yo hubiera dicho, si yo hubiera dicho vea aquella me gusta, de pronto había sido verdad y me la habían dado, pero yo lo que dije fue, yo lo que quiero es que las armadas tengan un poquito de bondad y me manden al África, entonces mi mayor se paró como un resorte, porque yo lo vi, se paró como un resorte y entonces me dijo, para el África no lo mandamos porque se nos pierde, no podemos darle ese deseo —Benjamín tiene los ojos llorosos por la emoción del recuerdo—, entonces, no sé  —no puede continuar porque la emoción lo ahoga— (suspendemos un momento y voy por un pañuelo de papel).

 

Todas las muchachas me miraban, una mirada atenta, todas me miraban, perplejas de mi y, no sé, yo en ese momento reventé fue en un sollozo, a llorar... no sé por qué, entonces mi mayor me dijo, mañana tempranito estará usted en Bogotá y vamos a ver qué recibimiento le hacen a usted.

 

Al otro día, muy de madrugadita ya esta montado en un lanchile, me llevó un soldado, me llevó hasta las escalas, me subió al landchile, y me subió y entonces, ahí me dijo, usted no ha estado detenido, mire, despídase de la gente, que la gente quiere  que usted se despida de ellos, yo no sé, no me despedí, sino que subí y me senté. Ahí venia otro muchacho que lo traían deportado, ese muchacho entró esa noche, colombiano también, y me trajeron aquí a Bogota y en Bogota me tuvieron detenido en la modelo como dos o tres días (24). Bueno, y de ahí me soltaron. Y eso hace que no volví a molestar con eso (se refiere a que no volvió a salir).

 

Ya aquí me dediqué fue a trabajar, yo volví a salir, pero no ya con esas intenciones, yo me fui para Panamá, estuve en Panamá e iba para irme para Estados Unidos (25), estuve en Panamá y de Panamá me deportaron, me mandaron para Cartagena, y... me mandaron por mar. Pero yo ya no iba en esas intenciones de seguirle pues al libro, ni esas cosas, yo veía que como que el libro lo había completado, y tampoco ya no seguí tampoco con la política. Me puse fue a trabajar, a hacer una cosa, otra, a trabajar. Bueno, ya, la ciudad que yo más había andado, primero me fui para la costa, a mi me gustaba la costa, por el mar, pero en la costa no pude vivir por el calor, entonces me gusto más Medellín y me vine para acá, ya me conseguí por ahí..., ya vine aquí y empecé yo..., que no tenia con que trabajar, entonces andaba por ahí y me tocaba esa vaina de ahí del pedrero, y esas cosas por ahí en el pedrero, revolcándome (26) y le ayudaba a la gente a cargar mercado, a hacer una cosa y la otra, precisamente hasta me quedé aterrao que el día que llegué yo ahí al pedrero, pasó un helicóptero, uno de esos helicópteros que no los tiene sino la INTERPOL que es de doble hélice, y nunca jamás los volví a ver, de esos de doble hélice, de esos no hay aquí, cierto?, yo no los he llegado a ver aquí, tiene hélice aquí adelante y hélice aquí atrás, de esos que utilizan para la guerra (27).

 

Bueno, y empecé yo, y les pedí por ahí a unos muchachos y me hice a una cajita de embolar y empecé por ahí a pedirle a esos muchachos que me colaboraran , a que me regalaran un poquito de betún, la gente decía que yo era para fumármelo en mariguana, que yo era para tirármelo en vicio, que yo no sé qué, que me tiraba la plata en vicio, que, que , bueno, la gente no me quería ayudar, hasta que me fui por allí por, que existía ese parquecito por allí arriba por debajo del metro, donde esta ahora la estación del metro, ahí había unos lustrabotas y les dije hombre regálenme un poquito de betún, entonces un muchacho, un pelaito, cogió y me regaló un poquito de betún café, yo me acuerdo que arranqué y me regaló también unos cepillitos chiquitos, entonces por ahí vi un señor tomando en un bar de esos y me dijo que lo lustrara, los zapatos eran negros y yo le eché betún café, me pagó y con eso me hice a la cajita de betún negro, por ahí surtí la cajita de betunes y me fui yendo, yo vendía mucho para los lados de Santamaría, a mi me cogió mucho mucha buena voluntad por los lados de Santamaría, y entonces ya empecé a trabajar por allá, y surtí bien la caja de betunes, bien surtidita  y de ahí me hice a una cajita de cigarrillos y como le dije yo la otra vez, le caí muy bien a esos choferes de Guayabal la Raya, entonces ya me pusieron al hilo para manejar bus, un señor al que le decían cabeza e clavo, y este señor me puso al hilo a manejar bus y toda esa vaina, y un día llegó un jefe de rutas y me dio el permiso así, me dijo tenga y vaya, arranque para que vea cómo es la cosa, y ese día cogí ese bus del parqueadero y sacándolo del..., me lo entregó el dueño del bus, y sacándolo para cuadrarlo y salir el otro día a trabajar, ese día lo choqué, le arranqué todo el bomper, el guardabarros, le hice un daño impresionante..., bueno, ya me fui todo triste, yo dije aquí ya se perdieron todas las esperanzas de algo..., bueno, cuando iba yo por ahí, por ahí abajo por la glorieta de Cristo Rey, cuando salió otra vez el jefe de rutas, Samuel, hombre, qué le pasó, hombre vea, yo le dañé el carro a ese señor, hombre esas no son penas, venga que yo otra vez lo cuadro, bueno, me fui otra vez con él, ya llegué yo allí allá y me dieron el 77, de un señor Ulises, ese carro lo manejé por tres días, a los tres días se me subió ese señor Ulises y me dijo usted no maneja bien el carro, vea me va a acabar el carro, y ahí mismo me lo quitó, entonces yo dije, no aquí no hay ya nada que hacer, entonces me dijo Samuel, no, venga, venga, que nosotros le ayudamos, y bueno entonces me llevaron allá donde el gerente, en ese entonces era gerente de la Santamaría y de la Guayabal, el fue gerente de la Santamaría, de la Guayabal y de la Caldas, Jorge Pareja, entonces Jorge Pareja me dio..., me dijo vea pásese a Santamaría, pregunte por el niño y le dice al niño que va de parte mía, que le entregue el 131, y ahí mismo me lo entregaron. En ese carro dure como un año, un año completico, y ahí empecé a manejar otro carro, ya me fui parando, me hice a la casita, y ya tengo el carrito ahí. Aquí vivo con mi señora y mis tres hijos, el mayorcito tiene seis años, los va a completar,..., uy entonces usted como ve el librito, hombre que pena con usted... —esas no son penas, Benjamín—

*

Señores doctores de la ley, se les saluda muy cordialmente, con todo respeto que vosotros merecéis se les quiere decir lo siguiente, esperando que estas palabras no os incomoden en ningún momento porque son palabras de muy buenas intenciones referentes a la problemática colombiana. Se les dice que por favor, la inteligencia de vosotros no tome estas palabras por ningún mal, ya que estas palabras son con la mayor formalidad que se les puede decir a vosotros tan respetuosas personalidades. Señores presidentes, señores concejales, señores diputados, señores alcaldes, señores gobernadores, señores empresarios, señores alta oligarquía quiero y quisiera ya que por la televisión ustedes piden que participemos en ente proceso de paz con consejos o algo que pueda ayudarles a ustedes en este proceso de paz, quiero decirles lo siguiente: primero que todo, pongámosle un poquito de música a esto, una cancioncita sería bueno: “vuelo alto, vuelo bajo ........???? porque siempre te envidiamos al oírte .....???, yo seré el tarado juego te daré un impulso nuevo, que lo lleve hacia aquel alto oh, tiempo de  libertad, oh la libertad”. “Donde brille el tibio sol, etc.”. Desiderata dice “se sincero contigo mismo” y Napoleón decía que “el hombre es como un cerdo, le tiro oro y hacia donde quiera lo conduzco”. Nosotros los seres vivientes siempre queremos el dinero, luchamos, trabajamos, hacemos lo más imposible por conseguir el dinero.  Muchas veces esto es lo que pasa con ustedes, luchan hablan, y la verdad es que en el fondo de la mentalidad de ustedes lo que existe es el miedo. Yo no puedo creer que ustedes estén pidiendo la paz porque lo más importante en una casa para que haya un buen padre y una buena familia tiene que existir un buen padre.

 

PREGUNTAS

 

(1)     ¿Cómo es la historia de la lancha? ¿De quién era? ¿Quién era el muchacho? ¿Cómo terminó en la casa del policía?

(2)     ¿Cómo es Lima?

(3)     ¿Cómo son Quito y Guayaquil? ¿Qué sentía cuando llegaba a una capital? ¿Qué hacía?

(4)     ¿Estuvo enamorado de la monita?

(5)     ¿Pero fueron novios? ¿Y que pensaba la familia? ¿Cómo era la casa?

(6)     ¿Cómo se hicieron amigos?

(7)     ¿Dónde era la casa? ¿Cómo era la familia? Describa a todos los miembros.

(8)     ¿Por qué sigue hablando de Arica?

(9)     ¿Usted también comía hongos allí?

(10)  ¿Usted vio películas de vaqueros? ¿Así era de rápido?

(11)  ¿Quién era el entrenador? ¿A quién se le ocurrió que entrenara? ¿Ha visto películas de boxeo? ¿Usted entrenaba artes marciales?

(12)  ¿Usted no ha pensado por qué hacían eso? ¿Querían que usted trabajara con ellos?

(13)  ¿Cómo sabe que eran gitanos?

(14)  ¿Cuál es el grupo de música que más le gusta? ¿Cuál su música preferida? ¿Su canción?

(15)  ¿Pero la limpió?

(16)  ¿Qué le preguntaban?

(17)  ¿Qué decían a las muchachas? ¿Eran secretarias?

(18)  Describa mejor la cosa. ¿Era en un sótano? ¿Por qué torturaban a la gente?

(19)  ¿Qué le dijeron cuando lo armaron?

(20)  Hable sobre el señor de la guitarra. ¿Quién era? ¿Cantaban juntos?

(21)  ¿Cómo era el libro? ¿Qué decía?

(22)  ¿Por qué pensó eso?

(23)  ¿No eran las mismas muchachas que había visto cuando estaba armado?

(24)  Hable de la modelo. ¿Cómo fue esa experiencia? ¿Le preguntaron por qué estaba ahí? ¿Les habló a los presos del libro? ¿Con quién habló del libro en los viajes? ¿Con los militares? ¿Con todo el mundo? ¿Hubo gente que lo alentó a escribir el libro?

(25)  ¿Qué pensaba hacer allà?

(26)  ¿Cómo así que revolcándome?

(27)  ¿Usted cree que lo vigilaban, que lo siguieron?

 

 

 

miércoles, 26 de agosto de 2015



Segunda salida-La Patagonia

 

El Putumayo... yo siempre que llegaba, llegaba a caía a la casa de mi mamá, que todavía estaba viva. Y yo tenía un sacerdote que era amigo mío, de Jumbo, él era español, y yo siempre que iba a él le gustaba ir con una grabadora a grabar, a él le gustaba mucho que yo cantara, le gustaba mucho oírme cantar, entonces él se llevaba una grabadora así como esa, y se ponía a grabar, cualquier el que uno quisiera grabar, no era yo solo, sino varios muchachos. Siempre me buscaba a mí para que yo cantara, para que yo me expresara, pero yo no era capaz de expresar los caminos, uno anda y a uno se le olvida, sí hombre me fue muy bien, y hasta ahí, bueno, llegué y salí y cogí por el Putumayo. Siempre yo salía por un retén que había en Cali porque eso lo arreglaron, en Cali había un reten en la salida de Cali y siempre yo me hacía ahí para pedir que me llevaran, el empujoncito, y es que de ahí siempre cualquier carro se lo llevaba a uno. Arranqué para el Putumayo, entonces yo en el Putumayo, en Puerto Asís, ya no me tiré hacía abajo por el río Putumayo, sino que me metí por acá por una parte que la llaman la Hormiga a salir a san Miguel.


Ya llegué a san Miguel (1), y como no tenía nada que hacer, ahí me puse de comedido en esas lanchas y cargaba una cosa y cargaba la otra, y una señora me invitó por allá para una finca, la finca era en san Miguel y por aquí por la orilla del río iba uno  y son puras fincas por el río san Miguel. Entonces esa señora (2) quería que yo me quedara en esa finca, que cuidándola, que me daba un terreno para que yo sembrara, pero yo no soy un tipo de estas cosas, yo soy un tipo de ciudad, yo que voy a ser capaz de coger una finca de esas.

 
CONTRABANDO
Entonces, ahí en san Miguel, ahí hay uno o había, no sé, unos tipos que llegaban por la madrugada y contrataban gente para que les ayudaran a pasar el contrabando. Ellos traían contrabando de aquí de Colombia pa el Ecuador, pa LAGO AGRIO. LAGO AGRIO queda por acá. Entonces, me contraté, porque yo quería cruzar, a mí me servía, que usted qué, que pa dónde va, en ese entonces no era tan malo eso por allá, y todavía no había salido esa droga el bazuco, que eso fue lo que dañó el Putumayo, porque ya la gente ya no cultivaba sino que ya empezó fue a sembrar hoja, coca, y eso fue lo que dañó eso por allá, porque eso era muy bueno por allá, hasta para vivir y todo. La gente, usted llegaba a Puerto Asís, y la gente salía era con bultos de yuca, de revuelto de toda clase, con comida, entonces, cogí y me dieron mi fotico,  y arrancamos por ahí a eso de las cuatro de la mañana. Caminamos hasta que nos internamos en la selva, ya una vez cruza el río, ya se interna en la selva del Ecuador. Y caminamos  por toda esa selva del Ecuador, más o menos, puede ser mas o menos hasta el medio día, cuando dice uno de los tipos, escóndanse, escóndanse que viene la guardia. Y entonces, yo como más novato, yo no tuve pa donde esconderme sino que me llené de un miedo y me quedé fue ahí. Cuando, si señor, aparecieron un poco de soldados y me rodearon así, y buscando por todas partes, y al tipo que me había contratado también lo cogieron. Entonces a mí me preguntaron que qué llevaba y yo dije que no sé a mí me echaron esta maleta al hombro y yo arranqué con ella  porque lo que yo quiero es irme para el Ecuador, entonces ya me preguntaron, usted que quiere ir a hacer al Ecuador, a que va por allá, no, pues yo quiero conocer, andar en el Ecuador, todo, eso, entonces, bueno, uno de ellos se quedó mirándome así y me dijo, si usted baja por allá vaya a Esmeralda, y ya después fue que me di cuenta que eso era un pueblo de negros, como decir Buenaventura, un pueblo así donde abundan los negros. Bueno, ahí hablaron entre él y el tipo aquel que me había contratado, no sé qué arreglaría, como que les dio plata, o algo así y seguimos. Cuando, ese día por la noche nos tocó amanecer por allá en una casa, una casa vieja, al otro día seguimos y fuimos llegando como a eso de las cinco de la tarde, porque antes de llegar ellos le pagaban a uno pa que uno cogiera su camino, y ya ellos seguían con su carga, a mí me pagaron, me parece que me dieron como cinco sucres, cinco o diez sucres.
 

ESPANTO
Bueno, seguí, ya llegué al pueblito ese de LAGO AGRIO (3), y ya pregunté que por dónde me iba yo para el Ecuador, entonces me dijeron que tenía que cruzar un reten que había ahí. Pa cruzar ese retén tengo que pasar cerquita ahí, y ahí mismo me detienen, pero yo no sé, me revestí de valor y pasé. Y yo esperaba que me llamaran, y un soldado que estaba ahí parao, me saludó, quiubo y me hizo así, como si me conociera y yo seguí. Ya adelante, ya tarde de la noche, no encontraba donde recostarme y ya cansao, con sueño con hambre, y no sé me encontré con un señor que venía también por la carretera, iba cargao como con un costalito, le pregunté que ahí en dónde podía pedir posada o que me dieran alguna comidita alguna cosa, y entonces me dijo que adelante había una casa que estaba sola  que porque ahí asustaban, entonces, dije, no, pues si asustan a mi no me van a asustar porque yo ando con Dios, y no hay poder más grande sobre la tierra que el poder de Dios, entonces me fui para esa casa y me agarré a gritar “Buenas Noches”, “Buenas Noches”, entrando, a ver si alguien me contestaba no fueran a decir que yo era un ladrón, entrándome..., entonces, me entré y ya viendo que no había nadie, medio entré así a un lado de la puerta y ahí me recosté. Cuando yo me estaba como quedando dormido, cuando yo sentía que era como si hubiera alguien en la cocina, movían platos, hágase de cuenta como cuando una mujer está lavando la cocina, así, movían platos y todo eso, y yo dije, no , aquí hay alguien en la cocina y ahí mismo me paré todo contento, que a buscar a que me dieran alguna cosita de comer, que tenía mucho hambre, y eso allá en la cocina no había nada, ni platos ni nada, solo solo solo, y yo dije, “si eres un alma en pena y me molestas a mi, Dios te condenara más, y si eres un alma en pena y te quieres salvar no me molestes a mi, y me dejaras a mi en paz”, y me recosté y hasta el otro día me quedé dormido.

 

PERÚ
Al otro día me levanté, y salí a la carretera y pasaba un carro de los que trabaja en las obras de la carretera, hágase de cuenta aquí como los carros del municipio, entonces le puse la mano, y me llevó muy lejos, siempre me arrastró mucho terreno pa adelante, y ahí me fui yendo, me fui yendo, hasta que me vi en Quito, ah, cuando me invitaron a trabajar  fue de allá pa acá, yo venía con un pasaporte provisional, bueno, seguí, por Iquitos, seguí derecho, porque ahí no me detuve, cuando me detuve fue cuando ya iba por.... que me detuve a trabajar, llegué a Waquillas, que es la frontera por Aguas Verdes, que es donde esta la frontera del Perú con Ecuador, entonces, allí, ellos tienen una vaina que ellos comercian con sucres y soles, entonces ellos al que quieren pasar lo pasan, y un señor, me dijo que si quería que él  me pasaba, y yo como tenía los sucrecitos esos que me habían pagao, yo se los di para que me pasara y entonces me pasó por la cabala  (4) esa, eso es una frontera, o sea que acá esta el puesto del Ecuador, eso ponen una guadua ahí y pasa uno, y luego ponen otra guadua donde está el puesto del Perú y por todos dos pasé. La otra vez que volví si me tocó pasar por el monte, eso es un desierto,  es difícil recordar bien, como son dos caminos por esos lados, los dos caminos los mezcla ahí, entonces seguí y por allá entonces conseguí un camión que me llevó, ya me fui yendo, a ver,  ¿qué me sucedió por ahí? Y llegué hasta Lima, en Lima me tiré por Desaguadero, (DE AQUÍ PASÉ POR AREQUIPA) esa es la otra frontera del Perú, pa pasar la frontera con Bolivia, eso es un caño así, por allá abajo pasa un río (Y ME LLEVARON EN UN BUS DONDE IBAN UNOS UNIVERSITARIOS)

 
—¿Todo ese camino es por selva?

 No, desde que usted cruza Waquillas ya de ahí en adelante es todo desierto hasta la Patagonia. Usted encuentra pedacitos de cultivos donde cultivan los indios porque por allá sí hay indios, puro indio, puro indio. Claro que si hay gente así, normal, ¿no es cierto?, pero mucho indio, mucho indio.  Por ejemplo, en Bolivia los indios se mantienen masticando coca, no comen sino que mastican es coca, que porque eso les quita el hambre, y en el Perú también. Waquillas es la frontera de Ecuador, de ahí pa allá es puro desierto. Uno camina mejor por el desierto que por la selva, eso tiene su carretera muy buena, ahí como le digo, hay partes donde hay agua, y hacen sus cultivos. Pero me fui muy adelante porque es que a uno se le olvida.

 
BOLIVIA

Yo llegué a una parte que se llama Puno donde hay un lago llamado Titicaca, un lago muy grande, y ese lago tiene un secreto muy grande, pues dicen que el cacique Titicaca se ahogó ahí con toda su fortuna, muy grande, en ese lago, y nadie ha podido sacar esa fortuna que porque dizque cuando van a sacar esa fortuna se vuelve una tempestad. Hay una iglesia en un sótano donde habían unas piedras que iluminaban lo más de bonito en el lago. La gente va mucho a visitar esa iglesia.

 

Bueno, ya llegué a desaguadero y entonces yo pensando que me iban a dejar ahí, en ese carro, yo me fui en un bus de Puno para allá, a ver..., sí, y eso iba con unos estudiantes, yo creo que estoy equivocado, que de Arequipa pase fue a desaguadero, que cuando yo pase por Puno fue en el otro viaje, bueno ya llegue, ahí con unos estudiantes, fue que yo cogí un bus ahí en Arequipa, que iba con unos universitarios, y llegamos a desaguadero, y no se si fue que esos universitarios me ayudaron, ¡Ah, yo me metí en la parte de atrás del bus!, cuando vinieron a revisar, claro que allá en la frontera hay que bajarse porque hay que pasar el rió, pero acá había un reten que parece que es el más fuerte, donde revisan, y ahí me metieron, y yo me fui ahí como agazapadito, y quédese quieto y pasé.

 

Ya en desaguadero la cosa no fue tan fuerte, ¿no es cierto?, ya pasé al otro lado, a Bolivia, ya crucé la frontera de Bolivia, ya de ahí a la Paz es cerquita, pongámosle por ahí una hora, entre media y una hora, la Paz es una parte alta que eso tiene acá, allá arriba es un morro así, por ahí por donde pasa la carretera, y de ahí tiene uno que coger para abajo, la Paz se ve allá abajo, como un hueco allá abajo, y toda la montaña es rodeada de hielo, eso hace un frío, pero impresionante. La paz es alta, pero desde la misma montaña se ve abajo. No le digo que toda la montaña es puro hielo, haga de cuenta como cuando usted ve el nevado del Ruiz, como los farallones de Cali que rodean todo Cali, y la carretera viene aquí y sube, y luego empieza a bajar. En ese momento yo no bajé a la Paz, sino que de ahí me dijeron por donde me podía ir a Oruro, que es la frontera con Chile.

 

Yo arranqué y cogí el camino para allá, y llegué a un pueblito, que son como ranchitos en el desierto y ahí a la parte de afuera del desierto un muchacho me dio posada y dormí ahí, el muchacho tenia su señora, y al otro día salí a la estación del tren, para buscar un medio que me llevara para la frontera de Chile y el medio que mejor encontré fue el tren, entonces a mi me dijeron que me tirara en un vagón de carbón, en un carrito de esos de carbón que eso nadie lo revisa, entonces me tire e iba mas contento, contentísimo, iba a cruzar la frontera, cantaba y todo, feliz de la vida, cuando, yo iba así acostado, y yo vi arriba como haga de cuenta como esa nube, como usted ha visto eso hall mentoliptos, que echa un viento juuuuuu, así, una nube, así yo vi esa nube así, y cayo una brisita, entonces yo siempre, escuchaba así gritos, ¡¡viaja!!, ¡¡Dios hay!!, ¡¡Dios hay!!, gritos que se escuchaban como entre los rayos, como entre la lluvia, como entre el viento, así, escuchaba yo esos gritos, yo no sé si los demás los escuchaban o no los escuchaban, bueno, ahí yo escuche, bueno, salía como de allá, como de entre las nubes, un grito que decía “¡No morirá!”, “¡No morirá!”, claro que yo no estoy diciendo que…, sino que yo oía eso como algo alucinógeno, pero yo no iba drogado, yo si tenía momentos en los que fumaba mariguana, que me encontraba por ahí, hippies que le daban a uno de eso, yo cogí el vicio acá en el colegio (6), pero es muy difícil de encontrar eso, y mucho menos sin plata, y mucho menos uno que no tiene relaciones por ahí con la gente, si acaso irá uno por ahí y dame un toquecito, y tatatá, yo iba en sano juicio cuando yo vi la nubecita esa y caía como una brisita, pero el agua por allá  cuando llueve, haga de cuenta como si a usted le tiraran como una bracita que lo quemara, del mismo hielo, puro hielo, fía, fría, totalmente fría, le cae a uno la gotica y eso es helado, helado, eso le pica a uno ahí mismo, la siente uno como chuzoncitos, es que la montaña es puro hielo, eso es frío, frío, horriblemente frío, cayó la brisita, y adelantico paró el tren. Ya habíamos andao bastante, uff, y adelantico paró el tren. Cuando, el tren que para y eso fue como cosa instantánea, mejor dicho, el tren paró y ya estaba eso rodeado de soldados, ese vagón, apuntándome con esos aparatos que ellos tenían ahí, uno por aquí, otro por aquí, otro por allá, otro por aquí, y rodeado yo de soldados, que “¡pa donde va!”, que “¡bájese!”, me decían un poco de cosas ahí, bueno, me bajaron, y ahí me pusieron las manos atrás, me las amarraron, “que pa donde iba”, que yo no se qué, entonces, unos decían, “hay que matarlo, hay que matarlo”, y yo todo asustado, desesperado, qué voy a hacer, qué voy a hacer, pensaba yo dentro de mí, porque yo no era capaz ni siquiera de hablar, cuando apareció el que los mandaba a ellos, entonces, ya se puso a conversar conmigo y me preguntó —yo oía cuando le decía a los otros soldados “este es de los yunguillas”, pero los yunguillas como que es un pueblo de Bolivia donde hay gente de la raza mía,—, entonces ya me preguntó a mí, y yo le dije la verdad, que yo venía andando, yo tenía monedas de Venezuela, de Ecuador de Colombia, moneditas, a mi me gustaba tener moneditas y yo las iba guardando en la mochilita con la que yo andaba, entonces, me dijo cómo hacía él para saber si yo venía andando, como yo no cargaba papeles, entonces ya yo le mostré las moneditas, monedas que yo he pedido por ahí y me las han dado, por los países por donde yo he andado, y él ya las miró, entonces me dijo, “vea, con usted vamos a hacer una cosa, este muchacho”, ahí tenían otro muchacho, “él sabe cruzar por aquí, porque de ahí para allá”,  eso era frontera con Chile, “eso es campo minao, y si se va por la carrilera se muere, si no lo cogen los de Chile alguna bomba se le estalla, entonces se va a ir con este muchacho, pero eso sí, si se le devuelve lo matamos, si lo encontramos lo matamos, no respondemos por usted, porque no...”.

 

Bueno, listo, arrancamos con el muchacho y me dijo, donde yo piso pisa usted, y tenemos que irnos corriendo y tenga cuidado no vaya a pisar un alambre, pero no me dijo más, y donde el pisaba pisaba yo, y dele y dele y dele, iba cayendo  la noche y yo ya no alcanzaba a mirar y dele y dele y dele, cuando más adelante, yo no sé si fue que yo no pise donde él pisó y yo me enredé en un alambre, pero yo no fui bobo, porque yo no jalé el alambre sino que me tiré y me quedé así quieto, y le dije hey, hey me enredé en un alambre, me enredé en un alambre y me dijo cuidado, no se vaya a mover, no se vaya a mover porque lanza la alarma y ahí mismo vienen y nos recogen, y ahí mismo vino él y me quitó ese alambre y seguimos.  Bueno, ya llegamos adelante, ya de noche llegamos a Arica. El viento silbaba, el viento hacía pssssssssssssssss, huuuuuuuuuuuuuu, el viento no es como el viento aquí porque el viento trata es como de arrastrarlo a uno y silba, silba, y eso lo coge a uno como si tuviera  pelos de hielo aquí, aquí y aquí, frío, frío por aquí. Entonces me dijo, hasta aquí llegamos, después de que pasamos el campo ese, porque en Chile como que acostumbran minar las fronteras, Chile es un campo minado, es muy peligroso por eso. Ya usted por su lado y yo por mi lado. Bueno, yo le di las gracias y hasta luego.

 

CHILE

Ya yo me quedé ahí, me senté, allá estaba Arica, pero yo no me atreví a ir a Arica porque me daba miedo. Entonces yo me quede ahí pensando, y me sentía casi encalambrao, ese Oruro es un volcán, el volcán de Oruro, un volcán demasiado peligroso al que ellos le tienen mucho miedo, y al otro día fue que yo lo vi, eso es alto allá, y la orilla de ese volcán es como congelado, pero se mantiene en constante lanzamiento de cenizas, humo, haga de cuenta como si salieran nubes del volcán. Entonces esa noche cogí y arranqué todo triste (7) a caminar, caminar, caminar. No me voy a ir por la carrilera porque de pronto me pasa algo, ya con miedo porque las bombas y eso estaba minado, bueno, pues ha de creer que me perdí, me perdí en ese desierto, ya al otro día cuando amaneció ya no supe ni por donde andaba, eso son puras montañas, montañas y cae uno abajo, y vuelva y tiene uno que caminar con cuidado porque eso son, uno ve el suelo así normal, de arena, pero eso son capas de sal que se hunden, huecos profundos, entonces uno tiene que caminar con mucho cuidado y ese hielo corta, son unas puntas que parecen navajas y es un hielo con sal, hielo muy duro, ya seguí caminando, pasé ese día, llegó otro día, fue ya la  sed y el hambre las que me fueron desesperando, y yo todo desesperado, aquí los labios se me partían y me brotaba la sangre, y me chorreaba la sangre, bueno ya yo caminaba de  un lado pal otro, de un lado pal otro, no me resistía, no me aguantaba yo parao, y como a eso de las seis, ya oscureciendo, había caminado como dos días y medio perdido, ya eran como las seis, porque allá las seis vienen siendo como las dos de la tarde, por ejemplo, cuando aquí está oscuro, allá vienen siendo como las dos de la tarde, la hora cambia, entonces por ejemplo cuando usted ve el sol arriba que son las nueve de la mañana, allá son las seis, y así es el tiempo allá, muy diferente, y entre más baja uno allá, más se va alargando el tiempo, el tiempo se va alargando, entonces ya desesperado cogía una montaña y me fui rodando, ya no era capaz, no me sentía capaz de pararme porque el tiempo era poquito, no cierto, para uno debilitarse tanto, pero el caminar en la arena, y como todo lo que uno respira es arena, arena, arena, todo eso lo va llenando a uno de arena, y los pies haga de cuenta como un garrote, uno los siente, porque la arena de día es caliente, pero de noche eso se pone como un témpano de hielo, eso es frío, de día y noche, el sol pica, pero frío, horriblemente frío, mas frío que pasto y más que Pamplonita que es lo más frío que yo conozco por aquí, más frío que pasto, y eso es 10 veces más frío que Pamplonita, y entonces, yo caía allá, y había rezao, y suplicao, y mejor dicho la arena lo tapa a uno, no había necesitado entierro porque la arena lo tapa a uno, porque eso es un bajío allá, entonces yo llegué, hombre Jesús, hombre, por qué me trajiste a morir acá, con tanto sufrimiento, y no se de donde saqué fuerzas y continúe, y subí, subí, subí la montaña otra vez y empecé a bajar como rodao, rodao, rodao, cuando llegué encontré una casa adelantico, del cansancio o del sueño yo me recosté, porque la casa estaba rodeada de arena, y ahí caí como desmadejao, y entonces yo me acuerdo que yo me acosté, y era tratándome de dormir, como cuando a uno le da esa pesadilla, que los ojos son como así entreabiertos, así, uno ttrrata, ttrata, pero los ojos no se le cierran, así, y entonces en ese momentico yo vi una lucecita  que venía bajando, bajando, como a cerrarme los ojos y yo sentía que era como el diablo que venía, y yo sentía que era como el diablo que venía a cogerme y yo trataba de empujar esa lucecita, tratándola de esquivar, y empecé en el mismo sueño, en el mismo sopor que tenía, Jesús, Jesús, Jesús, y entonces se quitó la lucecita y me quedé dormido. Al otro día, esa casa  era como un colador, como si hubieran encendido esa casa a bala, la casa era de tabla, era como un poco de huequitos, yo no se si sería de pronto una mina, o que sería eso, bueno, arranqué y salí y empecé a caminar, a caminar, a caminar, cuando encontré una montañita así y a la parte de abajo vi la carrilera, y ahí mismo cogí para la carrilera corriendo.

 

(CALAMA) Empecé a caminar por la carrilera y adelante había como una estación, entonces llegué ahí a esa estación y llamé, buenos días, señor, y ahí mismo salió, que tengo mucha hambre que deme algo de comer y ahí mismo sacó una cajita de sardinas con pan, y desayune esa cajita de sardinas con pan y me dijo, váyase, váyase, adelante había una estación del tren, bueno, ese señor me dijo y me dio un trapito rojo y me dijo, cuando vea el tren póngale la mano y muestre este trapito rojo que el tren le para. Si señor, así lo hice, el tren paró, pero ahí me detuvo la Interpol, ya me subí al tren, me acomodé, cuando yo que me acomodo y quieto ahí, usted de dónde viene, que no se qué, bueno empezaron a investigar, y hablarme cosas, a investigarme cosas, ahí me llevaron a una ciudad que ellos dicen que se llama Calama, y empezaron a investigarme y bueno, como que no encontraron lo que ellos buscaban en mí, no se que querían que yo les respondiera, me preguntaban y me preguntaban, entonces de allí me pasaron,  me llevaron a una estación del ferrocarril y yo no sé, y de esa estación me llevaron como a un criadero de caballos y ahí me torturaban, me pegaban patadas, y a ese señor que me había dado las sardinas también le estaban pegando allá (8), me preguntaban que si conocía ese señor..  Y a mí me daban vuelta por una casa y cuando menos pensaba salía un soldado y ¡pum! la patada, y me preguntaban que no se qué, qué de donde venía, que qué estaba haciendo, y bueno, cuando ya pasó, y me dejaron, me vendaron los ojos, a mi siempre me llevaban con los ojos vendados, me amarraban un trapo en los ojos, y me llevaron otra vez como a la estación porque yo por el rabillo del ojo miraba,  ahí me metieron dentro de una bañera, entonces fue la primera vez que me dijeron que a mi me quería la naturaleza, me dijeron: a usted lo quiere la naturaleza, zambo es como le dicen a uno, zambo, a usted lo quiere la naturaleza, y por eso usted va a vivir mucho, me decía.

 

En ese entonces estaba Chile en problemas con Bolivia, porque estaba  en proyecto quitarle el mar y el cerro del cobre que es un cerro que tiene Bolivia por Arica, y estaban en el problema de Salvador Allende, lo que pasaba con Salvador Allende en ese entonces todavía existía el escudo, según me cuenta a mi, yo digo lo que me decía la gente del camino, lo que pasaba con Salvador Allende, y me contaban los propios chilenos, me contaban que él le daba todo el gusto que quisiera la gente, le hacían una huelga y le pedían tal gusto, y les daba ese gusto, entonces para complacer el gusto de la gente todo lo puso caro, extremadamente caro, tanto es así que para pagar un bus urbano, yo no lo pagué, yo no sé si para comprar un confite había que pagar un millón de escudos, a mi me decía la gente, pero que para poder pagar cualquier cosa había que tener un millón de escudos, ese era uno de los problemas que tenia Chile,

 

PRIMER VIAJE  (9) de ahí me llevaron a una casa, como a unas oficinas, ahí me encerraron en un calabocito donde amanecí, recuerdo que me traían unos sanduchecitos ahí, al otro día, las horas son muy distintas, las seis de la mañana aquí vienen siendo como las nueve de la mañana, mejor dicho el tiempo allá es muy distinto, el horario, y entonces, me llevaron allá y de allí, de esa oficina me pasaron a los servicios secretos que fue que me pasaron al ejercito a los cuarteles del ejercito, entonces me llevaron y allá me tuvieron como medio día y me preguntaron unas cosas, como había llegado, entonces les contestaba lo que yo sabia, y después me llevaron a una casa como sola, eso era como un ranchito, me sentaron en una silla y me pusieron una cosa de hierro  y aquí me pusieron un botoncito y me ponían corriente eléctrica. En la frente, era una rueda, como una corona, hágase de cuenta una rueda de hierro. Me preguntaron que cómo había llegado, que cómo había hecho para cruzar la frontera, que la frontera no la podía cruzar nadie porque la frontera era un campo minado, que qué había ido a hacer, y que por qué no cargaba documentos, y me pusieron como dos o tres veces eso, que era una descarga terrible, eso era horrible, horrible, horrenda, a lo que ponían eso yo me sentía como si me fuera a morir, era como le pegaran a uno, una cosa espantosa, horrible, horrible. De ahí me llevaron, no, de allí me llevaron fue que ahí me llevaron el tren, un tren al que llamaban el tren de los peronistas allá en Chile, no se qué ciudad sería esa, en todo caso de ahí para allá,  ver, a mi me transportaron por la noche, hasta por allá paramos con ese frío que hace, en Chile hace mucho frío, y me invitaron, yo siempre iba con los ojos vendados, me invitaron a una taza de café, y yo miraba por el rabito del ojo, y eso era como desierto, no me acuerdo cómo fue que yo amanecí, pero en todo caso al otro día me llevaron fue donde un señor que estaba todo vestido de blanco y ahí fue donde me dijeron que me llevaban dizque a los servicios de inteligencia. Es que a mí siempre se me olvida alguna cosita. Allí me llevaron como a un desierto, yo siempre estaba con los ojos vendados, yo vi que ese señor estaba todo vestido de blanco, me metieron a un calabocito, eso era como debajo de unas escalas, para uno meterse allá tenía que acurrucase bien, y casi ni las manos las podía mover ahí porque eso era oscuro, oscuro, oscuro, oscuro, eso no se veía nada, absolutamente nada, y ahí me tuvieron como por espacio de una hora más o menos. Y de allí es donde le digo que me transportaron a ese pueblo que le estoy diciendo. Yo no sé cuál pueblo porque siempre andaba con los ojos vendados. A mí me abrieron los ojos cuando estaba dentro del cuartel, que era un cuartel militar. En el tren que me transportaron le decían el tren de los peronistas porque cuando existía Juan Domingo Perón ahí dizque transportaban a los peronistas. No sé qué clase de tren era ese, pero cuando iba en el tren me quitaron la venda y me la volvieron a poner cuando nos íbamos a bajar. Al otro día me presentaron a unos señores, me llevaron a una pieza por allá sola, yo estaba con miedo, con todas las cosas que habían pasao, entonces ya eso señores me trataron muy familiarmente, muy cordialmente, que por qué no me quedaba trabajando con ellos, y yo les dije que no, que yo quería regresar a Colombia, eso según entiendo eran altos mandos militares, era gente de alto rango, como se dice, no se yo quienes eran, como cuando yo pedí el último deseo, que fue mucho más adelante, el militar era de apellido Camacho, y el me decía —aquí Benjamín pone una voz cavernosa— me decía Caaamaaacho, en Santiago de Chile. Pero eso fue mucho más adelante, pero ese siempre iba vestido de soldado como un alto mando. El tenía su respeto y toda esa vaina, demostraba lo que era, ¿cierto? Pero con estos dos señores no porque estaban de civil, entonces yo no puedo decir que ellos eran esto o aquello. De ahí me llevaron a Calama y allá fue donde me metieron a la bañera y de ahí me devolví hasta abajo hasta la Patagonia, y no volví a saber nada más de esa gente.

(ESTO FUE LA PRIMERA VEZ QUE FUI CUANDO GOBERNABA ISABEL MARTÍNEZ DE PERÓN, Y ANDUVE EN EL TREN DE LOS PERONISTAS. RECUERDO QUE ME OFRECIERON TRABAJAR CON ELLOS PARA ENVIARME PARA ESTADOS UNIDOS. FUE CUANDO SE ESCUCHÓ QUE HABÍA MUERTO LETELIER (10) EN ESTADOS UNIDOS. DE AHÍ ME REGRESARON POR EL PERÚ (11)

Cuando ellos me soltaron yo me devolví de Chile para abajo en un tren que pasó, me metí en un vagón de carga y me devolví, ya se seguí yo y no me volvieron a decir nada, yo no volví a ver carabineros, ni nada de esas cosas, entonces seguí a Santiago de Chile, ya en Santiago (12) cogí carro para abajo, eso es muy frío, desierto, todo es desierto, hay partes donde hay selva, pero pedazos pequeños, Chile no tiene acabadero, porque Argentina termina en la Tierra del Fuego, pero Chile sigue. Mejor dicho no tiene final, según como dicen ellos, que yo no entiendo, entonces llegué hasta una parte que llaman que la Patagonia, bajando por Chile pa abajo, yo la mira mía era conocer Punta de Arena en la Tierra del Fuego, pero eso por allá sí es muy frío, y eso no le da a uno, uno se va como ahogando, falta la respiración, los zapatos son como una suela, y todos forrados con pelo de llama, o de oveja, todos los zapatos forrados, eso es muy frío, allá en la Patagonia lo que comen es carne de oso blanco, uno oso que cazan muy bonito y carne de ballena, lo mas que comen es carne de ballena. Por allá vive gente y se amarran unas cosas así que uno no les ve la cara, como unas mascaras, que ellos no usan como mascara sino por protección, o más que todo moda de ellos, la nariz es helada, helada, helada, ya yo vi que no era capaz de seguir y me regresé. Yo llegué y ahí mismo me devolví de una, no soportaba no aguantaba el frío (13).

 

Yo llegué hasta un pueblito que me dijeron que era la Patagonia y hasta ahí llegue, era un pueblito de gente muy humanitaria, bueno, yo les caí muy bien, muy solidarios. Ahí a la orilla del mar, hay una playa en donde sacan las ballenas y ahí les sacan los huesos, la manteca, a la ballena como que le utilizan casi todo, la carne de ballena es como comer carne de res, pero con sabor a pescao, se parece a la carne de res porque es casi una carne, no es como el pescao que es blanco, la carne de ballena es como me gusta, haga de ver un pedazo de carne, pero con sabor a pescao. 

 

Yo llegué hasta la Patagonia, yo quería ir hasta Tierra del Fuego, pero no pude. El frío, mucho frío, los días son más largos, yo me gasté en esa travesía desde que salí de la casa por ahí año y medio. Yo siempre en toda parte ha sido lo mismo, yo llegaba por ejemplo a una casa sola por ahí y pedía, que me regalaran algo de comer, pedía posada o me acostaba en los rastrojos, o donde podía, pero Chile tiene una cosa, el chileno es muy humanitario, no sé, si será porque lo que ellos dicen, que en Chile no hay negros, pero que negro que va a Chile es bien recibido. Y yo no vi negros allá. En toda parte usted nota la diferencia de la gente, aquí en Medellín nota la diferencia, y usted pasa a Anserma y nota la diferencia, o pasa al Valle y nota la diferencia, usted pasa a la costa y nota la diferencia, donde usted vaya nota la diferencia en el habla, en la forma de dirigirse, en todo, se nota la diferencia. A mí el país que más me ha gustao, el que más me ha fascinao es Brasil. Es que Brasil es increíble, un país como lleno de libertad, donde uno no está como marginao, donde uno no se siente mal, uno se siente no sé, a mí gustó mucho, la gente muy alegre, por ejemplo Bahía es una ciudad extremadamente alegre, en Nazaret, que no pude ir, que las casas están encima del mar, claro que la ciudad que sí es extremadamente bonita es Río de Janeiro (14), esa avenida Dutra que es la que va de Río de Janeiro a Sao Paulo es hermosísima, y de Sao Paulo una que se llama la ancheta que es la que va de Sao Paulo a ciudad du santos Brasil que es donde vive Pele, esa también es muy bonita, siendo Sao Paulo la ciudad más grande es mucho mas bonito Río de Janeiro.

 

De subida caminé bastante  tiempo, pero más adelante me conseguí un carro que me trajo hasta Santiago, y de ahí ya me fui viniendo lo mismo, normal, lo que me extraña es que nunca me volvieron a parar en ninguna parte, y llegué otra vez a la casa.

 

(EL REGRESO) Me regrese, por donde me vine, entre a La Paz. Yo alcance a llegar hasta allá por los carros, mucho camión. Uno en toda parte, en Brasil, en la selva encuentra tanto muchachos, como muchachas, por ejemplo en el Brasil una vez llegue tarde a un pueblo. Amanecí esa noche ahí. Al otro día me fui con un señor a cargar unas cosas de pasto, que arrancan el pasto para llevarlo a sembrar, y me dejó en el pueblito, y entonces salieron un poco de pelaos a pegarme y estábamos ahí agarraos y entonces salieron un poco de señores diciendo que dejen ese pobre, que no se qué, defendiéndome a mi, una de las cosas que a mi me parecieron extrañas, como usted ve que le están pegando a un man y usted viene y dice dejen ese man, que porque le van a pegar, el man defendiéndome a mi como si yo fuera amigo de él, y yo me imagino que el señor era de ahí y ahí mismo le hicieron respeto, y así le pasaron a uno muchas cosas.

 

(DE LA PAZ A PUNO) Ya llegué a Bolivia y de allá pa para cruzar la frontera de Chile me encontré con unos contrabandistas, contrabandeaban en el tren, entonces esa gente me ayudó a cruzar de Chile a Bolivia, a Oyague,  ahí conseguí un carrito y me llevaron a la Paz. Ya en la Paz caminando, sin nada que hacer, cuando salió de pronto un soldado, un policía, bueno, como dice el dicho, se me parchó,  entonces empecé a caminar con él pa arriba y para abajo, él andaba como vestido, pero no se si estaba armao, pero no me daba impresión, uf, anduvimos bastante, me llevo a conocer muchas partes, me invito a comer, bueno, entonces me decía, yo ya había oído hablar de los Yunguillos, pero este señor era encarnizao que yo me fuera para los Yunguillos, yo no sé dónde era eso, yo no lo conozco, él decía que era por la salida de Brasil, pero menos me iba a ir yo para allá, pero entonces que si, que me fuera para las Yunguillos, que allá estaría muy bien, pero yo le dije que yo me devolvía por el Perú, porque yo por el Perú me vine.

 

Recuerdo que yo estaba en Bolivia, en la Paz, y estuve andando con un policía que andaba sin arma ni nada, muy amigo y conversábamos largo rato, y me pidió que fuéramos a los yunguillas, eso queda en las fronteras con Brasil; yo le dijo que no, que me quería regresar, y de un momento a otro se despidió, y al momentico me cayó la guardia de Bolivia y me encerraron; ya de ahí preso hasta que me entregaron a los peruanos. Como le decía la otra vez, que veníamos conversando en el carro y me preguntaban (15) que yo qué pensaba del mundo, que no se qué, que todas esas cosas, y yo dije, vea hombre, es que el hombre estudia  tanto y tiene tantos problemas que al final se va a salir enloqueciendo y se va es matar por  eso por el poder, por el dinero, por la riqueza, y se van a salir matando, ese va a ser el final del mundo.

 

De un momento al otro el hombre se despidió, y bueno, hasta luego, hasta luego, y el que se despide y ahí mismo que me caen los policías y buen, tan, me llevaron y me encerraron por ahí con unos cuarenta personas, ahí estuve, no me acuerdo, tres o cuatro días, cuando me transportaron de ahí para Puno, allí en esa celda ahí donde estuve fue donde me contaron y me dijeron que yo dizque me parecía mucho al Che, que porque yo andaba mucho, y que el Che había ido a morir ahí, a Bolivia, yo no sabia eso, ¿y eso si es verdad?,  ahí escuche yo eso, y que pasearon en helicóptero su cuerpo, bueno, llegue a Puno  y entonces los bolivianos me pasaron ahí donde los peruanos, entonces los peruanos  me recibieron, pero cosa extraña, un tipo sin papeles, estos ya me invitaron fue a tomar champaña, y bueno, y ya trajeron la botella  de champaña y la destaparon y que yo me sirviera, como yo estaba bien atolondrao y por allá, yo me servia era por vasaos, taque, yo tomaba eso como tomando agua, y esa champaña eso sabe es como dulce, eso no se siente, entonces la PIP, que es la policía del Perú, policía de investigaciones del Perú, entonces me pegue la emborrachada ahí, y entonces me preguntaron, yo me cuerdo mucho, porque me preguntaron varias veces, usted que piensa del mundo, usted es que piensa que el mundo se va a acabar o que es lo que piensa del mundo, entonces yo les dije, vea, lo que va a  pasar con el mundo es que el mundo se va a volver loco, los unos porque quieren mas, otros porque quieren mas, y los otros porque quieren mas, entonces se van a matar por el poder, por la ambición del dinero, por querer tener siempre mas, entonces como que les gusto eso que yo les estaba diciendo ahí, y  (fin cassete )

 (AQUÍ PREGUNTE)

Habíamos quedado que los bolivianos me entregaron a los peruanos, entonces ahí fue donde me invitaron a mí a tomarnos unos  vinos, de champaña, y me pusieron a mí a que les sirviera y yo tomaba de eso, entonces yo cogí un carro de Pip —policía de investigaciones de Perú— y me bajaron a Puno y ahí me encerraron en un calabozo horrible de feo lleno de pulgas, mejor dicho un tierrero la cosa más impresionante, y a un muchacho lo cogieron y lo amarraron y lo colgaban de un palo y le preguntaban cosas, ahí me detuvieron y de ahí me llevaron, nos fuimos por todo el desierto y había un invierno que hasta el carro se pegaba, y la niebla le caía al vidrio, al  parabrisas del carro y casi no podía mover las plumillas porque el hielo no lo dejaba, esa escarcha blanca no lo dejaba. Eso era en Puno, a la orilla del lago Titicaca. De ahí nos fuimos  para Lima, a los cuarteles de la policía de Investigaciones del Perú, y bueno todo era normal. Una vez dicen que habían llevado dos muchachos, yo no sé porque yo no estaba allá si era cierto, dizque los hijos de Velasco Alvarado, conversaron conmigo y todo, ellos tomaban droga y una vez dejaron un paquete de drogas ahí y yo cogí y me tomé un poco de pastillas, y esa vez hasta tuve un sueño todo raro, que iba por una laguna así rodeando una laguna y delante de mí iba Jesucristo, y yo era así por alcanzar a Jesucristo y Jesucristo adelante, adelante, y cuando de un momento a otro yo me fui como metiendo a la laguna y en esas que me fui metiendo a la laguna, como que desperté, pero yo estaba tomando y me tomé todas esas pastillas, entonces me dicen que fue que me dieron algo porque yo lo que estaba era intoxicado. Ellos era unos jóvenes a los que les entraban pastillas. Bueno…, entonces una vez entraron un señor que dizque era hermano del presidente, yo no se, Velasco Alvarado era el presidente del Perú, le estoy hablando de Lima y vamos para la guerra que existió allá, fue una guerra pavorosa, ya vengo de subida, devolviéndome, a mi me devolvieron por una frontera que yo no se qué frontera era, Desaguadero es como un caño ahí, y uno cruza por ese caño y tiene que pasar por un ferry o algo así.

 

 Entonces de allí me llevaron a Puno y de ahí a los cuarteles. Esa noche que vino ese señor le traían de todo, seviche de todos los seviches, allá hay seviche de concha negra, seviche de pejerrey, que es el seviche común que usted lo ve vendiendo por ahí en las  calles, en los restaurante, en todas partes, es un seviche que lo hacen de un pescaito que se llama pejerrey, eso lo cocinan es a punta de limón y picante, es extremadamente sabroso ese seviche, pues a mí me pareció, y otra cosas que comen mucho allá es el lomo saltao… Bueno, de ahí esa noche le traían esas comidas y le traían trago, ese señor era tratado como una gran personalidad, lo que él pidiera, tenga, tenga, tenga, y él repartía todo eso a nosotros que éramos los presos, que éramos bastantes. Ese era como un sitio donde llevaban más que todo gente de emigración, pero allá metían de todo. Ese día antes de llevar ese señor, un guardia me dijo, yo lo recuerdo mucho que él estaba así como sentado, me dijo, oiga, usted tiene algo muy hermoso, algo que no tiene ningún hombre en la vida —le tiembla la voz—, y es que a usted lo quiere la naturaleza, a usted lo ama la naturaleza, y dele gracias mi Dios, que a usted lo quiere la naturaleza, me dijo ese señor, no se por qué me diría eso, bueno, esa noche que le digo con este señor, bueno, paso la noche, cuando al otro día se armó la gorda, la Pip, ellos estaban en ese proyecto, Pip, el Apra… es un partido político, todavía existe, esos partidos políticos no se acaban, y entonces la Pip o las armadas le estaban  pidiendo no sé qué cosas al presidente Velasco Alvarado, y el presidente, ellos le pidieron eso por la mañana, yo me acuerdo que ellos elaboraron un acta, una carta, en todo caso mandaron eso por la mañana, entonces, en todo caso el presidente les mandó a decir que por ahí a las tres de la tarde les resolvía ese problema, y a las tres de la tarde como que el presidente les dijo que no les iba a resolver ese problema, que hicieran lo que les diera la gana. El día anterior, el ministro salió, el ministro de guerra, amarrándose una correa, yo recuerdo todas esas cosas, y yo en mi pensamiento me digo que esa correa tenía algo que decir, tenía algo que decir, y a las tres de la tarde sucedió que mataron al ministro de marina, y la Pip, el ejercito y la policía se abrió de las calles; en las calles usted no encontraba ni un policía, ni un soldado ni de la defensa civil, usted en la calle podía hacer de todo, ¿qué pasó en ese momento?, el vandalismo, la gente rompió vitrinas, la gente rompió joyerías, la gente corría con viajes de joyas que no los podían ni cargar porque tenían que, manojos de joyas por la calle, con una o dos neveras, dos televisores, corriendo por las calles, eso fue cierto, esa fue la guerra del Perú, y yo estaba en la cárcel cuando eso, pero usted sabe que uno allá todo lo sabe, es que para romper una vitrina tiene que ser que no hay ley, de ahí que la correa era porque iba a estallar la guerra, porque iba a estallar  esto, entonces, ya sucedió que ya la policía o el ejercito se paraban de una esquina para acá y de una esquina para allá boleándole candela a todo lo que pasaba, le daban candela a todo lo que se atravesara, y entonces apareció, ahí fue donde estalló la guerra más pavorosa, que eso empezó como más o menos ese día que le digo de ese señor, más o menos, el mismo señor nos lo dijo, muchachos ya va a estallar la guerra. A la pregunta de entre quiénes era la guerra él contesta que “usted sabe que esas cosas uno no las sabe… lo que pasó fue que salieron a la calle a dar plomo, como salir a aquí la policía  a darle plomo a todos, según cuentas, tal vez, derrocar el presidente, o según cuentas, porque a mí me decían, era la guerra en la que querían acabar con la gente negra, la gente de color negro, eso me lo dijo fue la Interpol (GENTE), que eso más tarde en un libro que ellos tienen, que ese fue uno de los deseos que ellos me dieron, leer el libro ROJO de Chile, como leer el libro sagrado de aquí de Colombia, eso no lo lee cualquier persona, los libros donde está apuntada la guerra…, todo, la historia de un país, eso no lo lee cualquier persona, a mi me lo dieron, ese fue un deseo que me dio la Interpol, uno de los deseos que la Interpol me dio, pero eso más adelante, eso me sucedió más adelante, cuando le digo que yo pedí el último deseo. Y entonces, esa guerra llegó a tal punto que el toque de queda era todo el día y toda la noche, no daban sino una hora para que la gente saliera, salía la gente, compraba lo que podía y tin otra vez para la casa, una hora, a las once de la mañana, en Lima, Perú, esa fue la guerra del Perú, a mi me toco ver cuando ahí al frente, nosotros teníamos un balcón para ahí arriba, y ahí al frente quedaba la embajada de los Estados Unidos (16), ahí yo no sé, si eso sería una bomba, en todo caso apareció una candelada, eso no se quemó, lo controlaron, pero eso fue una llamarada terrible, al frente había un edificio, el Sheraton, y ahí hicieron el tercermundista, ¿usted ha oído hablar del tercermundista? El tercermundista fue la reunión de países aliados, y otros países aliados, África y todas esas cosas, ahí hicieron esa reunión del tercermundista, eso fue antes de la guerra, después de la guerra, yo en todo caso no me di cuenta de cuando derrocaron a Velasco Alvarado (17), yo ya había salido del Perú y tampoco me di cuenta cuando el estallido de la casa de la moneda porque yo cuando eso, yo no sé si en el transcurso del tiempo, en todo caso fue en el transcurso de esa guerra el estallido de la casa de la moneda, tampoco me di cuenta de eso. Según, porque yo tampoco me di cuenta bien de eso, yo estaba allá en un edificio altísimo, lo que alcanzaba a ver, dice en el libro que yo leí en la Interpol, que ellos se metieron allá, y que ellos se metieron a salvar la gente del color mío, los negros, con tanques y todo, y como que se metió Chile e hicieron lo que quisieron allá en el Perú, ya cuando pasó eso, entonces fui a la embajada y en la embajada me dieron un pasaporte provisional, este pasaporte provisional constaba de que yo tenía que cruzar el Perú y el Ecuador en 24 horas, para estar en Colombia, y yo lo logré.

 

Miércoles 23 de mayo de 2001

Yo entré al país por Tulcán, ya vine bajando por Tulcán, Pasto, y de ahí para la casa, ahí es donde yo no estoy seguro, pero ahí fue donde sucedió esa tragedia en, no sé si fue la de Armero, y luego la de Popayán, yo estaba en la casa cuando esas dos tragedias. Entonces, ya llegué a la casa y de ahí cogí la camiseta. Estaba ese movimiento cívico en Cali,

 

Preguntas

 

(1)   ¿Cómo es San Miguel?

(2)   ¿Quién era la señora, cómo la conoció?

(3)   ¿Cómo es Lago Agrio? ¿Por qué se llama así?

(4)   ¿Qué es la “cabala”?

(5)   ¿Usted estuvo en el lago Titicaca?

(6)   ¿Cómo cogió el vicio? ¿A qué edad?

(7)   ¿Por qué estaba tan triste?




(8)   ¿Cómo fue a dar ese señor allá?

(9)   Aclarar en que parte va lo que sigue. Si fue la vez que estuvo en Calama o cuándo.

(10)    ¿En qué año murió Letelier?

(11)    ¿Ellos lo soltaron en el Perú y se devolvió para Chile en un tren?

(12)     ¿Cómo es Santiago? ¿Cuánto tiempo estuvo? ¿Cómo llegó?

(13)     ¿Cuánto estuvo en la Patagonia? ¿Conoció a alguien allí?

      (14) ¿Por qué es extremadamente bonita?

      (15) ¿Quiénes y cuándo le preguntaban?

      (16) ¿Eso era en Puno o en Lima?

      (17) ¿Cuándo derrocaron a Velasco Alvarado?