miércoles, 26 de agosto de 2015



Segunda salida-La Patagonia

 

El Putumayo... yo siempre que llegaba, llegaba a caía a la casa de mi mamá, que todavía estaba viva. Y yo tenía un sacerdote que era amigo mío, de Jumbo, él era español, y yo siempre que iba a él le gustaba ir con una grabadora a grabar, a él le gustaba mucho que yo cantara, le gustaba mucho oírme cantar, entonces él se llevaba una grabadora así como esa, y se ponía a grabar, cualquier el que uno quisiera grabar, no era yo solo, sino varios muchachos. Siempre me buscaba a mí para que yo cantara, para que yo me expresara, pero yo no era capaz de expresar los caminos, uno anda y a uno se le olvida, sí hombre me fue muy bien, y hasta ahí, bueno, llegué y salí y cogí por el Putumayo. Siempre yo salía por un retén que había en Cali porque eso lo arreglaron, en Cali había un reten en la salida de Cali y siempre yo me hacía ahí para pedir que me llevaran, el empujoncito, y es que de ahí siempre cualquier carro se lo llevaba a uno. Arranqué para el Putumayo, entonces yo en el Putumayo, en Puerto Asís, ya no me tiré hacía abajo por el río Putumayo, sino que me metí por acá por una parte que la llaman la Hormiga a salir a san Miguel.


Ya llegué a san Miguel (1), y como no tenía nada que hacer, ahí me puse de comedido en esas lanchas y cargaba una cosa y cargaba la otra, y una señora me invitó por allá para una finca, la finca era en san Miguel y por aquí por la orilla del río iba uno  y son puras fincas por el río san Miguel. Entonces esa señora (2) quería que yo me quedara en esa finca, que cuidándola, que me daba un terreno para que yo sembrara, pero yo no soy un tipo de estas cosas, yo soy un tipo de ciudad, yo que voy a ser capaz de coger una finca de esas.

 
CONTRABANDO
Entonces, ahí en san Miguel, ahí hay uno o había, no sé, unos tipos que llegaban por la madrugada y contrataban gente para que les ayudaran a pasar el contrabando. Ellos traían contrabando de aquí de Colombia pa el Ecuador, pa LAGO AGRIO. LAGO AGRIO queda por acá. Entonces, me contraté, porque yo quería cruzar, a mí me servía, que usted qué, que pa dónde va, en ese entonces no era tan malo eso por allá, y todavía no había salido esa droga el bazuco, que eso fue lo que dañó el Putumayo, porque ya la gente ya no cultivaba sino que ya empezó fue a sembrar hoja, coca, y eso fue lo que dañó eso por allá, porque eso era muy bueno por allá, hasta para vivir y todo. La gente, usted llegaba a Puerto Asís, y la gente salía era con bultos de yuca, de revuelto de toda clase, con comida, entonces, cogí y me dieron mi fotico,  y arrancamos por ahí a eso de las cuatro de la mañana. Caminamos hasta que nos internamos en la selva, ya una vez cruza el río, ya se interna en la selva del Ecuador. Y caminamos  por toda esa selva del Ecuador, más o menos, puede ser mas o menos hasta el medio día, cuando dice uno de los tipos, escóndanse, escóndanse que viene la guardia. Y entonces, yo como más novato, yo no tuve pa donde esconderme sino que me llené de un miedo y me quedé fue ahí. Cuando, si señor, aparecieron un poco de soldados y me rodearon así, y buscando por todas partes, y al tipo que me había contratado también lo cogieron. Entonces a mí me preguntaron que qué llevaba y yo dije que no sé a mí me echaron esta maleta al hombro y yo arranqué con ella  porque lo que yo quiero es irme para el Ecuador, entonces ya me preguntaron, usted que quiere ir a hacer al Ecuador, a que va por allá, no, pues yo quiero conocer, andar en el Ecuador, todo, eso, entonces, bueno, uno de ellos se quedó mirándome así y me dijo, si usted baja por allá vaya a Esmeralda, y ya después fue que me di cuenta que eso era un pueblo de negros, como decir Buenaventura, un pueblo así donde abundan los negros. Bueno, ahí hablaron entre él y el tipo aquel que me había contratado, no sé qué arreglaría, como que les dio plata, o algo así y seguimos. Cuando, ese día por la noche nos tocó amanecer por allá en una casa, una casa vieja, al otro día seguimos y fuimos llegando como a eso de las cinco de la tarde, porque antes de llegar ellos le pagaban a uno pa que uno cogiera su camino, y ya ellos seguían con su carga, a mí me pagaron, me parece que me dieron como cinco sucres, cinco o diez sucres.
 

ESPANTO
Bueno, seguí, ya llegué al pueblito ese de LAGO AGRIO (3), y ya pregunté que por dónde me iba yo para el Ecuador, entonces me dijeron que tenía que cruzar un reten que había ahí. Pa cruzar ese retén tengo que pasar cerquita ahí, y ahí mismo me detienen, pero yo no sé, me revestí de valor y pasé. Y yo esperaba que me llamaran, y un soldado que estaba ahí parao, me saludó, quiubo y me hizo así, como si me conociera y yo seguí. Ya adelante, ya tarde de la noche, no encontraba donde recostarme y ya cansao, con sueño con hambre, y no sé me encontré con un señor que venía también por la carretera, iba cargao como con un costalito, le pregunté que ahí en dónde podía pedir posada o que me dieran alguna comidita alguna cosa, y entonces me dijo que adelante había una casa que estaba sola  que porque ahí asustaban, entonces, dije, no, pues si asustan a mi no me van a asustar porque yo ando con Dios, y no hay poder más grande sobre la tierra que el poder de Dios, entonces me fui para esa casa y me agarré a gritar “Buenas Noches”, “Buenas Noches”, entrando, a ver si alguien me contestaba no fueran a decir que yo era un ladrón, entrándome..., entonces, me entré y ya viendo que no había nadie, medio entré así a un lado de la puerta y ahí me recosté. Cuando yo me estaba como quedando dormido, cuando yo sentía que era como si hubiera alguien en la cocina, movían platos, hágase de cuenta como cuando una mujer está lavando la cocina, así, movían platos y todo eso, y yo dije, no , aquí hay alguien en la cocina y ahí mismo me paré todo contento, que a buscar a que me dieran alguna cosita de comer, que tenía mucho hambre, y eso allá en la cocina no había nada, ni platos ni nada, solo solo solo, y yo dije, “si eres un alma en pena y me molestas a mi, Dios te condenara más, y si eres un alma en pena y te quieres salvar no me molestes a mi, y me dejaras a mi en paz”, y me recosté y hasta el otro día me quedé dormido.

 

PERÚ
Al otro día me levanté, y salí a la carretera y pasaba un carro de los que trabaja en las obras de la carretera, hágase de cuenta aquí como los carros del municipio, entonces le puse la mano, y me llevó muy lejos, siempre me arrastró mucho terreno pa adelante, y ahí me fui yendo, me fui yendo, hasta que me vi en Quito, ah, cuando me invitaron a trabajar  fue de allá pa acá, yo venía con un pasaporte provisional, bueno, seguí, por Iquitos, seguí derecho, porque ahí no me detuve, cuando me detuve fue cuando ya iba por.... que me detuve a trabajar, llegué a Waquillas, que es la frontera por Aguas Verdes, que es donde esta la frontera del Perú con Ecuador, entonces, allí, ellos tienen una vaina que ellos comercian con sucres y soles, entonces ellos al que quieren pasar lo pasan, y un señor, me dijo que si quería que él  me pasaba, y yo como tenía los sucrecitos esos que me habían pagao, yo se los di para que me pasara y entonces me pasó por la cabala  (4) esa, eso es una frontera, o sea que acá esta el puesto del Ecuador, eso ponen una guadua ahí y pasa uno, y luego ponen otra guadua donde está el puesto del Perú y por todos dos pasé. La otra vez que volví si me tocó pasar por el monte, eso es un desierto,  es difícil recordar bien, como son dos caminos por esos lados, los dos caminos los mezcla ahí, entonces seguí y por allá entonces conseguí un camión que me llevó, ya me fui yendo, a ver,  ¿qué me sucedió por ahí? Y llegué hasta Lima, en Lima me tiré por Desaguadero, (DE AQUÍ PASÉ POR AREQUIPA) esa es la otra frontera del Perú, pa pasar la frontera con Bolivia, eso es un caño así, por allá abajo pasa un río (Y ME LLEVARON EN UN BUS DONDE IBAN UNOS UNIVERSITARIOS)

 
—¿Todo ese camino es por selva?

 No, desde que usted cruza Waquillas ya de ahí en adelante es todo desierto hasta la Patagonia. Usted encuentra pedacitos de cultivos donde cultivan los indios porque por allá sí hay indios, puro indio, puro indio. Claro que si hay gente así, normal, ¿no es cierto?, pero mucho indio, mucho indio.  Por ejemplo, en Bolivia los indios se mantienen masticando coca, no comen sino que mastican es coca, que porque eso les quita el hambre, y en el Perú también. Waquillas es la frontera de Ecuador, de ahí pa allá es puro desierto. Uno camina mejor por el desierto que por la selva, eso tiene su carretera muy buena, ahí como le digo, hay partes donde hay agua, y hacen sus cultivos. Pero me fui muy adelante porque es que a uno se le olvida.

 
BOLIVIA

Yo llegué a una parte que se llama Puno donde hay un lago llamado Titicaca, un lago muy grande, y ese lago tiene un secreto muy grande, pues dicen que el cacique Titicaca se ahogó ahí con toda su fortuna, muy grande, en ese lago, y nadie ha podido sacar esa fortuna que porque dizque cuando van a sacar esa fortuna se vuelve una tempestad. Hay una iglesia en un sótano donde habían unas piedras que iluminaban lo más de bonito en el lago. La gente va mucho a visitar esa iglesia.

 

Bueno, ya llegué a desaguadero y entonces yo pensando que me iban a dejar ahí, en ese carro, yo me fui en un bus de Puno para allá, a ver..., sí, y eso iba con unos estudiantes, yo creo que estoy equivocado, que de Arequipa pase fue a desaguadero, que cuando yo pase por Puno fue en el otro viaje, bueno ya llegue, ahí con unos estudiantes, fue que yo cogí un bus ahí en Arequipa, que iba con unos universitarios, y llegamos a desaguadero, y no se si fue que esos universitarios me ayudaron, ¡Ah, yo me metí en la parte de atrás del bus!, cuando vinieron a revisar, claro que allá en la frontera hay que bajarse porque hay que pasar el rió, pero acá había un reten que parece que es el más fuerte, donde revisan, y ahí me metieron, y yo me fui ahí como agazapadito, y quédese quieto y pasé.

 

Ya en desaguadero la cosa no fue tan fuerte, ¿no es cierto?, ya pasé al otro lado, a Bolivia, ya crucé la frontera de Bolivia, ya de ahí a la Paz es cerquita, pongámosle por ahí una hora, entre media y una hora, la Paz es una parte alta que eso tiene acá, allá arriba es un morro así, por ahí por donde pasa la carretera, y de ahí tiene uno que coger para abajo, la Paz se ve allá abajo, como un hueco allá abajo, y toda la montaña es rodeada de hielo, eso hace un frío, pero impresionante. La paz es alta, pero desde la misma montaña se ve abajo. No le digo que toda la montaña es puro hielo, haga de cuenta como cuando usted ve el nevado del Ruiz, como los farallones de Cali que rodean todo Cali, y la carretera viene aquí y sube, y luego empieza a bajar. En ese momento yo no bajé a la Paz, sino que de ahí me dijeron por donde me podía ir a Oruro, que es la frontera con Chile.

 

Yo arranqué y cogí el camino para allá, y llegué a un pueblito, que son como ranchitos en el desierto y ahí a la parte de afuera del desierto un muchacho me dio posada y dormí ahí, el muchacho tenia su señora, y al otro día salí a la estación del tren, para buscar un medio que me llevara para la frontera de Chile y el medio que mejor encontré fue el tren, entonces a mi me dijeron que me tirara en un vagón de carbón, en un carrito de esos de carbón que eso nadie lo revisa, entonces me tire e iba mas contento, contentísimo, iba a cruzar la frontera, cantaba y todo, feliz de la vida, cuando, yo iba así acostado, y yo vi arriba como haga de cuenta como esa nube, como usted ha visto eso hall mentoliptos, que echa un viento juuuuuu, así, una nube, así yo vi esa nube así, y cayo una brisita, entonces yo siempre, escuchaba así gritos, ¡¡viaja!!, ¡¡Dios hay!!, ¡¡Dios hay!!, gritos que se escuchaban como entre los rayos, como entre la lluvia, como entre el viento, así, escuchaba yo esos gritos, yo no sé si los demás los escuchaban o no los escuchaban, bueno, ahí yo escuche, bueno, salía como de allá, como de entre las nubes, un grito que decía “¡No morirá!”, “¡No morirá!”, claro que yo no estoy diciendo que…, sino que yo oía eso como algo alucinógeno, pero yo no iba drogado, yo si tenía momentos en los que fumaba mariguana, que me encontraba por ahí, hippies que le daban a uno de eso, yo cogí el vicio acá en el colegio (6), pero es muy difícil de encontrar eso, y mucho menos sin plata, y mucho menos uno que no tiene relaciones por ahí con la gente, si acaso irá uno por ahí y dame un toquecito, y tatatá, yo iba en sano juicio cuando yo vi la nubecita esa y caía como una brisita, pero el agua por allá  cuando llueve, haga de cuenta como si a usted le tiraran como una bracita que lo quemara, del mismo hielo, puro hielo, fía, fría, totalmente fría, le cae a uno la gotica y eso es helado, helado, eso le pica a uno ahí mismo, la siente uno como chuzoncitos, es que la montaña es puro hielo, eso es frío, frío, horriblemente frío, cayó la brisita, y adelantico paró el tren. Ya habíamos andao bastante, uff, y adelantico paró el tren. Cuando, el tren que para y eso fue como cosa instantánea, mejor dicho, el tren paró y ya estaba eso rodeado de soldados, ese vagón, apuntándome con esos aparatos que ellos tenían ahí, uno por aquí, otro por aquí, otro por allá, otro por aquí, y rodeado yo de soldados, que “¡pa donde va!”, que “¡bájese!”, me decían un poco de cosas ahí, bueno, me bajaron, y ahí me pusieron las manos atrás, me las amarraron, “que pa donde iba”, que yo no se qué, entonces, unos decían, “hay que matarlo, hay que matarlo”, y yo todo asustado, desesperado, qué voy a hacer, qué voy a hacer, pensaba yo dentro de mí, porque yo no era capaz ni siquiera de hablar, cuando apareció el que los mandaba a ellos, entonces, ya se puso a conversar conmigo y me preguntó —yo oía cuando le decía a los otros soldados “este es de los yunguillas”, pero los yunguillas como que es un pueblo de Bolivia donde hay gente de la raza mía,—, entonces ya me preguntó a mí, y yo le dije la verdad, que yo venía andando, yo tenía monedas de Venezuela, de Ecuador de Colombia, moneditas, a mi me gustaba tener moneditas y yo las iba guardando en la mochilita con la que yo andaba, entonces, me dijo cómo hacía él para saber si yo venía andando, como yo no cargaba papeles, entonces ya yo le mostré las moneditas, monedas que yo he pedido por ahí y me las han dado, por los países por donde yo he andado, y él ya las miró, entonces me dijo, “vea, con usted vamos a hacer una cosa, este muchacho”, ahí tenían otro muchacho, “él sabe cruzar por aquí, porque de ahí para allá”,  eso era frontera con Chile, “eso es campo minao, y si se va por la carrilera se muere, si no lo cogen los de Chile alguna bomba se le estalla, entonces se va a ir con este muchacho, pero eso sí, si se le devuelve lo matamos, si lo encontramos lo matamos, no respondemos por usted, porque no...”.

 

Bueno, listo, arrancamos con el muchacho y me dijo, donde yo piso pisa usted, y tenemos que irnos corriendo y tenga cuidado no vaya a pisar un alambre, pero no me dijo más, y donde el pisaba pisaba yo, y dele y dele y dele, iba cayendo  la noche y yo ya no alcanzaba a mirar y dele y dele y dele, cuando más adelante, yo no sé si fue que yo no pise donde él pisó y yo me enredé en un alambre, pero yo no fui bobo, porque yo no jalé el alambre sino que me tiré y me quedé así quieto, y le dije hey, hey me enredé en un alambre, me enredé en un alambre y me dijo cuidado, no se vaya a mover, no se vaya a mover porque lanza la alarma y ahí mismo vienen y nos recogen, y ahí mismo vino él y me quitó ese alambre y seguimos.  Bueno, ya llegamos adelante, ya de noche llegamos a Arica. El viento silbaba, el viento hacía pssssssssssssssss, huuuuuuuuuuuuuu, el viento no es como el viento aquí porque el viento trata es como de arrastrarlo a uno y silba, silba, y eso lo coge a uno como si tuviera  pelos de hielo aquí, aquí y aquí, frío, frío por aquí. Entonces me dijo, hasta aquí llegamos, después de que pasamos el campo ese, porque en Chile como que acostumbran minar las fronteras, Chile es un campo minado, es muy peligroso por eso. Ya usted por su lado y yo por mi lado. Bueno, yo le di las gracias y hasta luego.

 

CHILE

Ya yo me quedé ahí, me senté, allá estaba Arica, pero yo no me atreví a ir a Arica porque me daba miedo. Entonces yo me quede ahí pensando, y me sentía casi encalambrao, ese Oruro es un volcán, el volcán de Oruro, un volcán demasiado peligroso al que ellos le tienen mucho miedo, y al otro día fue que yo lo vi, eso es alto allá, y la orilla de ese volcán es como congelado, pero se mantiene en constante lanzamiento de cenizas, humo, haga de cuenta como si salieran nubes del volcán. Entonces esa noche cogí y arranqué todo triste (7) a caminar, caminar, caminar. No me voy a ir por la carrilera porque de pronto me pasa algo, ya con miedo porque las bombas y eso estaba minado, bueno, pues ha de creer que me perdí, me perdí en ese desierto, ya al otro día cuando amaneció ya no supe ni por donde andaba, eso son puras montañas, montañas y cae uno abajo, y vuelva y tiene uno que caminar con cuidado porque eso son, uno ve el suelo así normal, de arena, pero eso son capas de sal que se hunden, huecos profundos, entonces uno tiene que caminar con mucho cuidado y ese hielo corta, son unas puntas que parecen navajas y es un hielo con sal, hielo muy duro, ya seguí caminando, pasé ese día, llegó otro día, fue ya la  sed y el hambre las que me fueron desesperando, y yo todo desesperado, aquí los labios se me partían y me brotaba la sangre, y me chorreaba la sangre, bueno ya yo caminaba de  un lado pal otro, de un lado pal otro, no me resistía, no me aguantaba yo parao, y como a eso de las seis, ya oscureciendo, había caminado como dos días y medio perdido, ya eran como las seis, porque allá las seis vienen siendo como las dos de la tarde, por ejemplo, cuando aquí está oscuro, allá vienen siendo como las dos de la tarde, la hora cambia, entonces por ejemplo cuando usted ve el sol arriba que son las nueve de la mañana, allá son las seis, y así es el tiempo allá, muy diferente, y entre más baja uno allá, más se va alargando el tiempo, el tiempo se va alargando, entonces ya desesperado cogía una montaña y me fui rodando, ya no era capaz, no me sentía capaz de pararme porque el tiempo era poquito, no cierto, para uno debilitarse tanto, pero el caminar en la arena, y como todo lo que uno respira es arena, arena, arena, todo eso lo va llenando a uno de arena, y los pies haga de cuenta como un garrote, uno los siente, porque la arena de día es caliente, pero de noche eso se pone como un témpano de hielo, eso es frío, de día y noche, el sol pica, pero frío, horriblemente frío, mas frío que pasto y más que Pamplonita que es lo más frío que yo conozco por aquí, más frío que pasto, y eso es 10 veces más frío que Pamplonita, y entonces, yo caía allá, y había rezao, y suplicao, y mejor dicho la arena lo tapa a uno, no había necesitado entierro porque la arena lo tapa a uno, porque eso es un bajío allá, entonces yo llegué, hombre Jesús, hombre, por qué me trajiste a morir acá, con tanto sufrimiento, y no se de donde saqué fuerzas y continúe, y subí, subí, subí la montaña otra vez y empecé a bajar como rodao, rodao, rodao, cuando llegué encontré una casa adelantico, del cansancio o del sueño yo me recosté, porque la casa estaba rodeada de arena, y ahí caí como desmadejao, y entonces yo me acuerdo que yo me acosté, y era tratándome de dormir, como cuando a uno le da esa pesadilla, que los ojos son como así entreabiertos, así, uno ttrrata, ttrata, pero los ojos no se le cierran, así, y entonces en ese momentico yo vi una lucecita  que venía bajando, bajando, como a cerrarme los ojos y yo sentía que era como el diablo que venía, y yo sentía que era como el diablo que venía a cogerme y yo trataba de empujar esa lucecita, tratándola de esquivar, y empecé en el mismo sueño, en el mismo sopor que tenía, Jesús, Jesús, Jesús, y entonces se quitó la lucecita y me quedé dormido. Al otro día, esa casa  era como un colador, como si hubieran encendido esa casa a bala, la casa era de tabla, era como un poco de huequitos, yo no se si sería de pronto una mina, o que sería eso, bueno, arranqué y salí y empecé a caminar, a caminar, a caminar, cuando encontré una montañita así y a la parte de abajo vi la carrilera, y ahí mismo cogí para la carrilera corriendo.

 

(CALAMA) Empecé a caminar por la carrilera y adelante había como una estación, entonces llegué ahí a esa estación y llamé, buenos días, señor, y ahí mismo salió, que tengo mucha hambre que deme algo de comer y ahí mismo sacó una cajita de sardinas con pan, y desayune esa cajita de sardinas con pan y me dijo, váyase, váyase, adelante había una estación del tren, bueno, ese señor me dijo y me dio un trapito rojo y me dijo, cuando vea el tren póngale la mano y muestre este trapito rojo que el tren le para. Si señor, así lo hice, el tren paró, pero ahí me detuvo la Interpol, ya me subí al tren, me acomodé, cuando yo que me acomodo y quieto ahí, usted de dónde viene, que no se qué, bueno empezaron a investigar, y hablarme cosas, a investigarme cosas, ahí me llevaron a una ciudad que ellos dicen que se llama Calama, y empezaron a investigarme y bueno, como que no encontraron lo que ellos buscaban en mí, no se que querían que yo les respondiera, me preguntaban y me preguntaban, entonces de allí me pasaron,  me llevaron a una estación del ferrocarril y yo no sé, y de esa estación me llevaron como a un criadero de caballos y ahí me torturaban, me pegaban patadas, y a ese señor que me había dado las sardinas también le estaban pegando allá (8), me preguntaban que si conocía ese señor..  Y a mí me daban vuelta por una casa y cuando menos pensaba salía un soldado y ¡pum! la patada, y me preguntaban que no se qué, qué de donde venía, que qué estaba haciendo, y bueno, cuando ya pasó, y me dejaron, me vendaron los ojos, a mi siempre me llevaban con los ojos vendados, me amarraban un trapo en los ojos, y me llevaron otra vez como a la estación porque yo por el rabillo del ojo miraba,  ahí me metieron dentro de una bañera, entonces fue la primera vez que me dijeron que a mi me quería la naturaleza, me dijeron: a usted lo quiere la naturaleza, zambo es como le dicen a uno, zambo, a usted lo quiere la naturaleza, y por eso usted va a vivir mucho, me decía.

 

En ese entonces estaba Chile en problemas con Bolivia, porque estaba  en proyecto quitarle el mar y el cerro del cobre que es un cerro que tiene Bolivia por Arica, y estaban en el problema de Salvador Allende, lo que pasaba con Salvador Allende en ese entonces todavía existía el escudo, según me cuenta a mi, yo digo lo que me decía la gente del camino, lo que pasaba con Salvador Allende, y me contaban los propios chilenos, me contaban que él le daba todo el gusto que quisiera la gente, le hacían una huelga y le pedían tal gusto, y les daba ese gusto, entonces para complacer el gusto de la gente todo lo puso caro, extremadamente caro, tanto es así que para pagar un bus urbano, yo no lo pagué, yo no sé si para comprar un confite había que pagar un millón de escudos, a mi me decía la gente, pero que para poder pagar cualquier cosa había que tener un millón de escudos, ese era uno de los problemas que tenia Chile,

 

PRIMER VIAJE  (9) de ahí me llevaron a una casa, como a unas oficinas, ahí me encerraron en un calabocito donde amanecí, recuerdo que me traían unos sanduchecitos ahí, al otro día, las horas son muy distintas, las seis de la mañana aquí vienen siendo como las nueve de la mañana, mejor dicho el tiempo allá es muy distinto, el horario, y entonces, me llevaron allá y de allí, de esa oficina me pasaron a los servicios secretos que fue que me pasaron al ejercito a los cuarteles del ejercito, entonces me llevaron y allá me tuvieron como medio día y me preguntaron unas cosas, como había llegado, entonces les contestaba lo que yo sabia, y después me llevaron a una casa como sola, eso era como un ranchito, me sentaron en una silla y me pusieron una cosa de hierro  y aquí me pusieron un botoncito y me ponían corriente eléctrica. En la frente, era una rueda, como una corona, hágase de cuenta una rueda de hierro. Me preguntaron que cómo había llegado, que cómo había hecho para cruzar la frontera, que la frontera no la podía cruzar nadie porque la frontera era un campo minado, que qué había ido a hacer, y que por qué no cargaba documentos, y me pusieron como dos o tres veces eso, que era una descarga terrible, eso era horrible, horrible, horrenda, a lo que ponían eso yo me sentía como si me fuera a morir, era como le pegaran a uno, una cosa espantosa, horrible, horrible. De ahí me llevaron, no, de allí me llevaron fue que ahí me llevaron el tren, un tren al que llamaban el tren de los peronistas allá en Chile, no se qué ciudad sería esa, en todo caso de ahí para allá,  ver, a mi me transportaron por la noche, hasta por allá paramos con ese frío que hace, en Chile hace mucho frío, y me invitaron, yo siempre iba con los ojos vendados, me invitaron a una taza de café, y yo miraba por el rabito del ojo, y eso era como desierto, no me acuerdo cómo fue que yo amanecí, pero en todo caso al otro día me llevaron fue donde un señor que estaba todo vestido de blanco y ahí fue donde me dijeron que me llevaban dizque a los servicios de inteligencia. Es que a mí siempre se me olvida alguna cosita. Allí me llevaron como a un desierto, yo siempre estaba con los ojos vendados, yo vi que ese señor estaba todo vestido de blanco, me metieron a un calabocito, eso era como debajo de unas escalas, para uno meterse allá tenía que acurrucase bien, y casi ni las manos las podía mover ahí porque eso era oscuro, oscuro, oscuro, oscuro, eso no se veía nada, absolutamente nada, y ahí me tuvieron como por espacio de una hora más o menos. Y de allí es donde le digo que me transportaron a ese pueblo que le estoy diciendo. Yo no sé cuál pueblo porque siempre andaba con los ojos vendados. A mí me abrieron los ojos cuando estaba dentro del cuartel, que era un cuartel militar. En el tren que me transportaron le decían el tren de los peronistas porque cuando existía Juan Domingo Perón ahí dizque transportaban a los peronistas. No sé qué clase de tren era ese, pero cuando iba en el tren me quitaron la venda y me la volvieron a poner cuando nos íbamos a bajar. Al otro día me presentaron a unos señores, me llevaron a una pieza por allá sola, yo estaba con miedo, con todas las cosas que habían pasao, entonces ya eso señores me trataron muy familiarmente, muy cordialmente, que por qué no me quedaba trabajando con ellos, y yo les dije que no, que yo quería regresar a Colombia, eso según entiendo eran altos mandos militares, era gente de alto rango, como se dice, no se yo quienes eran, como cuando yo pedí el último deseo, que fue mucho más adelante, el militar era de apellido Camacho, y el me decía —aquí Benjamín pone una voz cavernosa— me decía Caaamaaacho, en Santiago de Chile. Pero eso fue mucho más adelante, pero ese siempre iba vestido de soldado como un alto mando. El tenía su respeto y toda esa vaina, demostraba lo que era, ¿cierto? Pero con estos dos señores no porque estaban de civil, entonces yo no puedo decir que ellos eran esto o aquello. De ahí me llevaron a Calama y allá fue donde me metieron a la bañera y de ahí me devolví hasta abajo hasta la Patagonia, y no volví a saber nada más de esa gente.

(ESTO FUE LA PRIMERA VEZ QUE FUI CUANDO GOBERNABA ISABEL MARTÍNEZ DE PERÓN, Y ANDUVE EN EL TREN DE LOS PERONISTAS. RECUERDO QUE ME OFRECIERON TRABAJAR CON ELLOS PARA ENVIARME PARA ESTADOS UNIDOS. FUE CUANDO SE ESCUCHÓ QUE HABÍA MUERTO LETELIER (10) EN ESTADOS UNIDOS. DE AHÍ ME REGRESARON POR EL PERÚ (11)

Cuando ellos me soltaron yo me devolví de Chile para abajo en un tren que pasó, me metí en un vagón de carga y me devolví, ya se seguí yo y no me volvieron a decir nada, yo no volví a ver carabineros, ni nada de esas cosas, entonces seguí a Santiago de Chile, ya en Santiago (12) cogí carro para abajo, eso es muy frío, desierto, todo es desierto, hay partes donde hay selva, pero pedazos pequeños, Chile no tiene acabadero, porque Argentina termina en la Tierra del Fuego, pero Chile sigue. Mejor dicho no tiene final, según como dicen ellos, que yo no entiendo, entonces llegué hasta una parte que llaman que la Patagonia, bajando por Chile pa abajo, yo la mira mía era conocer Punta de Arena en la Tierra del Fuego, pero eso por allá sí es muy frío, y eso no le da a uno, uno se va como ahogando, falta la respiración, los zapatos son como una suela, y todos forrados con pelo de llama, o de oveja, todos los zapatos forrados, eso es muy frío, allá en la Patagonia lo que comen es carne de oso blanco, uno oso que cazan muy bonito y carne de ballena, lo mas que comen es carne de ballena. Por allá vive gente y se amarran unas cosas así que uno no les ve la cara, como unas mascaras, que ellos no usan como mascara sino por protección, o más que todo moda de ellos, la nariz es helada, helada, helada, ya yo vi que no era capaz de seguir y me regresé. Yo llegué y ahí mismo me devolví de una, no soportaba no aguantaba el frío (13).

 

Yo llegué hasta un pueblito que me dijeron que era la Patagonia y hasta ahí llegue, era un pueblito de gente muy humanitaria, bueno, yo les caí muy bien, muy solidarios. Ahí a la orilla del mar, hay una playa en donde sacan las ballenas y ahí les sacan los huesos, la manteca, a la ballena como que le utilizan casi todo, la carne de ballena es como comer carne de res, pero con sabor a pescao, se parece a la carne de res porque es casi una carne, no es como el pescao que es blanco, la carne de ballena es como me gusta, haga de ver un pedazo de carne, pero con sabor a pescao. 

 

Yo llegué hasta la Patagonia, yo quería ir hasta Tierra del Fuego, pero no pude. El frío, mucho frío, los días son más largos, yo me gasté en esa travesía desde que salí de la casa por ahí año y medio. Yo siempre en toda parte ha sido lo mismo, yo llegaba por ejemplo a una casa sola por ahí y pedía, que me regalaran algo de comer, pedía posada o me acostaba en los rastrojos, o donde podía, pero Chile tiene una cosa, el chileno es muy humanitario, no sé, si será porque lo que ellos dicen, que en Chile no hay negros, pero que negro que va a Chile es bien recibido. Y yo no vi negros allá. En toda parte usted nota la diferencia de la gente, aquí en Medellín nota la diferencia, y usted pasa a Anserma y nota la diferencia, o pasa al Valle y nota la diferencia, usted pasa a la costa y nota la diferencia, donde usted vaya nota la diferencia en el habla, en la forma de dirigirse, en todo, se nota la diferencia. A mí el país que más me ha gustao, el que más me ha fascinao es Brasil. Es que Brasil es increíble, un país como lleno de libertad, donde uno no está como marginao, donde uno no se siente mal, uno se siente no sé, a mí gustó mucho, la gente muy alegre, por ejemplo Bahía es una ciudad extremadamente alegre, en Nazaret, que no pude ir, que las casas están encima del mar, claro que la ciudad que sí es extremadamente bonita es Río de Janeiro (14), esa avenida Dutra que es la que va de Río de Janeiro a Sao Paulo es hermosísima, y de Sao Paulo una que se llama la ancheta que es la que va de Sao Paulo a ciudad du santos Brasil que es donde vive Pele, esa también es muy bonita, siendo Sao Paulo la ciudad más grande es mucho mas bonito Río de Janeiro.

 

De subida caminé bastante  tiempo, pero más adelante me conseguí un carro que me trajo hasta Santiago, y de ahí ya me fui viniendo lo mismo, normal, lo que me extraña es que nunca me volvieron a parar en ninguna parte, y llegué otra vez a la casa.

 

(EL REGRESO) Me regrese, por donde me vine, entre a La Paz. Yo alcance a llegar hasta allá por los carros, mucho camión. Uno en toda parte, en Brasil, en la selva encuentra tanto muchachos, como muchachas, por ejemplo en el Brasil una vez llegue tarde a un pueblo. Amanecí esa noche ahí. Al otro día me fui con un señor a cargar unas cosas de pasto, que arrancan el pasto para llevarlo a sembrar, y me dejó en el pueblito, y entonces salieron un poco de pelaos a pegarme y estábamos ahí agarraos y entonces salieron un poco de señores diciendo que dejen ese pobre, que no se qué, defendiéndome a mi, una de las cosas que a mi me parecieron extrañas, como usted ve que le están pegando a un man y usted viene y dice dejen ese man, que porque le van a pegar, el man defendiéndome a mi como si yo fuera amigo de él, y yo me imagino que el señor era de ahí y ahí mismo le hicieron respeto, y así le pasaron a uno muchas cosas.

 

(DE LA PAZ A PUNO) Ya llegué a Bolivia y de allá pa para cruzar la frontera de Chile me encontré con unos contrabandistas, contrabandeaban en el tren, entonces esa gente me ayudó a cruzar de Chile a Bolivia, a Oyague,  ahí conseguí un carrito y me llevaron a la Paz. Ya en la Paz caminando, sin nada que hacer, cuando salió de pronto un soldado, un policía, bueno, como dice el dicho, se me parchó,  entonces empecé a caminar con él pa arriba y para abajo, él andaba como vestido, pero no se si estaba armao, pero no me daba impresión, uf, anduvimos bastante, me llevo a conocer muchas partes, me invito a comer, bueno, entonces me decía, yo ya había oído hablar de los Yunguillos, pero este señor era encarnizao que yo me fuera para los Yunguillos, yo no sé dónde era eso, yo no lo conozco, él decía que era por la salida de Brasil, pero menos me iba a ir yo para allá, pero entonces que si, que me fuera para las Yunguillos, que allá estaría muy bien, pero yo le dije que yo me devolvía por el Perú, porque yo por el Perú me vine.

 

Recuerdo que yo estaba en Bolivia, en la Paz, y estuve andando con un policía que andaba sin arma ni nada, muy amigo y conversábamos largo rato, y me pidió que fuéramos a los yunguillas, eso queda en las fronteras con Brasil; yo le dijo que no, que me quería regresar, y de un momento a otro se despidió, y al momentico me cayó la guardia de Bolivia y me encerraron; ya de ahí preso hasta que me entregaron a los peruanos. Como le decía la otra vez, que veníamos conversando en el carro y me preguntaban (15) que yo qué pensaba del mundo, que no se qué, que todas esas cosas, y yo dije, vea hombre, es que el hombre estudia  tanto y tiene tantos problemas que al final se va a salir enloqueciendo y se va es matar por  eso por el poder, por el dinero, por la riqueza, y se van a salir matando, ese va a ser el final del mundo.

 

De un momento al otro el hombre se despidió, y bueno, hasta luego, hasta luego, y el que se despide y ahí mismo que me caen los policías y buen, tan, me llevaron y me encerraron por ahí con unos cuarenta personas, ahí estuve, no me acuerdo, tres o cuatro días, cuando me transportaron de ahí para Puno, allí en esa celda ahí donde estuve fue donde me contaron y me dijeron que yo dizque me parecía mucho al Che, que porque yo andaba mucho, y que el Che había ido a morir ahí, a Bolivia, yo no sabia eso, ¿y eso si es verdad?,  ahí escuche yo eso, y que pasearon en helicóptero su cuerpo, bueno, llegue a Puno  y entonces los bolivianos me pasaron ahí donde los peruanos, entonces los peruanos  me recibieron, pero cosa extraña, un tipo sin papeles, estos ya me invitaron fue a tomar champaña, y bueno, y ya trajeron la botella  de champaña y la destaparon y que yo me sirviera, como yo estaba bien atolondrao y por allá, yo me servia era por vasaos, taque, yo tomaba eso como tomando agua, y esa champaña eso sabe es como dulce, eso no se siente, entonces la PIP, que es la policía del Perú, policía de investigaciones del Perú, entonces me pegue la emborrachada ahí, y entonces me preguntaron, yo me cuerdo mucho, porque me preguntaron varias veces, usted que piensa del mundo, usted es que piensa que el mundo se va a acabar o que es lo que piensa del mundo, entonces yo les dije, vea, lo que va a  pasar con el mundo es que el mundo se va a volver loco, los unos porque quieren mas, otros porque quieren mas, y los otros porque quieren mas, entonces se van a matar por el poder, por la ambición del dinero, por querer tener siempre mas, entonces como que les gusto eso que yo les estaba diciendo ahí, y  (fin cassete )

 (AQUÍ PREGUNTE)

Habíamos quedado que los bolivianos me entregaron a los peruanos, entonces ahí fue donde me invitaron a mí a tomarnos unos  vinos, de champaña, y me pusieron a mí a que les sirviera y yo tomaba de eso, entonces yo cogí un carro de Pip —policía de investigaciones de Perú— y me bajaron a Puno y ahí me encerraron en un calabozo horrible de feo lleno de pulgas, mejor dicho un tierrero la cosa más impresionante, y a un muchacho lo cogieron y lo amarraron y lo colgaban de un palo y le preguntaban cosas, ahí me detuvieron y de ahí me llevaron, nos fuimos por todo el desierto y había un invierno que hasta el carro se pegaba, y la niebla le caía al vidrio, al  parabrisas del carro y casi no podía mover las plumillas porque el hielo no lo dejaba, esa escarcha blanca no lo dejaba. Eso era en Puno, a la orilla del lago Titicaca. De ahí nos fuimos  para Lima, a los cuarteles de la policía de Investigaciones del Perú, y bueno todo era normal. Una vez dicen que habían llevado dos muchachos, yo no sé porque yo no estaba allá si era cierto, dizque los hijos de Velasco Alvarado, conversaron conmigo y todo, ellos tomaban droga y una vez dejaron un paquete de drogas ahí y yo cogí y me tomé un poco de pastillas, y esa vez hasta tuve un sueño todo raro, que iba por una laguna así rodeando una laguna y delante de mí iba Jesucristo, y yo era así por alcanzar a Jesucristo y Jesucristo adelante, adelante, y cuando de un momento a otro yo me fui como metiendo a la laguna y en esas que me fui metiendo a la laguna, como que desperté, pero yo estaba tomando y me tomé todas esas pastillas, entonces me dicen que fue que me dieron algo porque yo lo que estaba era intoxicado. Ellos era unos jóvenes a los que les entraban pastillas. Bueno…, entonces una vez entraron un señor que dizque era hermano del presidente, yo no se, Velasco Alvarado era el presidente del Perú, le estoy hablando de Lima y vamos para la guerra que existió allá, fue una guerra pavorosa, ya vengo de subida, devolviéndome, a mi me devolvieron por una frontera que yo no se qué frontera era, Desaguadero es como un caño ahí, y uno cruza por ese caño y tiene que pasar por un ferry o algo así.

 

 Entonces de allí me llevaron a Puno y de ahí a los cuarteles. Esa noche que vino ese señor le traían de todo, seviche de todos los seviches, allá hay seviche de concha negra, seviche de pejerrey, que es el seviche común que usted lo ve vendiendo por ahí en las  calles, en los restaurante, en todas partes, es un seviche que lo hacen de un pescaito que se llama pejerrey, eso lo cocinan es a punta de limón y picante, es extremadamente sabroso ese seviche, pues a mí me pareció, y otra cosas que comen mucho allá es el lomo saltao… Bueno, de ahí esa noche le traían esas comidas y le traían trago, ese señor era tratado como una gran personalidad, lo que él pidiera, tenga, tenga, tenga, y él repartía todo eso a nosotros que éramos los presos, que éramos bastantes. Ese era como un sitio donde llevaban más que todo gente de emigración, pero allá metían de todo. Ese día antes de llevar ese señor, un guardia me dijo, yo lo recuerdo mucho que él estaba así como sentado, me dijo, oiga, usted tiene algo muy hermoso, algo que no tiene ningún hombre en la vida —le tiembla la voz—, y es que a usted lo quiere la naturaleza, a usted lo ama la naturaleza, y dele gracias mi Dios, que a usted lo quiere la naturaleza, me dijo ese señor, no se por qué me diría eso, bueno, esa noche que le digo con este señor, bueno, paso la noche, cuando al otro día se armó la gorda, la Pip, ellos estaban en ese proyecto, Pip, el Apra… es un partido político, todavía existe, esos partidos políticos no se acaban, y entonces la Pip o las armadas le estaban  pidiendo no sé qué cosas al presidente Velasco Alvarado, y el presidente, ellos le pidieron eso por la mañana, yo me acuerdo que ellos elaboraron un acta, una carta, en todo caso mandaron eso por la mañana, entonces, en todo caso el presidente les mandó a decir que por ahí a las tres de la tarde les resolvía ese problema, y a las tres de la tarde como que el presidente les dijo que no les iba a resolver ese problema, que hicieran lo que les diera la gana. El día anterior, el ministro salió, el ministro de guerra, amarrándose una correa, yo recuerdo todas esas cosas, y yo en mi pensamiento me digo que esa correa tenía algo que decir, tenía algo que decir, y a las tres de la tarde sucedió que mataron al ministro de marina, y la Pip, el ejercito y la policía se abrió de las calles; en las calles usted no encontraba ni un policía, ni un soldado ni de la defensa civil, usted en la calle podía hacer de todo, ¿qué pasó en ese momento?, el vandalismo, la gente rompió vitrinas, la gente rompió joyerías, la gente corría con viajes de joyas que no los podían ni cargar porque tenían que, manojos de joyas por la calle, con una o dos neveras, dos televisores, corriendo por las calles, eso fue cierto, esa fue la guerra del Perú, y yo estaba en la cárcel cuando eso, pero usted sabe que uno allá todo lo sabe, es que para romper una vitrina tiene que ser que no hay ley, de ahí que la correa era porque iba a estallar la guerra, porque iba a estallar  esto, entonces, ya sucedió que ya la policía o el ejercito se paraban de una esquina para acá y de una esquina para allá boleándole candela a todo lo que pasaba, le daban candela a todo lo que se atravesara, y entonces apareció, ahí fue donde estalló la guerra más pavorosa, que eso empezó como más o menos ese día que le digo de ese señor, más o menos, el mismo señor nos lo dijo, muchachos ya va a estallar la guerra. A la pregunta de entre quiénes era la guerra él contesta que “usted sabe que esas cosas uno no las sabe… lo que pasó fue que salieron a la calle a dar plomo, como salir a aquí la policía  a darle plomo a todos, según cuentas, tal vez, derrocar el presidente, o según cuentas, porque a mí me decían, era la guerra en la que querían acabar con la gente negra, la gente de color negro, eso me lo dijo fue la Interpol (GENTE), que eso más tarde en un libro que ellos tienen, que ese fue uno de los deseos que ellos me dieron, leer el libro ROJO de Chile, como leer el libro sagrado de aquí de Colombia, eso no lo lee cualquier persona, los libros donde está apuntada la guerra…, todo, la historia de un país, eso no lo lee cualquier persona, a mi me lo dieron, ese fue un deseo que me dio la Interpol, uno de los deseos que la Interpol me dio, pero eso más adelante, eso me sucedió más adelante, cuando le digo que yo pedí el último deseo. Y entonces, esa guerra llegó a tal punto que el toque de queda era todo el día y toda la noche, no daban sino una hora para que la gente saliera, salía la gente, compraba lo que podía y tin otra vez para la casa, una hora, a las once de la mañana, en Lima, Perú, esa fue la guerra del Perú, a mi me toco ver cuando ahí al frente, nosotros teníamos un balcón para ahí arriba, y ahí al frente quedaba la embajada de los Estados Unidos (16), ahí yo no sé, si eso sería una bomba, en todo caso apareció una candelada, eso no se quemó, lo controlaron, pero eso fue una llamarada terrible, al frente había un edificio, el Sheraton, y ahí hicieron el tercermundista, ¿usted ha oído hablar del tercermundista? El tercermundista fue la reunión de países aliados, y otros países aliados, África y todas esas cosas, ahí hicieron esa reunión del tercermundista, eso fue antes de la guerra, después de la guerra, yo en todo caso no me di cuenta de cuando derrocaron a Velasco Alvarado (17), yo ya había salido del Perú y tampoco me di cuenta cuando el estallido de la casa de la moneda porque yo cuando eso, yo no sé si en el transcurso del tiempo, en todo caso fue en el transcurso de esa guerra el estallido de la casa de la moneda, tampoco me di cuenta de eso. Según, porque yo tampoco me di cuenta bien de eso, yo estaba allá en un edificio altísimo, lo que alcanzaba a ver, dice en el libro que yo leí en la Interpol, que ellos se metieron allá, y que ellos se metieron a salvar la gente del color mío, los negros, con tanques y todo, y como que se metió Chile e hicieron lo que quisieron allá en el Perú, ya cuando pasó eso, entonces fui a la embajada y en la embajada me dieron un pasaporte provisional, este pasaporte provisional constaba de que yo tenía que cruzar el Perú y el Ecuador en 24 horas, para estar en Colombia, y yo lo logré.

 

Miércoles 23 de mayo de 2001

Yo entré al país por Tulcán, ya vine bajando por Tulcán, Pasto, y de ahí para la casa, ahí es donde yo no estoy seguro, pero ahí fue donde sucedió esa tragedia en, no sé si fue la de Armero, y luego la de Popayán, yo estaba en la casa cuando esas dos tragedias. Entonces, ya llegué a la casa y de ahí cogí la camiseta. Estaba ese movimiento cívico en Cali,

 

Preguntas

 

(1)   ¿Cómo es San Miguel?

(2)   ¿Quién era la señora, cómo la conoció?

(3)   ¿Cómo es Lago Agrio? ¿Por qué se llama así?

(4)   ¿Qué es la “cabala”?

(5)   ¿Usted estuvo en el lago Titicaca?

(6)   ¿Cómo cogió el vicio? ¿A qué edad?

(7)   ¿Por qué estaba tan triste?




(8)   ¿Cómo fue a dar ese señor allá?

(9)   Aclarar en que parte va lo que sigue. Si fue la vez que estuvo en Calama o cuándo.

(10)    ¿En qué año murió Letelier?

(11)    ¿Ellos lo soltaron en el Perú y se devolvió para Chile en un tren?

(12)     ¿Cómo es Santiago? ¿Cuánto tiempo estuvo? ¿Cómo llegó?

(13)     ¿Cuánto estuvo en la Patagonia? ¿Conoció a alguien allí?

      (14) ¿Por qué es extremadamente bonita?

      (15) ¿Quiénes y cuándo le preguntaban?

      (16) ¿Eso era en Puno o en Lima?

      (17) ¿Cuándo derrocaron a Velasco Alvarado?

 

 

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