TERCERA
SALIDA:
ÚLTIMO
DESEO TIERRA DEL FUEGO PUNTA DE ARENAS
Caminando, caminando recorrí
todo Colombia con esa camiseta. Hubo una cosa que pasó ahí, claro que yo no es
que me aferre a pensar en eso, que el movimiento cívico, yo no se si sería sólo
que oí esa noticias o que, que hubo una vez un presidente que ganó, y subieron otros, que había ganado un
presidente del movimiento cívico, cuando existió que el movimiento cívico aquí
en Colombia, ¿no lo oyó? En ese tiempo hice yo eso con esa camiseta, y también
me fui para el Ecuador, empecé a caminar por el Ecuador, me fui para Suramérica
y dije, voy a pedir el último deseo en esta camiseta, tenía la misma camiseta,
entonces le puse: "ultimo deseo Tierra del Fuego Punta de Arenas".
Entonces empecé a caminar.
Bueno, yo cogí la camiseta y me fui yendo con la
camiseta “Camacho presidente”. A la salida de Cali había un reten, y llegaba
ahí a buscar para irme, para buscar carro que me llevara, y me fui yendo, lo
que yo siempre cargaba, yo no cargaba documentos, porque en primer lugar no
tenía cedula y en segundo lugar yo no sabía bien las cosas de documentación, y
yo lo que cargaba era la Biblia y un almanaque mundial, era lo que yo cargaba,
entonces yo cogí el maletincito y llegué al retén y estuve bastante tiempo,
pero yo desde que salí de la casa yo quería, es que yo quería llegar a tierra
del fuego y no había podido llegar, entonces yo quería llegar a tierra del
fuego, yo quería llegar allá, a punta de arenas, o quisiera saber qué es eso,
si es por ejemplo ese, como una islita eso ahí, no se como será eso, y aprender
un poquito de esa vaina que yo no se donde queda eso de las Bermudas, si es por
ahí o qué, yo siempre pensaba será por eso o qué, bueno, yo quería llegar allá,
a tierra del fuego. Entonces me puse la camiseta y me fui.
Llegué a Pasto, eh, yo no me acuerdo bien como cruce
esa frontera de Tulcán, no me puedo acordar, es que esa frontera es duro
cruzarla, pero yo no me recuerdo bien como la crucé. Bueno, estuve en Quito, de
Quito pase a Guayaquil (3), de Guayaquil pasé a Machala. En Machala hay una ciudad que se llama Puerto
Bolívar, y estuve embarcando banano
en dos buques y dormía en la casa de un fuerte de la policía, él me había dado
arriendo ahí, le pagaba arriendo, y pescaba con una lanchita, yo me iba a
pescar con otro muchacho. Primero a mí me detuvieron allá en Simón Bolívar y me
soltaron, estuve como un día detenido, luego me soltaron y ahí conseguí
arriendo con ese señor, ahí vivía con él y trabaja en los buques, y andaba por
ahí… no me volvieron a pedir papeles para nada, yo me encontraba con la policía
y nada. (1)
Como le cuento, ahí me detuvieron, me detuvo la
policía del Ecuador, me metieron a la cárcel, con un poco de gente ahí, me
acuerdo que a la parte de acá había una celda que estaba vacía y eso parecía
que como que allá llegaban esos soldados y se metían allá con mujeres y toda
esa cosa ahí, al otra día fue que me
pusieron como a limpiar esa celda, o yo no sé, en todo caso yo pasé a esa celda
y ahí tenían un cartoncito —se sonríe—, claro yo no se…, bueno, ahí me
detuvieron de uno a dos días, y ahí un soldado me dijo que me fuera con un
señor que era como uno de los que mandaba allá, un sargento o no sé qué, que
él alquilaba piezas allá, entonces en este camino fue que yo pedí el último deseo, entonces sí ahí me
alquilaron una pieza, yo tenía una lanchita y le puse el nombre de Mayoma, que
es un disco que sacó Fruco, yo salía en esa canoita a pescar con un muchacho pa
el mar adentro, yo la conseguí pescando con un señor, bueno, ahí me estuve
tiempito, como unos ocho días.
De ahí ya cogí yo camino otra vez para adelante,
cuando a mi me entraron adelante, bueno, había un cuartel del ejercito, me
detuvieron ahí en ese cuartel del ejercito, me metieron para allá, esos
soldados se veían de mal genio, pero ellos siempre lo devuelven a uno, y me
preguntaba que para que me iba, que por qué me iba, que yo no tenía por qué
irme y que no se qué y no cuantas, entonces, salieron y se fueron y me dejaron
ahí, yo no me acuerdo, bueno ahí en la puerta me dejó el tipo y yo salí y cogí
camino hacia Guaquillas, adelante había un retén, en ese retén me requisaron y toda esa vaina,
pero ahí en ese retén no me pidieron papeles ni nada de esas cosas, ya estaba
de noche, me dejaron ir, ya llegué a guaquillas y allí dormí en una casa,
entonces al otro día yo iba a pasar por la frontera, acá queda la frontera del
ecuador que es guaquillas y al otro lado queda la frontera del Perú que es
Aguas Verdes.
Yo no me quitaba esa
camiseta, seguí, llegué a Waquillas, y en Waquillas no me dejaron pasar la
frontera para el Perú, de ahí pasaba a Aguas Verdes, y no me dejaron pasar,
sino que me devolvieron, pero no me detuvieron, a pesar de que ya estaba en la
frontera del lado de allá, es la frontera del Ecuador pero del lado de allá, la
frontera de acá es Tulcán, entonces me devolví, me tiré por el desierto y pase
por el desierto. Yo iba a pasar por ahí cuando me salió un muchacho,
que no se vaya por ahí, que vámonos por el desierto, que por ahí lo detienen y
lo devuelven que no se qué, y claro yo vi que la cosa estaba mejor, tirarse uno
por acá que irse a enfrentar con esa gente allá. Ese muchacho era de esa gente
que se mantiene en la frontera, que viven comerciando con sucres y soles,
compran soles y los cambias por sucres, comprar sucres y los cambian por soles,
ellos viven de eso ahí, el que necesita sucres le venden sucres, el que
necesita soles le venden soles, ese comercio existe en casi todas las
fronteras. Bueno, entonces, pero.. haber, yo creo que cuando yo salí de ese
cuartel, que me dio por ponerle… “último deseo tierra del fuego punta de
arenas”, ya de ahí esa letrica… la puse a un lado del otro letrero, yo busque
como ponerle algo más emotivo, bueno, ya crucé y adelante eso me pareció muy
raro, y al suceder del camino yo creo que fue algo que me dijo ese señor que
así fue. Me encontré un señor en el camino, ya el otro tipo me había dejado, y
ese señor o un muchacho casi, y ese señor me dijo “usted ha quedado en libertad
en el Perú, usted puede cruzar la frontera”, y a mí en el Perú no me molestó
nadie, yo estuve hasta manejando carro en el Perú. En el camino me paró un
camión que venía cargado de Medellín con juguetes de Búfalo, iba para Lima y
adelante en Trujillo la libertad me acuerdo que encontramos, yo hasta pensé que
nos iban a requisar ahí, porque eso era un comando del ejercito, pues, una
cantidad de carros y tanques y cosas, bueno, todos esos armamentos que tiene el
ejercito, cañones, pues, todas esas cosas, el ejercito peruano, eso ahí es un
puente, todo eso estaba lleno de militares, pero nosotros pasamos y no nos
dijeron nada, absolutamente nada, entonces seguimos hacia Lima.
Ya llegué a Lima yo me estuve por ahí andando, a la
salida de Lima, poniéndole la mano a un carro, a otro carro, a otro carro, hasta
que adelante me paró ese señor que le digo, el del Fíat, para dónde va?, yo voy
para Chile, pero me hace el favor y me lleva para más adelante, súbase, y en
ese camión nos fuimos hasta Arequipa, y en estos días que estuve transportando
a unos peruanos, en el taxi, y hablamos de eso, aquí en Medellín, los recogí en
la minorista, que coño, que no se qué, y entonces yo pensé que eran costeños,
cuando me van diciendo que vos no
conocés el Perú, y yo les dije cómo no voy a conocer el Perú, y ahí fue
donde entonces me puse a hablar con ellos acerca de Arequipa, yo no me acordaba
del nombre de ese volcán, el Mixtin, ellos fueron los que me dijeron el nombre
de ese volcán, yo si lo sabía, pero ya se me había olvidao, bueno, ellos hasta
dijeron que la ciudad que la ciudad…, porque yo les dije, yo estoy acá en una
loma y allá al frente Miraflores, creo que fue que me dijeron ellos, se llamaba
la ciudad esa, allá quedaba el Mixtin, y de allá se ve un señor acostao, un
indio, es como el cráter de ese volcán es como ver una persona acostada, un
gigante acostao, así es, entonces dicen que un indio que murió allá y se quedó
ahí, pero uno para subir ese volcán es una arena que lo devuelve a uno, lo
devuelve a uno, la primera vez pasé por ahí y fue la otra vez por acá por Oruro
para seguir a Puno, y esta vez ya se tira uno por acá para seguir pa Taena, eso
días había ido el presidente por allá a Arequipa, Morales, Morales Bermúdez,
allá a arequipa.
En Arequipa me puse a andar
esa noche que llegué por ahí hasta que, en Arequipa hay un volcán que tiene un
indio por encima, es como (fin casete I).
Entonces esa noche que llegué yo allá en el camión encontré un muchacho que tenía una chaqueta,
andaba con la novia, como eso es tan frío, él dizque
estaba en universidad haciendo su carrera y la hermanita estaba haciendo
carrera también se quería meter de monja y en la chaqueta se había dibujao una
lengua, en la chaqueta acá, una lengua así, entonces el cantaba mucho
esa canción, yo siempre que escucho esa canción me recuerdo de ese muchacho,
porque el cantaba mucho esa canción que dice “quién es, qué hace aquí, tan
extraña nunca vi, pero quién es, que hace aquí, más bonita nunca vi” y así,
“tan negra como un carbón” —se ríe—, el cantaba mucho, mucho esa canción, le
gustaba mucho, yo no sé… y, entonces, yo, la muchacha era muy bonita, era una
monita ella con unos ojitos lo más de lindos (4), y yo no sé, yo dormía aquí y
ella dormía acá al otro lado, ahí junticos, a mi me parecía muy raro, muy
extraño eso, que yo digo pues, como es que una persona que no conoce y le dan
de dormir…, tal vez que me hubieran acostao con el muchacho, no cierto, sería
más pasante, pero con la muchacha, siempre le daba a uno, cierto, siempre le
daba qué pensar, bueno, y yo por las noches, y ella me decía…, yo hice un viaje
con el señor en el Fíat, el gmc, el gmc era un carrito mas viejito, y el otro
era el Fíat yo me iba con él a Lima , y en todo el camino que hicimos a Lima
nadie me detuvo, nadie, a nosotros nos paraba
el transito, y conversaban con él, y seguía sin problemas, yo no llevaba
papeles, bueno entonces ya un día dije, en ese entonces estaba Isabel Martínez,
y ya estaba Isabel Martínez de Perón en la Argentina, ya era la que gobernaba
era ella, bueno, entonces yo ya dije, no, me voy, y ya que el presidente Morales Bermúdez había
pasao pa Tanda, entonces yo por eso me retracé unos días para no ir, porque yo
decía, si está el presidente allá, eso se va a volver un enredo, entonces yo me
retracé un poquito, bueno, cogí y salí, precisamente lo que la muchacha me
contaba era que ella estaba estudiando, que se iba a ir a Italia a estudiar
allá, hasta me dijo que dizque nos casáramos (5), pero yo que me iba a poner en
esas cosas por allá, y ella quería ser monja, pero si se casaba conmigo le
decía al papá que me dejara el gmc a mí, el gmc, y el papá nos daba donde
vivir, eso era lo que ella me decía. Entonces ella no seguía la carrera de
monja, bueno, pero yo iba en otra cosa, el camino mío era otra cosa, y no, pues
no eso, eso de pronto me acarraría
problemas más adelante, o no, yo no sé,
bueno, en todo caso, eso fue así, ni poniéndole más, no porque siempre
es bueno dar la historia como buena, y poniéndole menos, yo creo más bien que
se le pone menos porque uno no puede contarlo todo.
* Yo tuve un amigo en Arequipa y ahí esa familia , yo
no se, el señor dice que el fue de la política, el tenia un camión, y tenia
Fíat y tenia gmc, y entonces el me dijo, vea, el tenia una muchacha muy bonita,
muy linda esa muchacha, unos ojitos así como todos verdecitos y el pelito todo
mono, era muy linda y el hermano que fue el que me llevo allá, que yo andaba
como despistao, y entonces llego el hermano y me dijo venga que allí en la casa
le damos posada (6), la primer noche me hicieron amanecer allá afuera de la
casa, pero en un lugar como una piecita ahí, cuando al otro día la señora ya no
quiso que yo amaneciera allá, la mamá de ellos, sino que me hizo entrar pa
dentro y dio la casualidad que me acostaron al lado de la muchacha esa,
entonces, ella dormía en esta cama y yo en la otra, y ahí amanecí yo dormido,
entonces yo por la noche ellos tenían un sembrío de manzana, entonces yo me iba
y me sentaba con ella allá y me contaba que le gustaba mucho ser monja, que si
quería que yo me casaba con ella, que el
papá me daba para que manejara el Fíat, gente sin conocerlo a uno y haciendo
esas cosas, dígame usted pues, y yo le decía las miras mías es andar, contar, y
formar una historia para más tarde encontrar
una persona que me ayude a sacar un libro, puede ser usted, eso es lo
que yo quiero, yo siempre andaba con ese pensamiento del libro, el libro, el
libro, en la cabeza, entonces, bueno ya se vio que no había nada, yo le ayude a
traer un viaje en el gmc de Lima, y la cosa mas impresionante, a nosotros nos
pararon varias veces los tráficos, pues, que se mantienen en la carretera, yo
no se cómo los llamarán allá, entonces conversábamos y nunca nos dijeron nada,
si uno encuentras gente que le ayuda, como encuentra gente que le tiene a uno
miedo pavoroso como si uno fuera un asesino, un delincuente, un ladrón, uno
encuentra gente así con muchas cosas (7).
*
Bueno, ya seguí yo y llegué hasta un restaurante al
borde del camino, al borde de la carretera hasta donde me llevó un camión, yo
me quedé ahí, me dieron posada, y en ese restaurante estuve trabajando ahí,
meseriando y ayudando a lavar platos, y de ahí pasé a Tabna, donde fui llegando
entre oscuro y claro de mañana, cuando yo me fui así a la parte de acá, yo no
entré al pueblito, yo me fui buscándola salidita, entonces ya me fui a una
bomba que había ahí y le dije a un señor, yo le dije a varios, pero le dije a
un señor que me hiciera el favor pa cruzar la frontera a Chile, y entonces él
me dijo que si tenía pasaporte, todos me preguntaban por el pasaporte para poder cruzar, que si tenía pasaporte,
que si tenía papeles, pero yo no tenía nada de eso. Entonces este señor me
dijo, vea, ese señor que está allá, había un señor que estaba allá parao, yo ya
lo había visto, ese señor que está allá, no se qué verdad sería, si sería mentira
o si sería de verdad un detective o policía, mejor que ni siquiera lo averigüe,
ese señor que está allá es un detective, y ese señor le está poniendo cuidado a
usted, me dijo él, entonces yo lo llevo, pero si cualquier cosa usted se hace
cargo de todo. Listo, entonces me subí adelante en la cabina del carro, dele,
atrás en un carro siguiéndonos, siguiéndonos, siguiéndonos, que no se despegaba
de nosotros, entonces adelante, allí se perdió ese carro, y ya llegamos a un
retén, yo me acuerdo que en ese retén le dijo el guarda al del camión, ¡fulano¡
quiere tinto, y entonces le pasó un pocillito con tinto a él y seguimos, a mí
no me dijo nada, ni tampoco le preguntó a él quién era yo, ni nada de esas
cosas, y él ni siquiera se bajó. Seguimos. Ya adelante me dijo el señor, vea
allá está la frontera del Perú y la otra es la frontera de Chile, usted verá,
si sigue por aquí tenga seguro que si no lo detiene el Perú lo detiene Chile, o
si atraviesa por aquí por el desierto, pero en estos momentos Chile está en guerra
con el Perú y está en guerra con Bolivia, ya usted verá. Yo le dije, entonces
déjeme aquí.
Adelante, había una bajadita así, que era monticos de
tierra, era como haga de cuenta que una volqueta descarga aquí, luego descarga
aquí, aquí, descarga aquí, descarga aquí, así monticos, pero no eran
pequeñitos, sino monticos que tapan a una persona, yo me imagino que eso lo
hacía, que eso era como una estrategia militar que tenía ahí, era como una
estrategia, yo caminé por en medio de esas cosas, y ahí adelante había un
aviso, un poste que decía frontera del
Perú, seguí caminando y por ahí, hagamos de cuenta como cruzar la oriental, más
o menos, como cruzar la oriental más o menos, otro aviso que decía peligro, no
cruce, frontera de Chile, entonces yo ya me puse a pensar ahí si seguía, no
seguía, si seguía o no seguía, pensar ahí, en ese momento yo sentí como un
trueno que sucede por encima así a lo largo, pero no fue sino uno nada más, no
sentí más, me pareció raro por eso, bueno, un trueno como cuando suena traaaarrrrrrrraaaaaa,
así, pero yo en medio del trueno oía una voz que decía, DIOS HAY, yo iba
cruzando, DIOS HAY —dice en un susurro—, por eso yo utilizo mucho esa palabrita
por ahí, que Dios hay, porque yo oía mucho eso en el camino, más que todo cuando
entraba al peligro más grande, y, por ejemplo yo escuchaba, Dios hay, por lo
menos otra vez cuando yo escuché —le tiembla la voz— DIOS HAY —lo dice como un
lamento, a punto de llorar—, no sucedió trueno, sino que cayó como una brisita
así, una brisita, fue acá en la frontera de Chile, yo iba a pasar de Bolivia a
Chile, entonces yo vía allá una nubecita como haga de cuenta un hall
mentolitus, yo escuchaba…, y en la selva escuchaba mucho que DIOS HAY, MENTE, pero esa voz no era como la que
escuchaba acá, como el murmullo que escuchaba en la presidencia, era una cosa
que parecía venir de allá del cielo, yo no sé si esas cosas serán de creer, o
será que uno se las imagina, pero yo escuchaba eso, yo escuchaba eso, la una
venía del cielo y la otra de la tierra como cuando uno habla entre dientes.
Cuando yo estuve en el Brasil, yo fui a la embajada del Brasil, y la embajadora
del Brasil me dijo que la telepatía existía, pero yo no creo que esa sea la
telepatía, yo creo que hay un ser que me hablaba a mí, no cierto, muy poderoso
que me hablaba a mí en medio de los rayos. Yo a la embajada solamente fui a
pedir ayuda, y como no me ayudaron esa…, habían dos embajadoras ahí, una que
estaba de blanco y otra que estaba de rojo, entonces la que estaba de blanco me
mandó para donde la que estaba de rojo, y la que estaba de rojo fue la que me
dijo, la telepatía existe, eso, porque estábamos hablando ahí, entonces yo no
sé de adonde se le ocurrió decirme eso, entonces yo todas esas cosas las
pensaba escuchando esos gritos, pero lo que sucedía de entre medio de los rayos
no era como un grito, sino que era como una cosa que se iba abriendo de entre
medio de los rayos, si me entiende, y siempre escuchaba en medio de esa voz,
siempre escuchaba, una voz que retumbaba NO MORIRÁS, pero por qué?, yo soy un
ser humano, ¿no cierto? Lo mismo cuando yo estaba en la selva, cuando yo estaba
en la selva escuchaba eso, NO MORIRÁS, y yo digo que matarme a mí es la cosa
más fácil, no tengo quien me cuide, tengo quien me mire ni nada, puede haber un
ser todo poderoso, es que por eso yo digo, puede haber un ser todo poderoso que
me esté… bueno, entonces yo ya seguí el camino, ya con miedo y toda esa vaina,
porque yo ya había visto el campo minao y lo que me había pasao allá, y primero
se veía el cerro de cobre se veía acá, era el cerro de cobre que estaban
peliando ellos, era el cerro del cobre que tiene una riqueza inmensa, no hay
capacidad que pueda dar la riqueza que tiene el cerro del cobre , eso era lo
que ellos estaban peliando, yo no sé si hay dos cerros de cobre porque a mi me
parece que Chile le quitó un cerro del cobre al Perú y otro a Bolivia, y la
entrada al mar a Bolivia, y por ahí por ese pedazo me parece, no estoy seguro,
que por ahí era la salida al mar de Bolivia, entonces eso estaba en pura
candela.
Bueno, cuando yo más adelante, había caminao, caminao,
caminao, cuando yo sentí como, no sé, haga de cuenta como una explosión, pero
muy abajo, yo me imagino que era como un tanque que venía, un tanque que venía,
me imagino yo, bueno, cuando yo sentí que pasó una avioneta, pero yo quería
salir a la vía férrea, a la vía férrea para coger el tren, entonces yo iba
caminando, caminando, yo cuando vi que pasó la avioneta me asusté mucho y allá
adelante había una hilera de eucaliptus, una hilera de eucaliptus así, cuando
yo vi que la avioneta se tiró como hacia
el cerro y fue allá dando la vuelta, fue allá dando la vuelta, y cuando yo vi
fue que se voltio allá y ya se vino hacia mí, entonces ya me asusté demasiado,
entonces arranqué a correr y a correr y a correr, y ya el bultico que se veía
allá pequeño, ya se veía como más grande, aunque no se alcanzaba a distinguir
si era un tanque, pero ya se veía más grande, mas sin embargo, yo trataba de
analizar si era algo militar lo que venía allá, era como un carro del ejercito
o algo así, y yo arranqué a correr desesperado, y entonces a buscar la carrilera, y cuando yo fui a
salir a la carrilera pasó el tren y eso venía cargao de carabineros, eso venía
cargao de carabineros por toda la orilla, entonces yo ya me vi que ya no tenía
nada más que hacer y yo pensé en regresarme, pensé muchas cosas, cuando ya
venía la avioneta ya cerquita de mí, yo dije no aquí no tengo más que hacer que
correr a los eucaliptos para poderme esconder, entonces ya corrí desesperadamente,
desesperadamente a los eucaliptos, y hágale y hágale, correr y correr, y como
la arena casi no lo deja correr a uno, entonces ya corriendo y corriendo
desesperado por llegar a los eucaliptos, ya cuando llegué ya sentí como si esa
avioneta ya venía muy bajita, y yo sentí mucho miedo, y ahí había una zanja así
gigante, haga de cuenta como una calle, más o menos, como esta calle de aquí,
ancha, pero así a lo largo, aquí están los eucaliptos y allí una zanja, y el
tren pasaba haciendo un puente por encima, entonces yo ya no sabía si salir a
la carrilera cuando yo asomé y vi esa
zanja yo no me tiré porque yo me asomé y abajo había un letrero que decía
PELIGRO, CAMPO MINAO, entonces yo ya no sabía que hacer, yo desesperao,
desesperao, no sabía que hacer ahí,
cuando yo viendo que ya la avioneta venía tan cerquita de mí yo pensé que me
iban a disparar, ellos no dispararon, pero yo pensé que me iban a disparar, y
ya veía que también el carro venía encima de mí, y como es una zona tan
peligrosa, entones yo dije a la mano de Dios y me tiré allá, yo cerré los ojos
y esperaba que estallara alguna cosa, que estallara algo que se acabara el
mundo ahí, pasé al otro lado y nada, y
subí otra vez la montaña esa que hasta me estaba quedando difícil porque eso
era pura arena, y yo arañaba y subía y subía, ya cuando subí allá era como si
hubiera estado en el infierno y del infierno hubiera pasao al cielo.
Allí adelante lo que encontré fue como si hubieran
dejao un poco de balas, balas, pero era un montón así, así, de puras balas, ya
oxidadas, eso hacía mucho tiempo que estaba ahí, eso no tenía poquito tiempo de
estar, puras balas ahí, unas grandes otras pequeñas, ya están oxidadas, llenas
de moho, adelante ya queda la entrada para el aeropuerto, yo seguí caminando, ahí
empecé allá a ver, eso es como ver un edificio blanco, cristalino, muy bonito,
eso bancos de hielos, esos bancos que andan por encima del agua de puro hielo,
ahí en Arica eso se ve ahí, ese Arica es bonito, hágase de cuenta ver dos
edificios Coltejer pegaos, grandes, inmensamente grandes, son grandes ahí en
Arica pero abajo en la Patagonia son todavía más grandes, pero es que la
diferencia en la Patagonia es que son como mas retirados en cambio en Arica son
como más cerca, se ven más cerca.
Yo ya dije que pasé por el
aeropuerto, ahí había una carreterita,
de ahí seguí adelante, y adelante ya me encontré fue, se me apareció un
muchacho, llevaba un paquete con pan, entonces yo le dije que si me regalaba un
pedacito de ese pan, entonces ya se puso a conversarme ahí, que era Chile, que
eso era Arica, y llevaba en la bolsa unos panes ahí, unos panes cuadraitos, y
me regaló unos panes, y una cosa que llevaba ahí, que yo no sé, ellos le llaman
que patete, que pan con patete, yo no sé si le dicen eso allá o qué, y entonces
me dio dos pancitos de esos. Eso por allá es puro desierto, y más adelante se
veía el mar, con montañas de hielo que se movían. Seguí adelante, y me
entretuve andando por ahí por Arica (8), aunque la anduve muy poquito, me
pareció una ciudad como normal, lo que pasa es que a toda hora las calles se
ven con arena, ventea arena, una ciudad pequeña, con pocos edificios y creo que
viven del cobre y de la pesca, porque para abajo en la Patagonia pescan mucha
ballena.
Seguí, adelante, en la
salida había unas casitas como de madera, casas viejas, casas de gente pobre,
bueno, y ya me cogió la noche y hice un cambuchecito en la arena con unos
cartoncitos y me cubrí y amanecí. Yo en cualquier parte dormía, en el monte,
por ejemplo en el Amazonas me tocaba dormir ahí en la tierra, y pues digamos,
una culebra, hay mucha culebra, hay una pequeñita así y la llaman la
veinticuatro, y esa culebra téngalo por seguro que los indios, el indio puede
ser el más bravo que sea y le tiene mucho miedo a esa culebrita, es demasiadamente
peligrosa, y bueno, yo le doy gracias a mi Dios que nunca fui picado por un
animal de esos, me tocó que matarla sí, pero yo nunca fui picado por una
culebra. Si me ha tocao ver gente picao por culebra, eso es espantoso, varias
veces me ha tocao por allá en el monte
ver gente picada de culebra, uno picao por un orito, y un indio que lo picó no
se qué culebra, pero en todo caso ese indio le salía sangre por los poros, por
aquí, y le chorriaba la sangre así, y lo picó por aquí como por un dedo más o
menos, y el dedo se le puso un hueso así, y todo esto se le hinchó y le salía
sangre por la nariz, por la boca, chorreaba agua sangre, es espantoso, una
picadura de culebra, la gente realmente tiene una mala muerte, y yo me bañaba
en el río, en el amazonas y me decían que existía la piraña, pero a mi no me
llegó a pasar nada, gracias a mi Dios, yo le agradezco todo eso a mi Dios,
porque pues un viaje que yo me improvisé así y arranqué y me fui, y seguramente
mi Dios estaba en el camino, conduciéndome, y protegiéndome de tanto peligro,
claro que el peligro más peligro que existe en toda parte, sí, es un peligro
infalible, es un peligro que no tiene remedio, es un peligro que es mortal, es
un peligro mortal, es el hombre, el ser humano, el ser humano desconfía, el ser
humano odia, el ser humano persigue, el ser humano…, bueno, todas las
características que usted puede encontrarle de maldad al ser humano, las
encuentra. Es racista, bueno, lo que usted quiera encontrarle, es malo,
solamente por el solo hecho de ser malo, el ser humano es el más peligroso en
toda parte, creo que hasta aquí en este punto donde estamos, que vea todo lo
que está pasando, el ser humano es el hombre más horrible que pueda existir
sobre la tierra. Y en toda parte es así. Y seguramente Dios siempre estaba
defendiéndome hasta de ese ser.
Bueno, ya seguí yo…, yo
andaba mucho en carro, me salía a la vía y hacía autostop, a veces me
encontraba con otros caminantes, y andábamos mucho tiempo, ellos cogían su
camino, a mí me gustaba mucho era andar solo, por ejemplo ahí en el río la
Miel, ahí en la Dorada, allí iba mucho caminante, ahí, a mi me gustaba mucho ir
ahí, fui varias veces, al río la Miel, precisamente me tocó salvar a un señor
que se estaba ahogando, estaba el río estaba crecido y se tiró y se estaba
enredando entre unas ramas, ahí se estaba ahogando, a mi me dijeron que ese
señor era hijo de una persona muy rica, pero yo no quiero ni nombrarla en este
momento, pues me parece como algo como absurdo yo haber salvado una persona de
esas de esa categoría tan alta, pero bueno, son las cosas de la vida. Creo que,
de pronto, ese señor ni me recordará ya, en el río la Miel, allá iba gente,
muchachos hijos de gente adinerada, a comer hongos, a drogarse ahí (9).
Bueno, entonces ya seguí el
camino por la mañana, ya adelante, ya iba caminando cuando unos camiones del
ejercito, yo iba por la orilla de la carretera, yo me asusté mucho y me tiré
hacia más afuera y me escondí en unos tumultos de arena porque allá la arena es
como en tumulticos así, o sea que eso lo forma, no como los tumultos de atrás
que eran grandes, como volquetadas que descargan, sino tumultos que se hacen
con el viento que los forma, el desierto no es plano, usted va caminando y
encuentra el morrito o un morro altísimo. Bueno, seguí, y me tocó tirarme allá
para poder esconderme del ejercito, yo no sé si me verían o no me verían, en
todo caso ahí había una piedra y yo para poder pasar tenía que pasar por toda
la vista de ellos, entonces yo me tiré y me fui agachándome, arrastrándome y
fui cruzando por la piedra y, no sé, yo les entendía porque ellos cogieron para
un morro arriba, que era como la entrada para una mina, entonces desde allá, el
mismo eco traía la voz de ellos, yo oía que ellos hablaban que había que sacar
cobre, o sea que yo me imagino que ese era el cerro de cobre, entonces ellos se subieron por esa
mina pa arriba, y allá hablaban y se oía acá, yo escuchaba que yo no sé qué,
pero yo no le ponía atención a eso, sino que yo estaba bregándome a escurrir,
escurrirme e irme.
Bueno, yo los dejé a ellos
ahí y ya me fui, y cuando subí arriba a la montaña el…, la neblina cubría la
montaña, pero hacía un frío espantoso, era como haga de cuenta cuando usted
pasa por Ventanas, que es blanco, blanco y que uno no alcanza a ver, pero uno
por Ventanas puede caminar, no cierto, pero yo ya me estaba como engarrotando,
yo ya no alcanzaba casi a dar los pasos, yo me sentía ya como pesado, como que
ya no podía, cuando escuché el ruido de un motor y le puse la mano y ahí mismo
me paró, era un bus. Yo me subí al bus, y yo antes de subirme al bus le dije al
chofer que era colombiano y que quería ira a Santiago de Chile, que si hacía el
favor y me colaboraba y me llevaba hasta más adelante, ¿si?, bueno, adelante
paramos en un retén, en este retén según cuentas, revisaban la manzana, porque
la manzana allá según ellos, es como comentaban ahí, la manzana tiene una
enfermedad muy peligrosa, la manzana tiene un mosco que le llaman el mosco
azul, y ese mosco como que deja unos gusanitos que son peligrosísimos, como que
da una infección bastante peligrosa en el estómago, entonces ellos revisan
minuciosamente las manzanas, y en ese retén como que siempre aplicaban eso,
revisar las manzanas. Bueno, a mí me dio mucho miedo, ese retén lo pasamos y a mi
no me dijeron nada, luego pasamos más
adelante a otro retén, entonces en ese retén me iban a mí a revisar los
papeles, algo así, los hicieron parar contra el carro, entonces el guarda como
que tuvo un descuido ahí y yo me abrí por un laito, me fui, me fui y me tiré
como una bala por ahí pa abajo y salí y me fui.
Adelante subí de nuevo a la
carretera y salí a un restaurante, y bueno ahí me invitaron a una comida, yo
arrimé y pedí, ni me acuerdo que comí ahí, y seguí pa adelante, me fui
caminando, caminando, caminé bastante, bastante, bastante tiempo, cuando
adelante me recogió una volqueta que iba con unos soldados de la fuerza aérea
ahí en esa camioneta, iban bebiendo vino, nos pusimos a tomar vino y ahí íbamos
en esa camioneta, no una camioneta, sino una volqueta grande, de esas grandes
de volco, entonces había que cruzar un retén, yo creo que ese retén no…, las
cosas como que se iban dando en el camino, ese retén yo creo que no me hubiera
pasao, ese retén es como haga de cuenta cruzar una frontera, según ellos, hasta
ellos me decían que era un retén muy peligroso, antes de llegar a Iquitos, a
Iquique, Iquitos queda en las Amazonas, Iquique acá, según me decían ellos,
porque yo no entré, Iquique es zona franca, zona franca es donde dejan a la
gente extranjera que ande todo eso, yo me quedé antes de llegar a Iquique para
seguir la carretera, entonces ahí en ese retén pararon la volqueta esa y ellos me hicieron acostar, en el volco,
entonces se saludaron ahí, y seguimos, ya adelante, a la entrada a Iquique,
ellos me dijeron, vea acá queda la entrada a Iquique y usted verá si baja a
Iquique que allá no le dicen nada porque eso es zona franca, o va a seguir? Yo
les dije, no, déjenme aquí más bien.
Bueno, seguí adelante el
camino. Caminé mucho, mucho rato, pues... en primer lugar a mí me gustaba
caminar por ese desierto, muy bonito el desierto, ya el mar no lo vi sino en
Arica, de ahí para allá, después de que pasé el cerro ya no volví a ver el mar.
Seguí adelante donde me recogió un señor en un carro muy bonito, yo no puedo
decir que si o que no, pero según cuentas el tipo como que era el que mandaba
por ahí por esa zona, pues, era lo que él me contaba, que las ordenes de él por
ahí eran cumplidas, que no sé qué, bueno, me decía un poco de cosas ahí,
hablando y hablando ahí, y me preguntaba también muchas cosas y todo eso.
Bueno, me llevó bastante trecho hasta adelante, y entonces me dijo, no, ya por
aquí yo me meto porque voy para la casa, así que usted verá si se sigue, y yo
le dije no déjeme en la vía que yo sigo para adelante.
Ya seguí para adelante, por
allá, cansado ya tarde en la noche, de tanto caminar, arme un cambuchecito para
dormir. Bueno, al otro día otra vez, caminar caminar y caminé bastante rato,
cuando adelante me recogió otro bus, ya era tarde, ya iba cayendo la tarde,
anduve bastante en ese bus, cuando, yo no sé, porque me dio por empezar a
preguntarle a esa gente, por la curiosidad seguro, empezar a preguntarle a esa
gente por Salvador Allende, entonces a esa gente que iba en el bus no les gustó,
y ya empezaron a decirme que de Salvador
Allende no se podía hablar en Chile porque Salvador Allende era una persona muy importante, y según
cuentas lo tomaban por un Dios. Como que yo no sé, pero según decían ellos el
pueblo como que quería mucho a ese
señor. Entonces, más adelante, esta misma gente me entregaron a un retén
militar. Que vea que éste está hablando de Salvador allende, y que no sé que y
ahí mismo me cogieron y me preguntaron
por papeles y como yo no cargaba eso entonces me metieron por allá a una casa
de un piso de tablas. Al otro día me despertó una banda de muchachos como que
estudiantes o algo así, bueno, y allí me transportaron, me llevaron a Santiago
de Chile y en Santiago de Chile me entraron a una parte que la llama, era una cárcel,
pero cárcel de gente especial porque pues ahí me tuvieron en una celdita así
pequeña y traían la comida y a mi me preguntaba qué iba comer, qué me gustaba,
qué me provocaba, y al lado de enseguida, según decían ellos, yo los escuchaba,
a ese tipo le preguntaban mucha cosa, había un tipo que se llamaba Edmundo, y a
ese tipo le preguntaban mucha cosa, y sobre todo lo que le preguntaban era
acera de Salvador allende. Entonces, yo tuve una medio conversacioncita por
encima con ese señor, porque esa gente es como muy seria, como muy callada,
todo eso, pero uno la curiosidad como
que lo mete a preguntarle a alguien algo, y según cuentas él me dijo, el era
guardaespaldas de Salvador Allende. Y le preguntaban mucha cosa sobre salvador
allende, y él les contestaba. En esa celdita a mí me dieron como cuatro o cinco
cobijas, bueno, yo no me sentí como mal ahí, no cierto, pues, como a
comparación de esa vez en Puno, que me metieron en un pulguero, en un pulguero,
y en un polvero ahí; la cosa muy diferente, ¿cierto?, eso era la INTERPOL, y
allí me tuvieron un día o dos, de allí me pasaron a los cuarteles de la
INTERPOL que quedan al frente del general Maquena, que es la cárcel, según
ellos, porque yo no la conocí, la cárcel más importante que tienen ellos allá, hágase
de cuenta acá como la modelo, será? Pero yo no estaba allá sino en los
cuarteles de la INTERPOL, yo estaba al frente. En la parte donde yo estaba no
se veía, pero como ellos me sacaban a caminar ahí por esos corredores, ellos me
mostraban y me decían eso que esta allá es general Maquena, la cárcel más
peligrosa de Santiago de Chile, yo no la conocí, como le digo. Bueno, ahí
estuve yo bastante tiempo en esos cuarteles de la INTERPOL, calculándole por
ahí, calculándole, porque no soy yo capaz de decir tanto tiempo, más o menos un
mes. Pero qué pasaba, yo esa gente, en el estudio que yo le veía a esa gente,
como que no querían que yo me viniera, no sé, uno no sabe, porque la cárcel
aunque sea de oro no deja de ser prisión, no cierto, y así lo traten bien a uno
está preso, de todas maneras un se siente mal, pero esa gente a mi no trataba
de hacer la vida como mal, que yo, como en las otras partes donde había estado
que le hacen a una la vida como mas difícil, allí no, ni comparación como
cuando estuve en Calama, en Calama si era muy fregao, todo el tiempo
preguntando, investigando y toda esa cosa, allá no.
Bueno, allí iba mucho un
mayor, un mayor de las fuerzas militares, era de apellido Camacho; ellos decían
que era de apellido Camacho porque yo no puedo llegar a decir vea él era
de apellido Camacho porque yo no le vi ni la cedula ni nada, pero era un mayor
militar, él llevaba su uniforme puesto, su gorra, era un mayor militar, y todos
lo trataban como un mayor, mi mayor, y todas esas cosas. Bueno, él iba mucho y
le gustaba mucho conversar conmigo, él me decía, caammaaaaachoo —Benjamín habla
con voz cavernosa—, él hablaba así, una voz como gruesa, como ronca, y en las
conversaciones que tuve con él, nunca él se refirió como a investigarme, sino
que era más bien como conversar, dialogar, porque uno los diálogos siempre los
distingue, una persona que trata de
hablarle de una manera soez a uno, uno la distingue, ¿cierto?, o una persona
que trata de hablarle como más amigable, y el siempre era como amigable, al frente
había un restaurante, a mí me llevaban a comer a ese restaurante, me acuerdo
que había una matica, ellos comen mucho eso, les gusta chuparse eso, y ellos me
daban a chupar una como una bellotica,
ellos le quitan la cosita esa y se la chupan, ellos cocinan eso y se lo chupan,
también les gusta mucho, le arrancan las hojitas y se la chupan, la única parte
donde yo he chupado de eso es allá,
porque yo por aquí no la he conocido. Bueno, y así, así me mantenía yo allí.
Había un preso que lo tenían
en la celda de arriba, y ese preso, mejor dicho, él no podía ver un guardia de
esos, los insultaba, les tiraba, mejor dicho, parecía como un perro bravo, y yo
me le acercaba allá a la verja de ese
preso, a ellos no les gustaba que yo me le acercara, pero yo pues, para
sentarme allá tenia que dar una vuelta, subir unas escalas, una vuelta y venir
hasta por acá atrás, y yo siempre trataba de llevarle como un pancito, como
alguna cosa para que el comiera, y siempre que me veían que yo iba allá, me
regañaban, se ponían todos furiosos, qué tenia que hacer yo allá, que no sé
qué, ahí si los veía mal. Ese señor estaba preso por un delito que nunca supe
cuál era, y llevaba muchos años de estar ahí en ese mismo calabozo, todo barbao
se mantenía él.
Bueno, había un soldado que
era muy rápido con el revólver, para desenfundar el revólver, el tipo llegaba
uno y le decía cuente hasta tres y llegaba uno y decía uno, dos... y ya había
disparao, uno llega uno dos —lo dice como una bala de rápido—, y ya había
disparao, desenfundando de acá, con el suiche puesto, con el seguro, yo no
sé como hacia, pero de una disparaba
(10).
También estuvieron
instruyéndome para boxeo, querían que yo fuera un boxeador, algo así, como que
yo no sé si era yo el que no me prestaba, pero ahí en el sótano me llevaban un
tipo que era entrenador de boxeo, y me entrenaba ahí, abajo había un sótano y
era como un calabozo grande (11).
Me enseñaban acerca de los caminaos, que había
gente que caminaba de una manera que de otra, y así, que pa pasar que por un
teatro, yo no entiendo de eso, que toda la gente, según ellos, lo que yo les
entendía era que toda la gente no camina igual en la ciudad, toda persona tiene
una manera de caminar, entonces ellos ehhhhh, toman a una persona y por la
misma forma de caminar, pueden coger a una persona, o sea pueden seguir una persona o pueden cogerla por su forma de
caminar, y así la persona quiera eludir la forma..., o sea que la forma de
caminar viene siendo casi igual a las huellas digitales, y ellos me daban a entender
esas cosas, por eso le digo que yo no sé, estar uno preso y al mismo tiempo
estar cuidado, y la misma gente en dialogo con uno, pues yo no me sentía, pues,
así como... (12)
Es más, por la noche, el
único que estaba ahí en ese calabozo era yo, ahí como que según cuentas
llevaban a la gente a, ahí por ejemplo llevaron unos gitanos (13), gente de
emigración, que la cogían con los papeles vencidos o así, entonces los llevaban
ahí, yo hasta me metí a los calabozos con ellos y salía, yo tenia mi calabozo,
pero eso se mantenía abierto, ese calabozo no lo cerraban para nada.
Bueno, así fue pasando el
tiempo, cuando lo que yo le he querido contar es esto: y yo no sé ellos porque
hicieron eso, si lo hicieron por burla, pero no creo, porque un arma de
esas..., como se van a poner a burlarse de una persona así, o si lo hicieron
por charlar..., tampoco creo eso, yo creo más bien que eso ellos lo hicieron de
una manera seria, lo que le voy a contar, es algo que si yo tuviera la forma,
yo estudiaría eso, el porqué de eso, si eso no es cierto..., a mi me dieron un
papel donde decía que yo era dueño de una casa y que era dueño de un chevette,
un carro chevette, yo ni leí bien eso y yo boté ese papel, yo debía haber
guardado ese papel, debía haberlo guardao, pero no sé, lo boté. Bueno, una
noche de tantas esas, lo que sí es que allá me tenían aburrido con la comida,
que la comida me daban mucha lenteja, lenteja, lenteja, lenteja, lenteja,
lenteja, todo hay que decirlo como es, bueno, una noche estaba oscureciendo la
noche, allá había uno que era muy serio, muy serio e infundía mucho respeto,
precisamente a mi daba como cierto recelo de verlo, estaba yo en el calabozo,
ahí, esa noche me le echaron candao en el calabozo, yo estaba en el calabozo,
ah, antes de llegar allá, ellos cantaban
unas canciones que me parecen a mi, cantaban que “vino griego”, gustaba también
que yo les cantara, ellos tenían también su piecita ahí, era como un
calabocito, no era pues puerta de calabozo sino una puerta de madera, y tenían
una hornita ahí, su mesita, escritorio, y ellos cantaban un disco que dice...
—benjamín empieza a cantar con su voz aguda y templado, muy agradable— “cuando
no haya rosas ni sol en tu jardín, y en
tus campos no crezca la hierbaaa..”, ese disco, también ese que llama que “vino
griego”, que es muy bonito, cantaban otro “el negro José”, “perdóname si te
digo negro José...”, hacían unos amuletos negros, uno muñequitos, y entonces
ellos me los mostraban pero no dejaban que yo los cogiera, decían “vea, este el
negro José, vea, el negro José, vea, pa cargarlo”, y hacían esos amuleticos y
se los ponían como collar, aquí, y eso era una felicidad para ellos cargar esos
muñequitos, y al otro día se preguntaban el uno al otro qué hiciste el negro
José, que no se cuenta, eso era un revuelto, y cantaban mucho también era
este..., “y una nube de tu memoria me borre a mí“, ese lo cantaban mucho, lo ha
oído?, y yo les cantaba, “decirte quiero, decir amor no significa nada, las
palabras sinceras las que tienen valor son las que salen del alma, y en mi alma
nacen solo palabras blancas, preguntas sin respuesta, llenas de esperanza, un
amor como el mío no se puede acabar ni estando lejos de olvido, un amor como el
mío no se puede ahogar..”, ese, ese, usted lo ha oído?, a tu recuerdo, de los Ángeles
negros, un minuto de tu amor, también se los deje grabado allá, “un minuto de
tu amor, un siglo de dolor”, ese es de los Ángeles Negros o de los Galos (14) o
algo así, “échame a mí la culpa de lo que pase, cúbrete tú la espalda con mi
dolor, y allá en el otro mundo en vez de infierno encuentres en vez de gloria,
y una nube de tu memoria me borre a mi”, ese era el disco que ellos cantaban
mucho.
Bueno, esa noche, como le
digo, le echaron candao a la puerta...
Bueno, esa noche, vuelvo y lo repito, esto yo lo juro y lo digo ante la
Biblia, porque esto fue verdad, si ellos quieren que la gente les diga la
verdad, ellos también pueden decirla, entonces esa noche me le echaron candao a
la reja, ni tampoco pues me llamaron como acostumbraban, que me llamaban y me
daban tintico y se ponían a charlar, ellos tenían una guitarrita ahí, a
tocar y charlar, bueno, esa noche llego
el tipo ese que le digo que era el malaclasudo, ese tipo que siempre daba
respeto, llegó y me dijo, estaba borracho, llego y me dijo, y tenia una
pistola, y sacó esa pistola así, y se quedaba pensativo ahí en la reja, y llegó
y me dijo, mañana usted tendrá los deseos más grandes del mundo, entonces, yo
ni le hice caso, porque que deseos más grandes va a tener uno, uno sin plata ni
nada, como se dice, nadie le para bolas, entonces, seguro, ya me van a mandar
otra vez para Colombia.
Bueno, al otro día, yo le
puse mucho cuidao que iba a hacer al otro día, al otro día tenían un charco de
sangre ahí..., yo no sabia qué había pasao, y es que acá quedaban los calabozos y entonces aquí
quedaba una reja grande que encerraba todos los calabozos, cada calabozo pues
tenia su rejita y ahí salía un patio grande, y de ahí de ese patio, acá al
frente quedaba una piecita que era pa ellos, y acá en este lado, que era donde
ellos se mantenía, tenían como un calentadorcito, bueno, entonces me pusieron a
limpiar esa sangre, yo hasta no quise, porque yo, yo soy muy alérgico a la
sangre, a mi me da mucho miedo la sangre, entonces ellos casi ni me obligaron a
eso (15), bueno, como le digo aquí quedan los calabozos, aquí quedan las rejas,
y aquí hay una o dos escalitas que baja uno, aquí entra las escalas que suben pa arriba pá los pisos, acá viene
un corredor que va para allá, muy grande eso es grandísimo, y aquí queda la
entrada que da al parqueadero que es un callejón así ahí sale uno, y por acá
queda la puerta principal que es por donde ellos entran y se aborda la calle, y
al frente de esa queda el restaurante que es donde a veces ellos me llevaban a
comer. Ellos acostumbraban a ir a el Peldeuec, que es una parte donde ellos van
a ensayar tiro, ellos lo llaman el Peldeuec, y ellos hacían una sopa de vino y
me traían a mí, pero muy buena les quedaba, la hacían con puro vino, muy
sabrosa les quedaba..., es que el vino allá, haga de cuenta como la arepa aquí,
eso allá se lo toman con todo, el vino allá es haga de cuenta como en el Brasil
la fariña que sacan de la yuca, claro que también tienen una fariña mas fina
que sacan del maíz, bueno, el vino lo utilizan en todo, se van a comer una
cosa, con vino, el vino que más les gusta es el Concha de Toro, y unas totumas
que hacen así de chicha, también les gusta mucho; en vez de tomarse una
gaseosa, vino, o la chicha esa,
Bueno, ya pasó eso, yo era
por ahí, como, siempre le entra a uno como una especie de psicosis, no?, como
en expectativa, antes, anteriormente, en los otros días, también habían ido
unos veinte o treinta, de esa gente que esta estudiando para altos mandos,
vestidos como oficiales del ejercito, eran vestidos con unos sacos rojos, y
todo eso, no sé si habían ido a ver los
calabozos o a verme a mi, pero en todo caso por ahí andaban y también me
preguntaban cosas (16), y yo no sé a que fueron., pero era un poco, días antes,
bueno, al ratico, entró otra vez como a la hora más o menos, entró otra vez el
malaclasudo ese, le trajeron una bandeja, se puso a comer, se comió como dos o
tres cositas y de ahí salió y me dijo, esto es uno de los deseos suyos: coma en
bandeja de plata, era el que siempre me salía con eso, y será que este man está
loco o qué, ese es uno de los deseos suyos, coma en bandeja de plata, va usted
a comer en bandeja de plata, la bandeja de plata si, buena comida, bueno, el se
comió como dos o tres cositas ahí, y yo taque taque, me la comí también.
Bueno, ahí fue pasando,
cuando después le dio como, digo yo como la loquera, entonces me llevaron a la
puerta donde le digo, a la puerta principal y me pusieron un revolver al cinto,
con balas y todo, y empezaron a caminar conmigo por todas partes, por los
calabozos, y llevaron un poco de muchachas, señoritas que están escribiendo en
máquina, pues, que vean que el negro José, que yo no sé que (17), ahí fue donde
me llevaron allá a la parte de adelante,
ahí fue cuando me mostraron la cárcel del general Maquena, y me llevaron por
allá a unas partes que se dice que es donde torturaban la gente, unas cosas así
como unos grifos, que le ponían a la gente, y el man me explicaba que vea aquí
se pone la gente, se le pone corriente y se les hace confesar la gente y bueno, un poco de cosas ahí, y me iban
contando (18), bueno, estábamos en esa cosa, cuando en esas sonó la alarma y
ahí me dejaron solo, yo todo achapao ahí, y me dejaron solo corrían para un lado y corrían para el otro,
y eso se volvió un enredo ahí, y yo supe por donde era el camino pa los
calabozos y yo me fui viniendo achantao,
porque ahora verá que me confunden con algún otro malo que ande por
aquí, esta gente no me conoce a mi, y después de todo yo soy negro y de pronto vienen y me confunden y dicen que
yo soy un guerrillero o una persona mala y me matan de una, y no, yo llegue al
calabozo y me metí, y al ratico ya pasó otra vez eso (19).
Bueno, mas adelantico, ya no
fue otra vez el maloso ese que me dijo, sino que llegó otro soldado, y me dijo
vea: este es uno de los deseos que usted va a recibir, esta cajita es una bomba
atómica, vamos a subirla, usted va a tocar una bomba atómica, no sé porque
ellos harían eso, eso es lo que yo no me explico, bueno, vamos y cogimos y yo
les ayudaba y cogimos para arriba, porque las escalas eran pa arriba, había
hasta un señor que le gustaba mucho conversar conmigo, que él había estado aquí
en Colombia, y que le gustaba mucho
tocar la guitarra, que era muy aficionado a tocar la guitarra y todo eso, bueno,
ahí subimos con esa cosa pa arriba, alla arriba llegamos como a unos computadores, a unas cosas así con unos
cables, a unas máquinas y ahí tan, acomodamos eso y otra vez para el calabozo
(20).
Bueno, a mí ya me habían
dado el papelito ese que le digo, bueno, ya bajamos otra vez ahí, y ya pues
bajaba yo ahí normalmente, a sentarme a pensar cuando volvieron y me llamaron,
me dijeron, ahí si me dijeron, vea, ahí esta mi mayor Camacho, es mayor del
ejercito chileno, usted esta recibiendo
los deseos más grandes, sepa, mira bien lo que usted está recibiendo,
entonces me sentaron ahí en el escritorio que estaba aquí, y ahí fue donde me
dieron a leer, según ellos, es un libro que nadie puede leer, el libro sagrado
de ellos, ahí fue donde yo leí como fue la guerra del Perú, que era lo que
hacían y todas esas cosas, y como atacaron, pues, el pedacito que yo alcance a
leer, era un libro grande, el libro rojo de Chile, bueno, entonces yo quisiera
como que este libro saliera... yo leí entonces eso un ratico, estaba yo
entretenido... yo lo hojee, y me entretuve más en la guerra del Perú de Velasco
Alvarado y ahí decía como fue que atacaron a Lima, y decía que la guerra contra
el Perú más que todo había sido porque ellos querían acabar con la raza negra,
y entonces que ellos ya viendo eso, entraron a salvar eso, entonces ya le
metieron tanques y toda esa cosa, y
bueno, se tomaron al Perú (21).
Eso fue una guerra bastante
tremenda, yo la viví, imagine que al principio no había ni toque de queda,
nada, eso era bala corrida por todas
partes, usted por ejemplo aquí, no oía sino que tatata ta t tata ta ta
tatatatata pum pum pum tatatata, por todas partes, no es como por ejemplo aquí
que usted oye que plum plum plum tatata, una balacera por ahí que mataron dos o
tres, no eso no, eso era corrido todo el día y toda la noche eso no paraba eso
era corrido corrido corrido, ya cuando entraron
según ellos entraron allá los chilenos, fue cuando empezó a cesar un
poquito eso y entró el toque de queda,
el toque de queda no era sino una hora, no tenia sino una hora, a las once de
la mañana, salía a las once de la mañana, compraba lo que fuera y pum para la
casa otra vez. Todo el día encerrados, salió a las once y listo y otra vez a
encerrarse. Como lo estoy leyendo en el libro me estoy recordando de lo que
paso atrás cuando andaba por el Perú, pero yo estoy en Chile, ¿ya me entendió?
Ya llegó uno y me dijo, vea,
mi mayor Camacho quiere que usted ante esas niñas que están ahí, había como,
pongámosle para no exagerar, por ahí unas cien muchachas, más o menos, entonces a mí me dijeron, mi mayor Camacho
quiera que usted elija una de ellas y ella será su esposa. Ahí fue donde yo me
llené de terror de miedo, yo no sé que me pasó, me corrió como un escalofrió
porque yo pensé que me iban a dar el ultimo deseo, que me iban a dar una
mujer..., no sé a mi me corrió ese escalofrió y se me entraron pensamientos que
a mi me iban a dar una mujer, que yo estuviera con una mujer y al hueco... (22)
—hace un gesto como quien dice estoy muerto— entonces como usted sabe aquí
estaba la puerta, eso era una reja grande, aquí queda la puerta, aquí queda una
escala y allí otra escalita y las mujeres estaba todas allá abajo, Yo no quise
aceptar la cosa como muy seria y seguí ahí con mi risita toda..., pero por
dentro yo estaba con el pensamiento en función, ya tenia todo pues, a pensar,
uno piensa muchas cosas, y todavía mi mayor ahí sentado en una banca, todo ese
poco de muchachas y esta gente diciéndome que eligiera una de esas muchachas y que sería mi esposa
(23). Yo, realmente yo sudaba, yo digo que, esto es como si lo cogieran a uno,
como cuando en el Brasil me apuntaron a mi con los fusiles y me fusilaron, no,
yo fue una concentración, yo me concentré y lo que decía era señor de los
milagros, señor de los milagros, yo no decía siquiera señor de los milagros
sálvame, sino que yo decía era señor de los milagros, señor de los milagros,
señor de los milagros, así. Pero aquí ya
me entró fue, algo así, como hagamos de cuenta como cuando uno se gana la
lotería, una cosa rara, bueno, en ese momento, en ese mismo momento me recuerdo
yo bien que ese mismo soldado me dijo, sonaba como un helicóptero encima,
yo no sé hasta dónde sería la verdad,
pero según ellos era uno de los deseos que a mi me estaban dando, entonces me
dijo, vea el que esta volando aquí encima de usted es el presidente Pinochet y
en este momento ha dictado algo muy grande en el mundo, y es la de salvar a mas
de cien mil allendistas y entre ellos
esta usted, hoy dicto el presidente Pinochet el día del perdón..., no sé hasta
donde llegaría la verdad, ¿no cierto?, bueno, entonces ya vi que la cosa era
como, el tipo me acosaba para que me parara ahí delante de las muchachas, no
sé, entonces ya me paré, hasta me acuerdo que yo me cogí así de las rejas, yo
sudaba, entonces, no sé, si yo hubiera dicho, si yo hubiera dicho vea aquella
me gusta, de pronto había sido verdad y me la habían dado, pero yo lo que dije
fue, yo lo que quiero es que las armadas tengan un poquito de bondad y me
manden al África, entonces mi mayor se paró como un resorte, porque yo lo vi,
se paró como un resorte y entonces me dijo, para el África no lo mandamos
porque se nos pierde, no podemos darle ese deseo —Benjamín tiene los ojos
llorosos por la emoción del recuerdo—, entonces, no sé —no puede continuar porque la emoción lo
ahoga— (suspendemos un momento y voy por un pañuelo de papel).
Todas las muchachas me
miraban, una mirada atenta, todas me miraban, perplejas de mi y, no sé, yo en
ese momento reventé fue en un sollozo, a llorar... no sé por qué, entonces mi
mayor me dijo, mañana tempranito estará usted en Bogotá y vamos a ver qué
recibimiento le hacen a usted.
Al otro día, muy de
madrugadita ya esta montado en un lanchile, me llevó un soldado, me llevó hasta
las escalas, me subió al landchile, y me subió y entonces, ahí me dijo, usted
no ha estado detenido, mire, despídase de la gente, que la gente quiere que usted se despida de ellos, yo no sé, no
me despedí, sino que subí y me senté. Ahí venia otro muchacho que lo traían deportado,
ese muchacho entró esa noche, colombiano también, y me trajeron aquí a Bogota y
en Bogota me tuvieron detenido en la modelo como dos o tres días (24). Bueno, y
de ahí me soltaron. Y eso hace que no volví a molestar con eso (se refiere a
que no volvió a salir).
Ya aquí me dediqué fue a
trabajar, yo volví a salir, pero no ya con esas intenciones, yo me fui para
Panamá, estuve en Panamá e iba para irme para Estados Unidos (25), estuve en
Panamá y de Panamá me deportaron, me mandaron para Cartagena, y... me mandaron
por mar. Pero yo ya no iba en esas intenciones de seguirle pues al libro, ni
esas cosas, yo veía que como que el libro lo había completado, y tampoco ya no
seguí tampoco con la política. Me puse fue a trabajar, a hacer una cosa, otra,
a trabajar. Bueno, ya, la ciudad que yo más había andado, primero me fui para
la costa, a mi me gustaba la costa, por el mar, pero en la costa no pude vivir
por el calor, entonces me gusto más Medellín y me vine para acá, ya me conseguí
por ahí..., ya vine aquí y empecé yo..., que no tenia con que trabajar,
entonces andaba por ahí y me tocaba esa vaina de ahí del pedrero, y esas cosas
por ahí en el pedrero, revolcándome (26) y le ayudaba a la gente a cargar
mercado, a hacer una cosa y la otra, precisamente hasta me quedé aterrao que el
día que llegué yo ahí al pedrero, pasó un helicóptero, uno de esos helicópteros
que no los tiene sino la INTERPOL que es de doble hélice, y nunca jamás los
volví a ver, de esos de doble hélice, de esos no hay aquí, cierto?, yo no los
he llegado a ver aquí, tiene hélice aquí adelante y hélice aquí atrás, de esos
que utilizan para la guerra (27).
Bueno, y empecé yo, y les
pedí por ahí a unos muchachos y me hice a una cajita de embolar y empecé por
ahí a pedirle a esos muchachos que me colaboraran , a que me regalaran un
poquito de betún, la gente decía que yo era para fumármelo en mariguana, que yo
era para tirármelo en vicio, que yo no sé qué, que me tiraba la plata en vicio,
que, que , bueno, la gente no me quería ayudar, hasta que me fui por allí por,
que existía ese parquecito por allí arriba por debajo del metro, donde esta
ahora la estación del metro, ahí había unos lustrabotas y les dije hombre
regálenme un poquito de betún, entonces un muchacho, un pelaito, cogió y me
regaló un poquito de betún café, yo me acuerdo que arranqué y me regaló también
unos cepillitos chiquitos, entonces por ahí vi un señor tomando en un bar de
esos y me dijo que lo lustrara, los zapatos eran negros y yo le eché betún
café, me pagó y con eso me hice a la cajita de betún negro, por ahí surtí la
cajita de betunes y me fui yendo, yo vendía mucho para los lados de Santamaría,
a mi me cogió mucho mucha buena voluntad por los lados de Santamaría, y
entonces ya empecé a trabajar por allá, y surtí bien la caja de betunes, bien
surtidita y de ahí me hice a una cajita
de cigarrillos y como le dije yo la otra vez, le caí muy bien a esos choferes
de Guayabal la Raya, entonces ya me pusieron al hilo para manejar bus, un señor
al que le decían cabeza e clavo, y este señor me puso al hilo a manejar bus y
toda esa vaina, y un día llegó un jefe de rutas y me dio el permiso así, me
dijo tenga y vaya, arranque para que vea cómo es la cosa, y ese día cogí ese
bus del parqueadero y sacándolo del..., me lo entregó el dueño del bus, y
sacándolo para cuadrarlo y salir el otro día a trabajar, ese día lo choqué, le
arranqué todo el bomper, el guardabarros, le hice un daño impresionante...,
bueno, ya me fui todo triste, yo dije aquí ya se perdieron todas las esperanzas
de algo..., bueno, cuando iba yo por ahí, por ahí abajo por la glorieta de
Cristo Rey, cuando salió otra vez el jefe de rutas, Samuel, hombre, qué le
pasó, hombre vea, yo le dañé el carro a ese señor, hombre esas no son penas,
venga que yo otra vez lo cuadro, bueno, me fui otra vez con él, ya llegué yo
allí allá y me dieron el 77, de un señor Ulises, ese carro lo manejé por tres
días, a los tres días se me subió ese señor Ulises y me dijo usted no maneja
bien el carro, vea me va a acabar el carro, y ahí mismo me lo quitó, entonces
yo dije, no aquí no hay ya nada que hacer, entonces me dijo Samuel, no, venga,
venga, que nosotros le ayudamos, y bueno entonces me llevaron allá donde el
gerente, en ese entonces era gerente de la Santamaría y de la Guayabal, el fue
gerente de la Santamaría, de la Guayabal y de la Caldas, Jorge Pareja, entonces
Jorge Pareja me dio..., me dijo vea pásese a Santamaría, pregunte por el niño y
le dice al niño que va de parte mía, que le entregue el 131, y ahí mismo me lo
entregaron. En ese carro dure como un año, un año completico, y ahí empecé a
manejar otro carro, ya me fui parando, me hice a la casita, y ya tengo el
carrito ahí. Aquí vivo con mi señora y mis tres hijos, el mayorcito tiene seis
años, los va a completar,..., uy entonces usted como ve el librito, hombre que
pena con usted... —esas no son penas, Benjamín—
*
Señores doctores de la ley,
se les saluda muy cordialmente, con todo respeto que vosotros merecéis se les
quiere decir lo siguiente, esperando que estas palabras no os incomoden en
ningún momento porque son palabras de muy buenas intenciones referentes a la
problemática colombiana. Se les dice que por favor, la inteligencia de vosotros
no tome estas palabras por ningún mal, ya que estas palabras son con la mayor
formalidad que se les puede decir a vosotros tan respetuosas personalidades.
Señores presidentes, señores concejales, señores diputados, señores alcaldes,
señores gobernadores, señores empresarios, señores alta oligarquía quiero y
quisiera ya que por la televisión ustedes piden que participemos en ente
proceso de paz con consejos o algo que pueda ayudarles a ustedes en este
proceso de paz, quiero decirles lo siguiente: primero que todo, pongámosle un
poquito de música a esto, una cancioncita sería bueno: “vuelo alto, vuelo bajo
........???? porque siempre te envidiamos al oírte .....???, yo seré el tarado
juego te daré un impulso nuevo, que lo lleve hacia aquel alto oh, tiempo
de libertad, oh la libertad”. “Donde
brille el tibio sol, etc.”. Desiderata dice “se sincero contigo mismo” y
Napoleón decía que “el hombre es como un cerdo, le tiro oro y hacia donde
quiera lo conduzco”. Nosotros los seres vivientes siempre queremos el dinero,
luchamos, trabajamos, hacemos lo más imposible por conseguir el dinero. Muchas veces esto es lo que pasa con ustedes,
luchan hablan, y la verdad es que en el fondo de la mentalidad de ustedes lo
que existe es el miedo. Yo no puedo creer que ustedes estén pidiendo la paz
porque lo más importante en una casa para que haya un buen padre y una buena
familia tiene que existir un buen padre.
PREGUNTAS
(1)
¿Cómo es la historia de la lancha?
¿De quién era? ¿Quién era el muchacho? ¿Cómo terminó en la casa del policía?
(2)
¿Cómo es Lima?
(3)
¿Cómo son Quito y Guayaquil? ¿Qué
sentía cuando llegaba a una capital? ¿Qué hacía?
(4)
¿Estuvo enamorado de la monita?
(5)
¿Pero fueron novios? ¿Y que
pensaba la familia? ¿Cómo era la casa?
(6)
¿Cómo se hicieron amigos?
(7)
¿Dónde era la casa? ¿Cómo era la
familia? Describa a todos los miembros.
(8)
¿Por qué sigue hablando de Arica?
(9)
¿Usted también comía hongos allí?
(10) ¿Usted vio películas de vaqueros? ¿Así era de rápido?
(11) ¿Quién era el entrenador? ¿A quién se le ocurrió que entrenara? ¿Ha
visto películas de boxeo? ¿Usted entrenaba artes marciales?
(12) ¿Usted no ha pensado por qué hacían eso? ¿Querían que usted trabajara
con ellos?
(13) ¿Cómo sabe que eran gitanos?
(14) ¿Cuál es el grupo de música que más le gusta? ¿Cuál su música
preferida? ¿Su canción?
(15) ¿Pero la limpió?
(16) ¿Qué le preguntaban?
(17) ¿Qué decían a las muchachas? ¿Eran secretarias?
(18) Describa mejor la cosa. ¿Era en un sótano? ¿Por qué torturaban a la
gente?
(19) ¿Qué le dijeron cuando lo armaron?
(20) Hable sobre el señor de la guitarra. ¿Quién era? ¿Cantaban juntos?
(21) ¿Cómo era el libro? ¿Qué decía?
(22) ¿Por qué pensó eso?
(23) ¿No eran las mismas muchachas que había visto cuando estaba armado?
(24) Hable de la modelo. ¿Cómo fue esa experiencia? ¿Le preguntaron por qué
estaba ahí? ¿Les habló a los presos del libro? ¿Con quién habló del libro en
los viajes? ¿Con los militares? ¿Con todo el mundo? ¿Hubo gente que lo alentó a
escribir el libro?
(25) ¿Qué pensaba hacer allà?
(26) ¿Cómo así que revolcándome?
(27) ¿Usted cree que lo vigilaban, que lo siguieron?
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