sábado, 29 de agosto de 2015



TERCERA SALIDA:

ÚLTIMO DESEO TIERRA DEL FUEGO PUNTA DE ARENAS

 

Caminando, caminando recorrí todo Colombia con esa camiseta. Hubo una cosa que pasó ahí, claro que yo no es que me aferre a pensar en eso, que el movimiento cívico, yo no se si sería sólo que oí esa noticias o que, que hubo una vez un presidente que ganó,  y subieron otros, que había ganado un presidente del movimiento cívico, cuando existió que el movimiento cívico aquí en Colombia, ¿no lo oyó? En ese tiempo hice yo eso con esa camiseta, y también me fui para el Ecuador, empecé a caminar por el Ecuador, me fui para Suramérica y dije, voy a pedir el último deseo en esta camiseta, tenía la misma camiseta, entonces le puse: "ultimo deseo Tierra del Fuego Punta de Arenas". Entonces empecé a caminar.

 

Bueno, yo cogí la camiseta y me fui yendo con la camiseta “Camacho presidente”. A la salida de Cali había un reten, y llegaba ahí a buscar para irme, para buscar carro que me llevara, y me fui yendo, lo que yo siempre cargaba, yo no cargaba documentos, porque en primer lugar no tenía cedula y en segundo lugar yo no sabía bien las cosas de documentación, y yo lo que cargaba era la Biblia y un almanaque mundial, era lo que yo cargaba, entonces yo cogí el maletincito y llegué al retén y estuve bastante tiempo, pero yo desde que salí de la casa yo quería, es que yo quería llegar a tierra del fuego y no había podido llegar, entonces yo quería llegar a tierra del fuego, yo quería llegar allá, a punta de arenas, o quisiera saber qué es eso, si es por ejemplo ese, como una islita eso ahí, no se como será eso, y aprender un poquito de esa vaina que yo no se donde queda eso de las Bermudas, si es por ahí o qué, yo siempre pensaba será por eso o qué, bueno, yo quería llegar allá, a tierra del fuego. Entonces me puse la camiseta y me fui.

 

Llegué a Pasto, eh, yo no me acuerdo bien como cruce esa frontera de Tulcán, no me puedo acordar, es que esa frontera es duro cruzarla, pero yo no me recuerdo bien como la crucé. Bueno, estuve en Quito, de Quito pase a Guayaquil (3), de Guayaquil pasé a Machala.  En Machala hay una ciudad que se llama Puerto Bolívar, y estuve embarcando banano en dos buques y dormía en la casa de un fuerte de la policía, él me había dado arriendo ahí, le pagaba arriendo, y pescaba con una lanchita, yo me iba a pescar con otro muchacho. Primero a mí me detuvieron allá en Simón Bolívar y me soltaron, estuve como un día detenido, luego me soltaron y ahí conseguí arriendo con ese señor, ahí vivía con él y trabaja en los buques, y andaba por ahí… no me volvieron a pedir papeles para nada, yo me encontraba con la policía y nada. (1)

 

Como le cuento, ahí me detuvieron, me detuvo la policía del Ecuador, me metieron a la cárcel, con un poco de gente ahí, me acuerdo que a la parte de acá había una celda que estaba vacía y eso parecía que como que allá llegaban esos soldados y se metían allá con mujeres y toda esa cosa ahí, al otra día  fue que me pusieron como a limpiar esa celda, o yo no sé, en todo caso yo pasé a esa celda y ahí tenían un cartoncito —se sonríe—, claro yo no se…, bueno, ahí me detuvieron de uno a dos días, y ahí un soldado me dijo que me fuera con un señor que era como uno de los que mandaba allá, un sargento o no sé qué, que él alquilaba piezas allá, entonces en este camino fue que yo pedí  el último deseo, entonces sí ahí me alquilaron una pieza, yo tenía una lanchita y le puse el nombre de Mayoma, que es un disco que sacó Fruco, yo salía en esa canoita a pescar con un muchacho pa el mar adentro, yo la conseguí pescando con un señor, bueno, ahí me estuve tiempito, como unos ocho días.

 

De ahí ya cogí yo camino otra vez para adelante, cuando a mi me entraron adelante, bueno, había un cuartel del ejercito, me detuvieron ahí en ese cuartel del ejercito, me metieron para allá, esos soldados se veían de mal genio, pero ellos siempre lo devuelven a uno, y me preguntaba que para que me iba, que por qué me iba, que yo no tenía por qué irme y que no se qué y no cuantas, entonces, salieron y se fueron y me dejaron ahí, yo no me acuerdo, bueno ahí en la puerta me dejó el tipo y yo salí y cogí camino hacia Guaquillas, adelante había un retén, en  ese retén me requisaron y toda esa vaina, pero ahí en ese retén no me pidieron papeles ni nada de esas cosas, ya estaba de noche, me dejaron ir, ya llegué a guaquillas y allí dormí en una casa, entonces al otro día yo iba a pasar por la frontera, acá queda la frontera del ecuador que es guaquillas y al otro lado queda la frontera del Perú que es Aguas Verdes.

 

Yo no me quitaba esa camiseta, seguí, llegué a Waquillas, y en Waquillas no me dejaron pasar la frontera para el Perú, de ahí pasaba a Aguas Verdes, y no me dejaron pasar, sino que me devolvieron, pero no me detuvieron, a pesar de que ya estaba en la frontera del lado de allá, es la frontera del Ecuador pero del lado de allá, la frontera de acá es Tulcán, entonces me devolví, me tiré por el desierto y pase por el desierto. Yo iba a pasar por ahí cuando me salió un muchacho, que no se vaya por ahí, que vámonos por el desierto, que por ahí lo detienen y lo devuelven que no se qué, y claro yo vi que la cosa estaba mejor, tirarse uno por acá que irse a enfrentar con esa gente allá. Ese muchacho era de esa gente que se mantiene en la frontera, que viven comerciando con sucres y soles, compran soles y los cambias por sucres, comprar sucres y los cambian por soles, ellos viven de eso ahí, el que necesita sucres le venden sucres, el que necesita soles le venden soles, ese comercio existe en casi todas las fronteras. Bueno, entonces, pero.. haber, yo creo que cuando yo salí de ese cuartel, que me dio por ponerle… “último deseo tierra del fuego punta de arenas”, ya de ahí esa letrica… la puse a un lado del otro letrero, yo busque como ponerle algo más emotivo, bueno, ya crucé y adelante eso me pareció muy raro, y al suceder del camino yo creo que fue algo que me dijo ese señor que así fue. Me encontré un señor en el camino, ya el otro tipo me había dejado, y ese señor o un muchacho casi, y ese señor me dijo “usted ha quedado en libertad en el Perú, usted puede cruzar la frontera”, y a mí en el Perú no me molestó nadie, yo estuve hasta manejando carro en el Perú. En el camino me paró un camión que venía cargado de Medellín con juguetes de Búfalo, iba para Lima y adelante en Trujillo la libertad me acuerdo que encontramos, yo hasta pensé que nos iban a requisar ahí, porque eso era un comando del ejercito, pues, una cantidad de carros y tanques y cosas, bueno, todos esos armamentos que tiene el ejercito, cañones, pues, todas esas cosas, el ejercito peruano, eso ahí es un puente, todo eso estaba lleno de militares, pero nosotros pasamos y no nos dijeron nada, absolutamente nada, entonces seguimos hacia Lima.

Ya llegué a Lima yo me estuve por ahí andando, a la salida de Lima, poniéndole la mano a un carro, a otro carro, a otro carro, hasta que adelante me paró ese señor que le digo, el del Fíat, para dónde va?, yo voy para Chile, pero me hace el favor y me lleva para más adelante, súbase, y en ese camión nos fuimos hasta Arequipa, y en estos días que estuve transportando a unos peruanos, en el taxi, y hablamos de eso, aquí en Medellín, los recogí en la minorista, que coño, que no se qué, y entonces yo pensé que eran costeños, cuando me van diciendo que vos no  conocés el Perú, y yo les dije cómo no voy a conocer el Perú, y ahí fue donde entonces me puse a hablar con ellos acerca de Arequipa, yo no me acordaba del nombre de ese volcán, el Mixtin, ellos fueron los que me dijeron el nombre de ese volcán, yo si lo sabía, pero ya se me había olvidao, bueno, ellos hasta dijeron que la ciudad que la ciudad…, porque yo les dije, yo estoy acá en una loma y allá al frente Miraflores, creo que fue que me dijeron ellos, se llamaba la ciudad esa, allá quedaba el Mixtin, y de allá se ve un señor acostao, un indio, es como el cráter de ese volcán es como ver una persona acostada, un gigante acostao, así es, entonces dicen que un indio que murió allá y se quedó ahí, pero uno para subir ese volcán es una arena que lo devuelve a uno, lo devuelve a uno, la primera vez pasé por ahí y fue la otra vez por acá por Oruro para seguir a Puno, y esta vez ya se tira uno por acá para seguir pa Taena, eso días había ido el presidente por allá a Arequipa, Morales, Morales Bermúdez, allá a arequipa.

 

En Arequipa me puse a andar esa noche que llegué por ahí hasta que, en Arequipa hay un volcán que tiene un indio por encima, es como (fin casete I).

 

Entonces esa noche que llegué yo allá en el camión encontré un muchacho que tenía una chaqueta, andaba con la novia, como eso es tan frío, él dizque estaba en universidad haciendo su carrera y la hermanita estaba haciendo carrera también se quería meter de monja y en la chaqueta se había dibujao una lengua, en la chaqueta acá, una lengua así, entonces el cantaba mucho esa canción, yo siempre que escucho esa canción me recuerdo de ese muchacho, porque el cantaba mucho esa canción que dice “quién es, qué hace aquí, tan extraña nunca vi, pero quién es, que hace aquí, más bonita nunca vi” y así, “tan negra como un carbón” —se ríe—, el cantaba mucho, mucho esa canción, le gustaba mucho, yo no sé… y, entonces, yo, la muchacha era muy bonita, era una monita ella con unos ojitos lo más de lindos (4), y yo no sé, yo dormía aquí y ella dormía acá al otro lado, ahí junticos, a mi me parecía muy raro, muy extraño eso, que yo digo pues, como es que una persona que no conoce y le dan de dormir…, tal vez que me hubieran acostao con el muchacho, no cierto, sería más pasante, pero con la muchacha, siempre le daba a uno, cierto, siempre le daba qué pensar, bueno, y yo por las noches, y ella me decía…, yo hice un viaje con el señor en el Fíat, el gmc, el gmc era un carrito mas viejito, y el otro era el Fíat yo me iba con él a Lima , y en todo el camino que hicimos a Lima nadie me detuvo, nadie, a nosotros nos paraba  el transito, y conversaban con él, y seguía sin problemas, yo no llevaba papeles, bueno entonces ya un día dije, en ese entonces estaba Isabel Martínez, y ya estaba Isabel Martínez de Perón en la Argentina, ya era la que gobernaba era ella, bueno, entonces yo ya dije, no, me voy, y  ya que el presidente Morales Bermúdez había pasao pa Tanda, entonces yo por eso me retracé unos días para no ir, porque yo decía, si está el presidente allá, eso se va a volver un enredo, entonces yo me retracé un poquito, bueno, cogí y salí, precisamente lo que la muchacha me contaba era que ella estaba estudiando, que se iba a ir a Italia a estudiar allá, hasta me dijo que dizque nos casáramos (5), pero yo que me iba a poner en esas cosas por allá, y ella quería ser monja, pero si se casaba conmigo le decía al papá que me dejara el gmc a mí, el gmc, y el papá nos daba donde vivir, eso era lo que ella me decía. Entonces ella no seguía la carrera de monja, bueno, pero yo iba en otra cosa, el camino mío era otra cosa, y no, pues no eso, eso de pronto me acarraría problemas más adelante, o no, yo no sé,  bueno, en todo caso, eso fue así, ni poniéndole más, no porque siempre es bueno dar la historia como buena, y poniéndole menos, yo creo más bien que se le pone menos porque uno no puede contarlo todo.

* Yo tuve un amigo en Arequipa y ahí esa familia , yo no se, el señor dice que el fue de la política, el tenia un camión, y tenia Fíat y tenia gmc, y entonces el me dijo, vea, el tenia una muchacha muy bonita, muy linda esa muchacha, unos ojitos así como todos verdecitos y el pelito todo mono, era muy linda y el hermano que fue el que me llevo allá, que yo andaba como despistao, y entonces llego el hermano y me dijo venga que allí en la casa le damos posada (6), la primer noche me hicieron amanecer allá afuera de la casa, pero en un lugar como una piecita ahí, cuando al otro día la señora ya no quiso que yo amaneciera allá, la mamá de ellos, sino que me hizo entrar pa dentro y dio la casualidad que me acostaron al lado de la muchacha esa, entonces, ella dormía en esta cama y yo en la otra, y ahí amanecí yo dormido, entonces yo por la noche ellos tenían un sembrío de manzana, entonces yo me iba y me sentaba con ella allá y me contaba que le gustaba mucho ser monja, que si quería  que yo me casaba con ella, que el papá me daba para que manejara el Fíat, gente sin conocerlo a uno y haciendo esas cosas, dígame usted pues, y yo le decía las miras mías es andar, contar, y formar una historia para más tarde encontrar  una persona que me ayude a sacar un libro, puede ser usted, eso es lo que yo quiero, yo siempre andaba con ese pensamiento del libro, el libro, el libro, en la cabeza, entonces, bueno ya se vio que no había nada, yo le ayude a traer un viaje en el gmc de Lima, y la cosa mas impresionante, a nosotros nos pararon varias veces los tráficos, pues, que se mantienen en la carretera, yo no se cómo los llamarán allá, entonces conversábamos y nunca nos dijeron nada, si uno encuentras gente que le ayuda, como encuentra gente que le tiene a uno miedo pavoroso como si uno fuera un asesino, un delincuente, un ladrón, uno encuentra gente así con muchas cosas (7).

*

Bueno, ya seguí yo y llegué hasta un restaurante al borde del camino, al borde de la carretera hasta donde me llevó un camión, yo me quedé ahí, me dieron posada, y en ese restaurante estuve trabajando ahí, meseriando y ayudando a lavar platos, y de ahí pasé a Tabna, donde fui llegando entre oscuro y claro de mañana, cuando yo me fui así a la parte de acá, yo no entré al pueblito, yo me fui buscándola salidita, entonces ya me fui a una bomba que había ahí y le dije a un señor, yo le dije a varios, pero le dije a un señor que me hiciera el favor pa cruzar la frontera a Chile, y entonces él me dijo que si tenía pasaporte, todos me preguntaban por el pasaporte  para poder cruzar, que si tenía pasaporte, que si tenía papeles, pero yo no tenía nada de eso. Entonces este señor me dijo, vea, ese señor que está allá, había un señor que estaba allá parao, yo ya lo había visto, ese señor que está allá, no se qué verdad sería, si sería mentira o si sería de verdad un detective o policía, mejor que ni siquiera lo averigüe, ese señor que está allá es un detective, y ese señor le está poniendo cuidado a usted, me dijo él, entonces yo lo llevo, pero si cualquier cosa usted se hace cargo de todo. Listo, entonces me subí adelante en la cabina del carro, dele, atrás en un carro siguiéndonos, siguiéndonos, siguiéndonos, que no se despegaba de nosotros, entonces adelante, allí se perdió ese carro, y ya llegamos a un retén, yo me acuerdo que en ese retén le dijo el guarda al del camión, ¡fulano¡ quiere tinto, y entonces le pasó un pocillito con tinto a él y seguimos, a mí no me dijo nada, ni tampoco le preguntó a él quién era yo, ni nada de esas cosas, y él ni siquiera se bajó. Seguimos. Ya adelante me dijo el señor, vea allá está la frontera del Perú y la otra es la frontera de Chile, usted verá, si sigue por aquí tenga seguro que si no lo detiene el Perú lo detiene Chile, o si atraviesa por aquí por el desierto, pero en estos momentos Chile está en guerra con el Perú y está en guerra con Bolivia, ya usted verá. Yo le dije, entonces déjeme aquí.

 

Adelante, había una bajadita así, que era monticos de tierra, era como haga de cuenta que una volqueta descarga aquí, luego descarga aquí, aquí, descarga aquí, descarga aquí, así monticos, pero no eran pequeñitos, sino monticos que tapan a una persona, yo me imagino que eso lo hacía, que eso era como una estrategia militar que tenía ahí, era como una estrategia, yo caminé por en medio de esas cosas, y ahí adelante había un aviso, un poste que decía  frontera del Perú, seguí caminando y por ahí, hagamos de cuenta como cruzar la oriental, más o menos, como cruzar la oriental más o menos, otro aviso que decía peligro, no cruce, frontera de Chile, entonces yo ya me puse a pensar ahí si seguía, no seguía, si seguía o no seguía, pensar ahí, en ese momento yo sentí como un trueno que sucede por encima así a lo largo, pero no fue sino uno nada más, no sentí más, me pareció raro por eso, bueno, un trueno como cuando suena traaaarrrrrrrraaaaaa, así, pero yo en medio del trueno oía una voz que decía, DIOS HAY, yo iba cruzando, DIOS HAY —dice en un susurro—, por eso yo utilizo mucho esa palabrita por ahí, que Dios hay, porque yo oía mucho eso en el camino, más que todo cuando entraba al peligro más grande, y, por ejemplo yo escuchaba, Dios hay, por lo menos otra vez cuando yo escuché —le tiembla la voz— DIOS HAY —lo dice como un lamento, a punto de llorar—, no sucedió trueno, sino que cayó como una brisita así, una brisita, fue acá en la frontera de Chile, yo iba a pasar de Bolivia a Chile, entonces yo vía allá una nubecita como haga de cuenta un hall mentolitus, yo escuchaba…, y en la selva escuchaba mucho que DIOS HAY,  MENTE, pero esa voz no era como la que escuchaba acá, como el murmullo que escuchaba en la presidencia, era una cosa que parecía venir de allá del cielo, yo no sé si esas cosas serán de creer, o será que uno se las imagina, pero yo escuchaba eso, yo escuchaba eso, la una venía del cielo y la otra de la tierra como cuando uno habla entre dientes. Cuando yo estuve en el Brasil, yo fui a la embajada del Brasil, y la embajadora del Brasil me dijo que la telepatía existía, pero yo no creo que esa sea la telepatía, yo creo que hay un ser que me hablaba a mí, no cierto, muy poderoso que me hablaba a mí en medio de los rayos. Yo a la embajada solamente fui a pedir ayuda, y como no me ayudaron esa…, habían dos embajadoras ahí, una que estaba de blanco y otra que estaba de rojo, entonces la que estaba de blanco me mandó para donde la que estaba de rojo, y la que estaba de rojo fue la que me dijo, la telepatía existe, eso, porque estábamos hablando ahí, entonces yo no sé de adonde se le ocurrió decirme eso, entonces yo todas esas cosas las pensaba escuchando esos gritos, pero lo que sucedía de entre medio de los rayos no era como un grito, sino que era como una cosa que se iba abriendo de entre medio de los rayos, si me entiende, y siempre escuchaba en medio de esa voz, siempre escuchaba, una voz que retumbaba NO MORIRÁS, pero por qué?, yo soy un ser humano, ¿no cierto? Lo mismo cuando yo estaba en la selva, cuando yo estaba en la selva escuchaba eso, NO MORIRÁS, y yo digo que matarme a mí es la cosa más fácil, no tengo quien me cuide, tengo quien me mire ni nada, puede haber un ser todo poderoso, es que por eso yo digo, puede haber un ser todo poderoso que me esté… bueno, entonces yo ya seguí el camino, ya con miedo y toda esa vaina, porque yo ya había visto el campo minao y lo que me había pasao allá, y primero se veía el cerro de cobre se veía acá, era el cerro de cobre que estaban peliando ellos, era el cerro del cobre que tiene una riqueza inmensa, no hay capacidad que pueda dar la riqueza que tiene el cerro del cobre , eso era lo que ellos estaban peliando, yo no sé si hay dos cerros de cobre porque a mi me parece que Chile le quitó un cerro del cobre al Perú y otro a Bolivia, y la entrada al mar a Bolivia, y por ahí por ese pedazo me parece, no estoy seguro, que por ahí era la salida al mar de Bolivia, entonces eso estaba en pura candela.

 

Bueno, cuando yo más adelante, había caminao, caminao, caminao, cuando yo sentí como, no sé, haga de cuenta como una explosión, pero muy abajo, yo me imagino que era como un tanque que venía, un tanque que venía, me imagino yo, bueno, cuando yo sentí que pasó una avioneta, pero yo quería salir a la vía férrea, a la vía férrea para coger el tren, entonces yo iba caminando, caminando, yo cuando vi que pasó la avioneta me asusté mucho y allá adelante había una hilera de eucaliptus, una hilera de eucaliptus así, cuando yo vi  que la avioneta se tiró como hacia el cerro y fue allá dando la vuelta, fue allá dando la vuelta, y cuando yo vi fue que se voltio allá y ya se vino hacia mí, entonces ya me asusté demasiado, entonces arranqué a correr y a correr y a correr, y ya el bultico que se veía allá pequeño, ya se veía como más grande, aunque no se alcanzaba a distinguir si era un tanque, pero ya se veía más grande, mas sin embargo, yo trataba de analizar si era algo militar lo que venía allá, era como un carro del ejercito o algo así, y yo arranqué a correr desesperado, y entonces  a buscar la carrilera, y cuando yo fui a salir a la carrilera pasó el tren y eso venía cargao de carabineros, eso venía cargao de carabineros por toda la orilla, entonces yo ya me vi que ya no tenía nada más que hacer y yo pensé en regresarme, pensé muchas cosas, cuando ya venía la avioneta ya cerquita de mí, yo dije no aquí no tengo más que hacer que correr a los eucaliptos para poderme esconder, entonces ya corrí desesperadamente, desesperadamente a los eucaliptos, y hágale y hágale, correr y correr, y como la arena casi no lo deja correr a uno, entonces ya corriendo y corriendo desesperado por llegar a los eucaliptos, ya cuando llegué ya sentí como si esa avioneta ya venía muy bajita, y yo sentí mucho miedo, y ahí había una zanja así gigante, haga de cuenta como una calle, más o menos, como esta calle de aquí, ancha, pero así a lo largo, aquí están los eucaliptos y allí una zanja, y el tren pasaba haciendo un puente por encima, entonces yo ya no sabía si salir a la carrilera  cuando yo asomé y vi esa zanja yo no me tiré porque yo me asomé y abajo había un letrero que decía PELIGRO, CAMPO MINAO, entonces yo ya no sabía que hacer, yo desesperao, desesperao,  no sabía que hacer ahí, cuando yo viendo que ya la avioneta venía tan cerquita de mí yo pensé que me iban a disparar, ellos no dispararon, pero yo pensé que me iban a disparar, y ya veía que también el carro venía encima de mí, y como es una zona tan peligrosa, entones yo dije a la mano de Dios y me tiré allá, yo cerré los ojos y esperaba que estallara alguna cosa, que estallara algo que se acabara el mundo ahí, pasé al otro lado  y nada, y subí otra vez la montaña esa que hasta me estaba quedando difícil porque eso era pura arena, y yo arañaba y subía y subía, ya cuando subí allá era como si hubiera estado en el infierno y del infierno hubiera pasao al cielo.

 

Allí adelante lo que encontré fue como si hubieran dejao un poco de balas, balas, pero era un montón así, así, de puras balas, ya oxidadas, eso hacía mucho tiempo que estaba ahí, eso no tenía poquito tiempo de estar, puras balas ahí, unas grandes otras pequeñas, ya están oxidadas, llenas de moho, adelante ya queda la entrada para el aeropuerto, yo seguí caminando, ahí empecé allá a ver, eso es como ver un edificio blanco, cristalino, muy bonito, eso bancos de hielos, esos bancos que andan por encima del agua de puro hielo, ahí en Arica eso se ve ahí, ese Arica es bonito, hágase de cuenta ver dos edificios Coltejer pegaos, grandes, inmensamente grandes, son grandes ahí en Arica pero abajo en la Patagonia son todavía más grandes, pero es que la diferencia en la Patagonia es que son como mas retirados en cambio en Arica son como más cerca, se ven más cerca.

Yo ya dije que pasé por el aeropuerto,  ahí había una carreterita, de ahí seguí adelante, y adelante ya me encontré fue, se me apareció un muchacho, llevaba un paquete con pan, entonces yo le dije que si me regalaba un pedacito de ese pan, entonces ya se puso a conversarme ahí, que era Chile, que eso era Arica, y llevaba en la bolsa unos panes ahí, unos panes cuadraitos, y me regaló unos panes, y una cosa que llevaba ahí, que yo no sé, ellos le llaman que patete, que pan con patete, yo no sé si le dicen eso allá o qué, y entonces me dio dos pancitos de esos. Eso por allá es puro desierto, y más adelante se veía el mar, con montañas de hielo que se movían. Seguí adelante, y me entretuve andando por ahí por Arica (8), aunque la anduve muy poquito, me pareció una ciudad como normal, lo que pasa es que a toda hora las calles se ven con arena, ventea arena, una ciudad pequeña, con pocos edificios y creo que viven del cobre y de la pesca, porque para abajo en la Patagonia pescan mucha ballena.

 

Seguí, adelante, en la salida había unas casitas como de madera, casas viejas, casas de gente pobre, bueno, y ya me cogió la noche y hice un cambuchecito en la arena con unos cartoncitos y me cubrí y amanecí. Yo en cualquier parte dormía, en el monte, por ejemplo en el Amazonas me tocaba dormir ahí en la tierra, y pues digamos, una culebra, hay mucha culebra, hay una pequeñita así y la llaman la veinticuatro, y esa culebra téngalo por seguro que los indios, el indio puede ser el más bravo que sea y le tiene mucho miedo a esa culebrita, es demasiadamente peligrosa, y bueno, yo le doy gracias a mi Dios que nunca fui picado por un animal de esos, me tocó que matarla sí, pero yo nunca fui picado por una culebra. Si me ha tocao ver gente picao por culebra, eso es espantoso, varias veces  me ha tocao por allá en el monte ver gente picada de culebra, uno picao por un orito, y un indio que lo picó no se qué culebra, pero en todo caso ese indio le salía sangre por los poros, por aquí, y le chorriaba la sangre así, y lo picó por aquí como por un dedo más o menos, y el dedo se le puso un hueso así, y todo esto se le hinchó y le salía sangre por la nariz, por la boca, chorreaba agua sangre, es espantoso, una picadura de culebra, la gente realmente tiene una mala muerte, y yo me bañaba en el río, en el amazonas y me decían que existía la piraña, pero a mi no me llegó a pasar nada, gracias a mi Dios, yo le agradezco todo eso a mi Dios, porque pues un viaje que yo me improvisé así y arranqué y me fui, y seguramente mi Dios estaba en el camino, conduciéndome, y protegiéndome de tanto peligro, claro que el peligro más peligro que existe en toda parte, sí, es un peligro infalible, es un peligro que no tiene remedio, es un peligro que es mortal, es un peligro mortal, es el hombre, el ser humano, el ser humano desconfía, el ser humano odia, el ser humano persigue, el ser humano…, bueno, todas las características que usted puede encontrarle de maldad al ser humano, las encuentra. Es racista, bueno, lo que usted quiera encontrarle, es malo, solamente por el solo hecho de ser malo, el ser humano es el más peligroso en toda parte, creo que hasta aquí en este punto donde estamos, que vea todo lo que está pasando, el ser humano es el hombre más horrible que pueda existir sobre la tierra. Y en toda parte es así. Y seguramente Dios siempre estaba defendiéndome hasta de ese ser.

 

Bueno, ya seguí yo…, yo andaba mucho en carro, me salía a la vía y hacía autostop, a veces me encontraba con otros caminantes, y andábamos mucho tiempo, ellos cogían su camino, a mí me gustaba mucho era andar solo, por ejemplo ahí en el río la Miel, ahí en la Dorada, allí iba mucho caminante, ahí, a mi me gustaba mucho ir ahí, fui varias veces, al río la Miel, precisamente me tocó salvar a un señor que se estaba ahogando, estaba el río estaba crecido y se tiró y se estaba enredando entre unas ramas, ahí se estaba ahogando, a mi me dijeron que ese señor era hijo de una persona muy rica, pero yo no quiero ni nombrarla en este momento, pues me parece como algo como absurdo yo haber salvado una persona de esas de esa categoría tan alta, pero bueno, son las cosas de la vida. Creo que, de pronto, ese señor ni me recordará ya, en el río la Miel, allá iba gente, muchachos hijos de gente adinerada, a comer hongos, a drogarse ahí (9).

 

Bueno, entonces ya seguí el camino por la mañana, ya adelante, ya iba caminando cuando unos camiones del ejercito, yo iba por la orilla de la carretera, yo me asusté mucho y me tiré hacia más afuera y me escondí en unos tumultos de arena porque allá la arena es como en tumulticos así, o sea que eso lo forma, no como los tumultos de atrás que eran grandes, como volquetadas que descargan, sino tumultos que se hacen con el viento que los forma, el desierto no es plano, usted va caminando y encuentra el morrito o un morro altísimo. Bueno, seguí, y me tocó tirarme allá para poder esconderme del ejercito, yo no sé si me verían o no me verían, en todo caso ahí había una piedra y yo para poder pasar tenía que pasar por toda la vista de ellos, entonces yo me tiré y me fui agachándome, arrastrándome y fui cruzando por la piedra y, no sé, yo les entendía porque ellos cogieron para un morro arriba, que era como la entrada para una mina, entonces desde allá, el mismo eco traía la voz de ellos, yo oía que ellos hablaban que había que sacar cobre, o sea que yo me imagino que ese era el cerro de  cobre, entonces ellos se subieron por esa mina pa arriba, y allá hablaban y se oía acá, yo escuchaba que yo no sé qué, pero yo no le ponía atención a eso, sino que yo estaba bregándome a escurrir, escurrirme e irme.

 

Bueno, yo los dejé a ellos ahí y ya me fui, y cuando subí arriba a la montaña el…, la neblina cubría la montaña, pero hacía un frío espantoso, era como haga de cuenta cuando usted pasa por Ventanas, que es blanco, blanco y que uno no alcanza a ver, pero uno por Ventanas puede caminar, no cierto, pero yo ya me estaba como engarrotando, yo ya no alcanzaba casi a dar los pasos, yo me sentía ya como pesado, como que ya no podía, cuando escuché el ruido de un motor y le puse la mano y ahí mismo me paró, era un bus. Yo me subí al bus, y yo antes de subirme al bus le dije al chofer que era colombiano y que quería ira a Santiago de Chile, que si hacía el favor y me colaboraba y me llevaba hasta más adelante, ¿si?, bueno, adelante paramos en un retén, en este retén según cuentas, revisaban la manzana, porque la manzana allá según ellos, es como comentaban ahí, la manzana tiene una enfermedad muy peligrosa, la manzana tiene un mosco que le llaman el mosco azul, y ese mosco como que deja unos gusanitos que son peligrosísimos, como que da una infección bastante peligrosa en el estómago, entonces ellos revisan minuciosamente las manzanas, y en ese retén como que siempre aplicaban eso, revisar las manzanas. Bueno, a mí me dio mucho miedo, ese retén lo pasamos y a mi no me dijeron nada, luego  pasamos más adelante a otro retén, entonces en ese retén me iban a mí a revisar los papeles, algo así, los hicieron parar contra el carro, entonces el guarda como que tuvo un descuido ahí y yo me abrí por un laito, me fui, me fui y me tiré como una bala por ahí pa abajo y salí y me fui.

 

Adelante subí de nuevo a la carretera y salí a un restaurante, y bueno ahí me invitaron a una comida, yo arrimé y pedí, ni me acuerdo que comí ahí, y seguí pa adelante, me fui caminando, caminando, caminé bastante, bastante, bastante tiempo, cuando adelante me recogió una volqueta que iba con unos soldados de la fuerza aérea ahí en esa camioneta, iban bebiendo vino, nos pusimos a tomar vino y ahí íbamos en esa camioneta, no una camioneta, sino una volqueta grande, de esas grandes de volco, entonces había que cruzar un retén, yo creo que ese retén no…, las cosas como que se iban dando en el camino, ese retén yo creo que no me hubiera pasao, ese retén es como haga de cuenta cruzar una frontera, según ellos, hasta ellos me decían que era un retén muy peligroso, antes de llegar a Iquitos, a Iquique, Iquitos queda en las Amazonas, Iquique acá, según me decían ellos, porque yo no entré, Iquique es zona franca, zona franca es donde dejan a la gente extranjera que ande todo eso, yo me quedé antes de llegar a Iquique para seguir la carretera, entonces ahí en ese retén pararon la volqueta esa  y ellos me hicieron acostar, en el volco, entonces se saludaron ahí, y seguimos, ya adelante, a la entrada a Iquique, ellos me dijeron, vea acá queda la entrada a Iquique y usted verá si baja a Iquique que allá no le dicen nada porque eso es zona franca, o va a seguir? Yo les dije, no, déjenme aquí más bien.

 

Bueno, seguí adelante el camino. Caminé mucho, mucho rato, pues... en primer lugar a mí me gustaba caminar por ese desierto, muy bonito el desierto, ya el mar no lo vi sino en Arica, de ahí para allá, después de que pasé el cerro ya no volví a ver el mar. Seguí adelante donde me recogió un señor en un carro muy bonito, yo no puedo decir que si o que no, pero según cuentas el tipo como que era el que mandaba por ahí por esa zona, pues, era lo que él me contaba, que las ordenes de él por ahí eran cumplidas, que no sé qué, bueno, me decía un poco de cosas ahí, hablando y hablando ahí, y me preguntaba también muchas cosas y todo eso. Bueno, me llevó bastante trecho hasta adelante, y entonces me dijo, no, ya por aquí yo me meto porque voy para la casa, así que usted verá si se sigue, y yo le dije no déjeme en la vía que yo sigo para adelante.

 

Ya seguí para adelante, por allá, cansado ya tarde en la noche, de tanto caminar, arme un cambuchecito para dormir. Bueno, al otro día otra vez, caminar caminar y caminé bastante rato, cuando adelante me recogió otro bus, ya era tarde, ya iba cayendo la tarde, anduve bastante en ese bus, cuando, yo no sé, porque me dio por empezar a preguntarle a esa gente, por la curiosidad seguro, empezar a preguntarle a esa gente por Salvador Allende, entonces a esa gente que iba en el bus no les gustó, y ya empezaron a decirme que  de Salvador Allende no se podía hablar en Chile porque Salvador Allende  era una persona muy importante, y según cuentas lo tomaban por un Dios. Como que yo no sé, pero según decían ellos el pueblo como que quería mucho  a ese señor. Entonces, más adelante, esta misma gente me entregaron a un retén militar. Que vea que éste está hablando de Salvador allende, y que no sé que y ahí mismo me cogieron  y me preguntaron por papeles y como yo no cargaba eso entonces me metieron por allá a una casa de un piso de tablas. Al otro día me despertó una banda de muchachos como que estudiantes o algo así, bueno, y allí me transportaron, me llevaron a Santiago de Chile y en Santiago de Chile me entraron a una parte que la llama, era una cárcel, pero cárcel de gente especial porque pues ahí me tuvieron en una celdita así pequeña y traían la comida y a mi me preguntaba qué iba comer, qué me gustaba, qué me provocaba, y al lado de enseguida, según decían ellos, yo los escuchaba, a ese tipo le preguntaban mucha cosa, había un tipo que se llamaba Edmundo, y a ese tipo le preguntaban mucha cosa, y sobre todo lo que le preguntaban era acera de Salvador allende. Entonces, yo tuve una medio conversacioncita por encima con ese señor, porque esa gente es como muy seria, como muy callada, todo eso,  pero uno la curiosidad como que lo mete a preguntarle a alguien algo, y según cuentas él me dijo, el era guardaespaldas de Salvador Allende. Y le preguntaban mucha cosa sobre salvador allende, y él les contestaba. En esa celdita a mí me dieron como cuatro o cinco cobijas, bueno, yo no me sentí como mal ahí, no cierto, pues, como a comparación de esa vez en Puno, que me metieron en un pulguero, en un pulguero, y en un polvero ahí; la cosa muy diferente, ¿cierto?, eso era la INTERPOL, y allí me tuvieron un día o dos, de allí me pasaron a los cuarteles de la INTERPOL que quedan al frente del general Maquena, que es la cárcel, según ellos, porque yo no la conocí, la cárcel más importante que tienen ellos allá, hágase de cuenta acá como la modelo, será? Pero yo no estaba allá sino en los cuarteles de la INTERPOL, yo estaba al frente. En la parte donde yo estaba no se veía, pero como ellos me sacaban a caminar ahí por esos corredores, ellos me mostraban y me decían eso que esta allá es general Maquena, la cárcel más peligrosa de Santiago de Chile, yo no la conocí, como le digo. Bueno, ahí estuve yo bastante tiempo en esos cuarteles de la INTERPOL, calculándole por ahí, calculándole, porque no soy yo capaz de decir tanto tiempo, más o menos un mes. Pero qué pasaba, yo esa gente, en el estudio que yo le veía a esa gente, como que no querían que yo me viniera, no sé, uno no sabe, porque la cárcel aunque sea de oro no deja de ser prisión, no cierto, y así lo traten bien a uno está preso, de todas maneras un se siente mal, pero esa gente a mi no trataba de hacer la vida como mal, que yo, como en las otras partes donde había estado que le hacen a una la vida como mas difícil, allí no, ni comparación como cuando estuve en Calama, en Calama si era muy fregao, todo el tiempo preguntando, investigando y toda esa cosa, allá no.

 

Bueno, allí iba mucho un mayor, un mayor de las fuerzas militares, era de apellido Camacho; ellos decían que era de apellido Camacho porque yo no puedo llegar a decir vea él era de apellido Camacho porque yo no le vi ni la cedula ni nada, pero era un mayor militar, él llevaba su uniforme puesto, su gorra, era un mayor militar, y todos lo trataban como un mayor, mi mayor, y todas esas cosas. Bueno, él iba mucho y le gustaba mucho conversar conmigo, él me decía, caammaaaaachoo —Benjamín habla con voz cavernosa—, él hablaba así, una voz como gruesa, como ronca, y en las conversaciones que tuve con él, nunca él se refirió como a investigarme, sino que era más bien como conversar, dialogar, porque uno los diálogos siempre los distingue, una persona  que trata de hablarle de una manera soez a uno, uno la distingue, ¿cierto?, o una persona que trata de hablarle como más amigable, y el siempre era como amigable, al frente había un restaurante, a mí me llevaban a comer a ese restaurante, me acuerdo que había una matica, ellos comen mucho eso, les gusta chuparse eso, y ellos me daban a chupar una  como una bellotica, ellos le quitan la cosita esa y se la chupan, ellos cocinan eso y se lo chupan, también les gusta mucho, le arrancan las hojitas y se la chupan, la única parte donde yo he chupado de eso es allá,  porque yo por aquí no la he conocido. Bueno, y así, así me mantenía yo allí.

 

Había un preso que lo tenían en la celda de arriba, y ese preso, mejor dicho, él no podía ver un guardia de esos, los insultaba, les tiraba, mejor dicho, parecía como un perro bravo, y yo me le acercaba allá  a la verja de ese preso, a ellos no les gustaba que yo me le acercara, pero yo pues, para sentarme allá tenia que dar una vuelta, subir unas escalas, una vuelta y venir hasta por acá atrás, y yo siempre trataba de llevarle como un pancito, como alguna cosa para que el comiera, y siempre que me veían que yo iba allá, me regañaban, se ponían todos furiosos, qué tenia que hacer yo allá, que no sé qué, ahí si los veía mal. Ese señor estaba preso por un delito que nunca supe cuál era, y llevaba muchos años de estar ahí en ese mismo calabozo, todo barbao se mantenía él. 

 

Bueno, había un soldado que era muy rápido con el revólver, para desenfundar el revólver, el tipo llegaba uno y le decía cuente hasta tres y llegaba uno y decía uno, dos... y ya había disparao, uno llega uno dos —lo dice como una bala de rápido—, y ya había disparao, desenfundando de acá, con el suiche puesto, con el seguro, yo no sé  como hacia, pero de una disparaba (10).

 

También estuvieron instruyéndome para boxeo, querían que yo fuera un boxeador, algo así, como que yo no sé si era yo el que no me prestaba, pero ahí en el sótano me llevaban un tipo que era entrenador de boxeo, y me entrenaba ahí, abajo había un sótano y era como un calabozo grande (11).

 

 Me enseñaban acerca de los caminaos, que había gente que caminaba de una manera que de otra, y así, que pa pasar que por un teatro, yo no entiendo de eso, que toda la gente, según ellos, lo que yo les entendía era que toda la gente no camina igual en la ciudad, toda persona tiene una manera de caminar, entonces ellos ehhhhh, toman a una persona y por la misma forma de caminar, pueden coger a una persona, o sea pueden seguir  una persona o pueden cogerla por su forma de caminar, y así la persona quiera eludir la forma..., o sea que la forma de caminar viene siendo casi igual a las huellas digitales, y ellos me daban a entender esas cosas, por eso le digo que yo no sé, estar uno preso y al mismo tiempo estar cuidado, y la misma gente en dialogo con uno, pues yo no me sentía, pues, así como... (12)

 

Es más, por la noche, el único que estaba ahí en ese calabozo era yo, ahí como que según cuentas llevaban a la gente a, ahí por ejemplo llevaron unos gitanos (13), gente de emigración, que la cogían con los papeles vencidos o así, entonces los llevaban ahí, yo hasta me metí a los calabozos con ellos y salía, yo tenia mi calabozo, pero eso se mantenía abierto, ese calabozo no lo cerraban para nada.

 

Bueno, así fue pasando el tiempo, cuando lo que yo le he querido contar es esto: y yo no sé ellos porque hicieron eso, si lo hicieron por burla, pero no creo, porque un arma de esas..., como se van a poner a burlarse de una persona así, o si lo hicieron por charlar..., tampoco creo eso, yo creo más bien que eso ellos lo hicieron de una manera seria, lo que le voy a contar, es algo que si yo tuviera la forma, yo estudiaría eso, el porqué de eso, si eso no es cierto..., a mi me dieron un papel donde decía que yo era dueño de una casa y que era dueño de un chevette, un carro chevette, yo ni leí bien eso y yo boté ese papel, yo debía haber guardado ese papel, debía haberlo guardao, pero no sé, lo boté. Bueno, una noche de tantas esas, lo que sí es que allá me tenían aburrido con la comida, que la comida me daban mucha lenteja, lenteja, lenteja, lenteja, lenteja, lenteja, todo hay que decirlo como es, bueno, una noche estaba oscureciendo la noche, allá había uno que era muy serio, muy serio e infundía mucho respeto, precisamente a mi daba como cierto recelo de verlo, estaba yo en el calabozo, ahí, esa noche me le echaron candao en el calabozo, yo estaba en el calabozo, ah, antes de llegar allá, ellos  cantaban unas canciones que me parecen a mi, cantaban que “vino griego”, gustaba también que yo les cantara, ellos tenían también su piecita ahí, era como un calabocito, no era pues puerta de calabozo sino una puerta de madera, y tenían una hornita ahí, su mesita, escritorio, y ellos cantaban un disco que dice... —benjamín empieza a cantar con su voz aguda y templado, muy agradable— “cuando no haya rosas  ni sol en tu jardín, y en tus campos no crezca la hierbaaa..”, ese disco, también ese que llama que “vino griego”, que es muy bonito, cantaban otro “el negro José”, “perdóname si te digo negro José...”, hacían unos amuletos negros, uno muñequitos, y entonces ellos me los mostraban pero no dejaban que yo los cogiera, decían “vea, este el negro José, vea, el negro José, vea, pa cargarlo”, y hacían esos amuleticos y se los ponían como collar, aquí, y eso era una felicidad para ellos cargar esos muñequitos, y al otro día se preguntaban el uno al otro qué hiciste el negro José, que no se cuenta, eso era un revuelto, y cantaban mucho también era este..., “y una nube de tu memoria me borre a mí“, ese lo cantaban mucho, lo ha oído?, y yo les cantaba, “decirte quiero, decir amor no significa nada, las palabras sinceras las que tienen valor son las que salen del alma, y en mi alma nacen solo palabras blancas, preguntas sin respuesta, llenas de esperanza, un amor como el mío no se puede acabar ni estando lejos de olvido, un amor como el mío no se puede ahogar..”, ese, ese, usted lo ha oído?, a tu recuerdo, de los Ángeles negros, un minuto de tu amor, también se los deje grabado allá, “un minuto de tu amor, un siglo de dolor”, ese es de los Ángeles Negros o de los Galos (14) o algo así, “échame a mí la culpa de lo que pase, cúbrete tú la espalda con mi dolor, y allá en el otro mundo en vez de infierno encuentres en vez de gloria, y una nube de tu memoria me borre a mi”, ese era el disco que ellos cantaban mucho.

 

Bueno, esa noche, como le digo, le echaron candao a la puerta...  Bueno, esa noche, vuelvo y lo repito, esto yo lo juro y lo digo ante la Biblia, porque esto fue verdad, si ellos quieren que la gente les diga la verdad, ellos también pueden decirla, entonces esa noche me le echaron candao a la reja, ni tampoco pues me llamaron como acostumbraban, que me llamaban y me daban tintico y se ponían a charlar, ellos tenían una guitarrita ahí, a tocar  y charlar, bueno, esa noche llego el tipo ese que le digo que era el malaclasudo, ese tipo que siempre daba respeto, llegó y me dijo, estaba borracho, llego y me dijo, y tenia una pistola, y sacó esa pistola así, y se quedaba pensativo ahí en la reja, y llegó y me dijo, mañana usted tendrá los deseos más grandes del mundo, entonces, yo ni le hice caso, porque que deseos más grandes va a tener uno, uno sin plata ni nada, como se dice, nadie le para bolas, entonces, seguro, ya me van a mandar otra vez para Colombia.

 

Bueno, al otro día, yo le puse mucho cuidao que iba a hacer al otro día, al otro día tenían un charco de sangre ahí..., yo no sabia qué había pasao, y es que  acá quedaban los calabozos y entonces aquí quedaba una reja grande que encerraba todos los calabozos, cada calabozo pues tenia su rejita y ahí salía un patio grande, y de ahí de ese patio, acá al frente quedaba una piecita que era pa ellos, y acá en este lado, que era donde ellos se mantenía, tenían como un calentadorcito, bueno, entonces me pusieron a limpiar esa sangre, yo hasta no quise, porque yo, yo soy muy alérgico a la sangre, a mi me da mucho miedo la sangre, entonces ellos casi ni me obligaron a eso (15), bueno, como le digo aquí quedan los calabozos, aquí quedan las rejas, y aquí hay una o dos escalitas que baja uno, aquí entra las escalas  que suben pa arriba pá los pisos, acá viene un corredor que va para allá, muy grande eso es grandísimo, y aquí queda la entrada que da al parqueadero que es un callejón así ahí sale uno, y por acá queda la puerta principal que es por donde ellos entran y se aborda la calle, y al frente de esa queda el restaurante que es donde a veces ellos me llevaban a comer. Ellos acostumbraban a ir a el Peldeuec, que es una parte donde ellos van a ensayar tiro, ellos lo llaman el Peldeuec, y ellos hacían una sopa de vino y me traían a mí, pero muy buena les quedaba, la hacían con puro vino, muy sabrosa les quedaba..., es que el vino allá, haga de cuenta como la arepa aquí, eso allá se lo toman con todo, el vino allá es haga de cuenta como en el Brasil la fariña que sacan de la yuca, claro que también tienen una fariña mas fina que sacan del maíz, bueno, el vino lo utilizan en todo, se van a comer una cosa, con vino, el vino que más les gusta es el Concha de Toro, y unas totumas que hacen así de chicha, también les gusta mucho; en vez de tomarse una gaseosa, vino,  o la chicha esa,

 

Bueno, ya pasó eso, yo era por ahí, como, siempre le entra a uno como una especie de psicosis, no?, como en expectativa, antes, anteriormente, en los otros días, también habían ido unos veinte o treinta, de esa gente que esta estudiando para altos mandos, vestidos como oficiales del ejercito, eran vestidos con unos sacos rojos, y todo eso,  no sé si habían ido a ver los calabozos o a verme a mi, pero en todo caso por ahí andaban y también me preguntaban cosas (16), y yo no sé a que fueron., pero era un poco, días antes, bueno, al ratico, entró otra vez como a la hora más o menos, entró otra vez el malaclasudo ese, le trajeron una bandeja, se puso a comer, se comió como dos o tres cositas y de ahí salió y me dijo, esto es uno de los deseos suyos: coma en bandeja de plata, era el que siempre me salía con eso, y será que este man está loco o qué, ese es uno de los deseos suyos, coma en bandeja de plata, va usted a comer en bandeja de plata, la bandeja de plata si, buena comida, bueno, el se comió como dos o tres cositas ahí, y yo taque taque, me la comí también.

 

Bueno, ahí fue pasando, cuando después le dio como, digo yo como la loquera, entonces me llevaron a la puerta donde le digo, a la puerta principal y me pusieron un revolver al cinto, con balas y todo, y empezaron a caminar conmigo por todas partes, por los calabozos, y llevaron un poco de muchachas, señoritas que están escribiendo en máquina, pues, que vean que el negro José, que yo no sé que (17), ahí fue donde me llevaron  allá a la parte de adelante, ahí fue cuando me mostraron la cárcel del general Maquena, y me llevaron por allá a unas partes que se dice que es donde torturaban la gente, unas cosas así como unos grifos, que le ponían a la gente, y el man me explicaba que vea aquí se pone la gente, se le pone corriente y se les hace confesar la gente y  bueno, un poco de cosas ahí, y me iban contando (18), bueno, estábamos en esa cosa, cuando en esas sonó la alarma y ahí me dejaron solo, yo todo achapao ahí, y me dejaron solo  corrían para un lado y corrían para el otro, y eso se volvió un enredo ahí, y yo supe por donde era el camino pa los calabozos y yo me fui viniendo achantao,  porque ahora verá que me confunden con algún otro malo que ande por aquí, esta gente no me conoce a mi, y después de todo yo soy negro y   de pronto vienen y me confunden y dicen que yo soy un guerrillero o una persona mala y me matan de una, y no, yo llegue al calabozo y me metí, y al ratico ya pasó otra vez eso (19). 

 

Bueno, mas adelantico, ya no fue otra vez el maloso ese que me dijo, sino que llegó otro soldado, y me dijo vea: este es uno de los deseos que usted va a recibir, esta cajita es una bomba atómica, vamos a subirla, usted va a tocar una bomba atómica, no sé porque ellos harían eso, eso es lo que yo no me explico, bueno, vamos y cogimos y yo les ayudaba y cogimos para arriba, porque las escalas eran pa arriba, había hasta un señor que le gustaba mucho conversar conmigo, que él había estado aquí en Colombia, y  que le gustaba mucho tocar la guitarra, que era muy aficionado a tocar la guitarra y todo eso, bueno, ahí subimos con esa cosa pa arriba, alla arriba llegamos como a  unos computadores, a unas cosas así con unos cables, a unas máquinas y ahí tan, acomodamos eso y otra vez para el calabozo (20).

 

Bueno, a mí ya me habían dado el papelito ese que le digo, bueno, ya bajamos otra vez ahí, y ya pues bajaba yo ahí normalmente, a sentarme a pensar cuando volvieron y me llamaron, me dijeron, ahí si me dijeron, vea, ahí esta mi mayor Camacho, es mayor del ejercito chileno, usted esta recibiendo  los deseos más grandes, sepa, mira bien lo que usted está recibiendo, entonces me sentaron ahí en el escritorio que estaba aquí, y ahí fue donde me dieron a leer, según ellos, es un libro que nadie puede leer, el libro sagrado de ellos, ahí fue donde yo leí como fue la guerra del Perú, que era lo que hacían y todas esas cosas, y como atacaron, pues, el pedacito que yo alcance a leer, era un libro grande, el libro rojo de Chile, bueno, entonces yo quisiera como que este libro saliera... yo leí entonces eso un ratico, estaba yo entretenido... yo lo hojee, y me entretuve más en la guerra del Perú de Velasco Alvarado y ahí decía como fue que atacaron a Lima, y decía que la guerra contra el Perú más que todo había sido porque ellos querían acabar con la raza negra, y entonces que ellos ya viendo eso, entraron a salvar eso, entonces ya le metieron tanques  y toda esa cosa, y bueno, se tomaron al Perú (21).

 

Eso fue una guerra bastante tremenda, yo la viví, imagine que al principio no había ni toque de queda, nada, eso era bala corrida  por todas partes, usted por ejemplo aquí, no oía sino que tatata ta t tata ta ta tatatatata pum pum pum tatatata, por todas partes, no es como por ejemplo aquí que usted oye que plum plum plum tatata, una balacera por ahí que mataron dos o tres, no eso no, eso era corrido todo el día y toda la noche eso no paraba eso era corrido corrido corrido, ya cuando entraron  según ellos entraron allá los chilenos, fue cuando empezó a cesar un poquito eso  y entró el toque de queda, el toque de queda no era sino una hora, no tenia sino una hora, a las once de la mañana, salía a las once de la mañana, compraba lo que fuera y pum para la casa otra vez. Todo el día encerrados, salió a las once y listo y otra vez a encerrarse. Como lo estoy leyendo en el libro me estoy recordando de lo que paso atrás cuando andaba por el Perú, pero yo estoy en Chile, ¿ya me entendió?

 

Ya llegó uno y me dijo, vea, mi mayor Camacho quiere que usted ante esas niñas que están ahí, había como, pongámosle para no exagerar, por ahí unas cien muchachas, más o menos,  entonces a mí me dijeron, mi mayor Camacho quiera que usted elija una de ellas y ella será su esposa. Ahí fue donde yo me llené de terror de miedo, yo no sé que me pasó, me corrió como un escalofrió porque yo pensé que me iban a dar el ultimo deseo, que me iban a dar una mujer..., no sé a mi me corrió ese escalofrió y se me entraron pensamientos que a mi me iban a dar una mujer, que yo estuviera con una mujer y al hueco... (22) —hace un gesto como quien dice estoy muerto— entonces como usted sabe aquí estaba la puerta, eso era una reja grande, aquí queda la puerta, aquí queda una escala y allí otra escalita y las mujeres estaba todas allá abajo, Yo no quise aceptar la cosa como muy seria y seguí ahí con mi risita toda..., pero por dentro yo estaba con el pensamiento en función, ya tenia todo pues, a pensar, uno piensa muchas cosas, y todavía mi mayor ahí sentado en una banca, todo ese poco de muchachas y esta gente diciéndome que eligiera  una de esas muchachas y que sería mi esposa (23). Yo, realmente yo sudaba, yo digo que, esto es como si lo cogieran a uno, como cuando en el Brasil me apuntaron a mi con los fusiles y me fusilaron, no, yo fue una concentración, yo me concentré y lo que decía era señor de los milagros, señor de los milagros, yo no decía siquiera señor de los milagros sálvame, sino que yo decía era señor de los milagros, señor de los milagros, señor de los milagros, así.  Pero aquí ya me entró fue, algo así, como hagamos de cuenta como cuando uno se gana la lotería, una cosa rara, bueno, en ese momento, en ese mismo momento me recuerdo yo bien que ese mismo soldado me dijo, sonaba como un helicóptero encima, yo  no sé hasta dónde sería la verdad, pero según ellos era uno de los deseos que a mi me estaban dando, entonces me dijo, vea el que esta volando aquí encima de usted es el presidente Pinochet y en este momento ha dictado algo muy grande en el mundo, y es la de salvar a mas de cien mil  allendistas y entre ellos esta usted, hoy dicto el presidente Pinochet el día del perdón..., no sé hasta donde llegaría la verdad, ¿no cierto?, bueno, entonces ya vi que la cosa era como, el tipo me acosaba para que me parara ahí delante de las muchachas, no sé, entonces ya me paré, hasta me acuerdo que yo me cogí así de las rejas, yo sudaba, entonces, no sé, si yo hubiera dicho, si yo hubiera dicho vea aquella me gusta, de pronto había sido verdad y me la habían dado, pero yo lo que dije fue, yo lo que quiero es que las armadas tengan un poquito de bondad y me manden al África, entonces mi mayor se paró como un resorte, porque yo lo vi, se paró como un resorte y entonces me dijo, para el África no lo mandamos porque se nos pierde, no podemos darle ese deseo —Benjamín tiene los ojos llorosos por la emoción del recuerdo—, entonces, no sé  —no puede continuar porque la emoción lo ahoga— (suspendemos un momento y voy por un pañuelo de papel).

 

Todas las muchachas me miraban, una mirada atenta, todas me miraban, perplejas de mi y, no sé, yo en ese momento reventé fue en un sollozo, a llorar... no sé por qué, entonces mi mayor me dijo, mañana tempranito estará usted en Bogotá y vamos a ver qué recibimiento le hacen a usted.

 

Al otro día, muy de madrugadita ya esta montado en un lanchile, me llevó un soldado, me llevó hasta las escalas, me subió al landchile, y me subió y entonces, ahí me dijo, usted no ha estado detenido, mire, despídase de la gente, que la gente quiere  que usted se despida de ellos, yo no sé, no me despedí, sino que subí y me senté. Ahí venia otro muchacho que lo traían deportado, ese muchacho entró esa noche, colombiano también, y me trajeron aquí a Bogota y en Bogota me tuvieron detenido en la modelo como dos o tres días (24). Bueno, y de ahí me soltaron. Y eso hace que no volví a molestar con eso (se refiere a que no volvió a salir).

 

Ya aquí me dediqué fue a trabajar, yo volví a salir, pero no ya con esas intenciones, yo me fui para Panamá, estuve en Panamá e iba para irme para Estados Unidos (25), estuve en Panamá y de Panamá me deportaron, me mandaron para Cartagena, y... me mandaron por mar. Pero yo ya no iba en esas intenciones de seguirle pues al libro, ni esas cosas, yo veía que como que el libro lo había completado, y tampoco ya no seguí tampoco con la política. Me puse fue a trabajar, a hacer una cosa, otra, a trabajar. Bueno, ya, la ciudad que yo más había andado, primero me fui para la costa, a mi me gustaba la costa, por el mar, pero en la costa no pude vivir por el calor, entonces me gusto más Medellín y me vine para acá, ya me conseguí por ahí..., ya vine aquí y empecé yo..., que no tenia con que trabajar, entonces andaba por ahí y me tocaba esa vaina de ahí del pedrero, y esas cosas por ahí en el pedrero, revolcándome (26) y le ayudaba a la gente a cargar mercado, a hacer una cosa y la otra, precisamente hasta me quedé aterrao que el día que llegué yo ahí al pedrero, pasó un helicóptero, uno de esos helicópteros que no los tiene sino la INTERPOL que es de doble hélice, y nunca jamás los volví a ver, de esos de doble hélice, de esos no hay aquí, cierto?, yo no los he llegado a ver aquí, tiene hélice aquí adelante y hélice aquí atrás, de esos que utilizan para la guerra (27).

 

Bueno, y empecé yo, y les pedí por ahí a unos muchachos y me hice a una cajita de embolar y empecé por ahí a pedirle a esos muchachos que me colaboraran , a que me regalaran un poquito de betún, la gente decía que yo era para fumármelo en mariguana, que yo era para tirármelo en vicio, que yo no sé qué, que me tiraba la plata en vicio, que, que , bueno, la gente no me quería ayudar, hasta que me fui por allí por, que existía ese parquecito por allí arriba por debajo del metro, donde esta ahora la estación del metro, ahí había unos lustrabotas y les dije hombre regálenme un poquito de betún, entonces un muchacho, un pelaito, cogió y me regaló un poquito de betún café, yo me acuerdo que arranqué y me regaló también unos cepillitos chiquitos, entonces por ahí vi un señor tomando en un bar de esos y me dijo que lo lustrara, los zapatos eran negros y yo le eché betún café, me pagó y con eso me hice a la cajita de betún negro, por ahí surtí la cajita de betunes y me fui yendo, yo vendía mucho para los lados de Santamaría, a mi me cogió mucho mucha buena voluntad por los lados de Santamaría, y entonces ya empecé a trabajar por allá, y surtí bien la caja de betunes, bien surtidita  y de ahí me hice a una cajita de cigarrillos y como le dije yo la otra vez, le caí muy bien a esos choferes de Guayabal la Raya, entonces ya me pusieron al hilo para manejar bus, un señor al que le decían cabeza e clavo, y este señor me puso al hilo a manejar bus y toda esa vaina, y un día llegó un jefe de rutas y me dio el permiso así, me dijo tenga y vaya, arranque para que vea cómo es la cosa, y ese día cogí ese bus del parqueadero y sacándolo del..., me lo entregó el dueño del bus, y sacándolo para cuadrarlo y salir el otro día a trabajar, ese día lo choqué, le arranqué todo el bomper, el guardabarros, le hice un daño impresionante..., bueno, ya me fui todo triste, yo dije aquí ya se perdieron todas las esperanzas de algo..., bueno, cuando iba yo por ahí, por ahí abajo por la glorieta de Cristo Rey, cuando salió otra vez el jefe de rutas, Samuel, hombre, qué le pasó, hombre vea, yo le dañé el carro a ese señor, hombre esas no son penas, venga que yo otra vez lo cuadro, bueno, me fui otra vez con él, ya llegué yo allí allá y me dieron el 77, de un señor Ulises, ese carro lo manejé por tres días, a los tres días se me subió ese señor Ulises y me dijo usted no maneja bien el carro, vea me va a acabar el carro, y ahí mismo me lo quitó, entonces yo dije, no aquí no hay ya nada que hacer, entonces me dijo Samuel, no, venga, venga, que nosotros le ayudamos, y bueno entonces me llevaron allá donde el gerente, en ese entonces era gerente de la Santamaría y de la Guayabal, el fue gerente de la Santamaría, de la Guayabal y de la Caldas, Jorge Pareja, entonces Jorge Pareja me dio..., me dijo vea pásese a Santamaría, pregunte por el niño y le dice al niño que va de parte mía, que le entregue el 131, y ahí mismo me lo entregaron. En ese carro dure como un año, un año completico, y ahí empecé a manejar otro carro, ya me fui parando, me hice a la casita, y ya tengo el carrito ahí. Aquí vivo con mi señora y mis tres hijos, el mayorcito tiene seis años, los va a completar,..., uy entonces usted como ve el librito, hombre que pena con usted... —esas no son penas, Benjamín—

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Señores doctores de la ley, se les saluda muy cordialmente, con todo respeto que vosotros merecéis se les quiere decir lo siguiente, esperando que estas palabras no os incomoden en ningún momento porque son palabras de muy buenas intenciones referentes a la problemática colombiana. Se les dice que por favor, la inteligencia de vosotros no tome estas palabras por ningún mal, ya que estas palabras son con la mayor formalidad que se les puede decir a vosotros tan respetuosas personalidades. Señores presidentes, señores concejales, señores diputados, señores alcaldes, señores gobernadores, señores empresarios, señores alta oligarquía quiero y quisiera ya que por la televisión ustedes piden que participemos en ente proceso de paz con consejos o algo que pueda ayudarles a ustedes en este proceso de paz, quiero decirles lo siguiente: primero que todo, pongámosle un poquito de música a esto, una cancioncita sería bueno: “vuelo alto, vuelo bajo ........???? porque siempre te envidiamos al oírte .....???, yo seré el tarado juego te daré un impulso nuevo, que lo lleve hacia aquel alto oh, tiempo de  libertad, oh la libertad”. “Donde brille el tibio sol, etc.”. Desiderata dice “se sincero contigo mismo” y Napoleón decía que “el hombre es como un cerdo, le tiro oro y hacia donde quiera lo conduzco”. Nosotros los seres vivientes siempre queremos el dinero, luchamos, trabajamos, hacemos lo más imposible por conseguir el dinero.  Muchas veces esto es lo que pasa con ustedes, luchan hablan, y la verdad es que en el fondo de la mentalidad de ustedes lo que existe es el miedo. Yo no puedo creer que ustedes estén pidiendo la paz porque lo más importante en una casa para que haya un buen padre y una buena familia tiene que existir un buen padre.

 

PREGUNTAS

 

(1)     ¿Cómo es la historia de la lancha? ¿De quién era? ¿Quién era el muchacho? ¿Cómo terminó en la casa del policía?

(2)     ¿Cómo es Lima?

(3)     ¿Cómo son Quito y Guayaquil? ¿Qué sentía cuando llegaba a una capital? ¿Qué hacía?

(4)     ¿Estuvo enamorado de la monita?

(5)     ¿Pero fueron novios? ¿Y que pensaba la familia? ¿Cómo era la casa?

(6)     ¿Cómo se hicieron amigos?

(7)     ¿Dónde era la casa? ¿Cómo era la familia? Describa a todos los miembros.

(8)     ¿Por qué sigue hablando de Arica?

(9)     ¿Usted también comía hongos allí?

(10)  ¿Usted vio películas de vaqueros? ¿Así era de rápido?

(11)  ¿Quién era el entrenador? ¿A quién se le ocurrió que entrenara? ¿Ha visto películas de boxeo? ¿Usted entrenaba artes marciales?

(12)  ¿Usted no ha pensado por qué hacían eso? ¿Querían que usted trabajara con ellos?

(13)  ¿Cómo sabe que eran gitanos?

(14)  ¿Cuál es el grupo de música que más le gusta? ¿Cuál su música preferida? ¿Su canción?

(15)  ¿Pero la limpió?

(16)  ¿Qué le preguntaban?

(17)  ¿Qué decían a las muchachas? ¿Eran secretarias?

(18)  Describa mejor la cosa. ¿Era en un sótano? ¿Por qué torturaban a la gente?

(19)  ¿Qué le dijeron cuando lo armaron?

(20)  Hable sobre el señor de la guitarra. ¿Quién era? ¿Cantaban juntos?

(21)  ¿Cómo era el libro? ¿Qué decía?

(22)  ¿Por qué pensó eso?

(23)  ¿No eran las mismas muchachas que había visto cuando estaba armado?

(24)  Hable de la modelo. ¿Cómo fue esa experiencia? ¿Le preguntaron por qué estaba ahí? ¿Les habló a los presos del libro? ¿Con quién habló del libro en los viajes? ¿Con los militares? ¿Con todo el mundo? ¿Hubo gente que lo alentó a escribir el libro?

(25)  ¿Qué pensaba hacer allà?

(26)  ¿Cómo así que revolcándome?

(27)  ¿Usted cree que lo vigilaban, que lo siguieron?

 

 

 

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